miércoles, 19 de agosto de 2015

Enanitos Verdes: Reloj, no marques las horas

Foto: Fernando Aceves / Colección Auditorio Nacional

19 de agosto, 2015 / Función única / 2:10 hrs. de duración / 
Promotor: OCESA Promotora, S.A de C.V.

Alejandro González Castillo
“La canción que estamos a punto de tocar nos trajo por vez primera a este país. Y no voy a negarlo, los ochenta fueron geniales, pero la versión que vamos a hacer a continuación es la mejor que nunca antes escucharon”. Marciano Cantero se refiere a “La muralla verde”, el sencillo extraído del álbum con el cual él y sus Enanitos Verdes debutaron en México (Contrarreloj, 1986) y que los llevaría a estacionarse en la punta de las listas de éxitos por una buena temporada.


Ausente de matices, pleno de distorsión y poseedor de un pulso agreste, el tema de marras sonorizó los días en los cuales los rostros de los asistentes a esta velada lucían plagados de acné, así que la ovación ante el derrumbe del muro verdoso parece provenir de un aula desbordada de adolescentes que, de pronto, se ha dejado crecer las canas y la corbata. 

Pero no sólo los escuchas han confrontado el paso del tiempo; para llegar a esta noche, Cantero y Felipe Staiti esquivaron obstáculos que de tan aparatosos tumbaron a otros grupos pertenecientes a una camada de músicos cobijados por la marca Rock en tu idioma. En su andar, la dupla probó suerte con diversos tecladistas y a últimas fechas prescindió del talento de Daniel Piccolo para sustituir su prestancia en la batería por el ritmo de Jota Morelli. Finalmente, el dúo sobrevivió a diversas modas musicales gracias a que la personalidad de sus composiciones no se estancó en las aguas del pop de treinta años atrás, sino que decidió ubicarse en un sitio entre los territorios sonoros de Hombres G, Foo Fighters y Steve Vai; por la inocencia de sus melodías vocales, la aspereza de sus acordes y la ejecución pirotécnica de Staiti, respectivamente.
Tic tac es el álbum más reciente del trío, un disco de título elocuente si se recuerda su ya mencionado primer plato lanzado en Latinoamérica, el cual también hacía referencia a las manecillas de la máquina del tiempo que, cual grillete, hoy les sujeta la muñeca a los espectadores. Con dicha obra como pretexto, arremangados y con el saco descansando en la butaca, los presentes atienden atentos “Cocktail”, “No me dejes” y “Besos violentos”, temas de reciente manufactura que son tan bien recibidos como aquéllos que ganaron renombre tras ser repetidos sin receso a lo largo de décadas, como “Cada vez que digo adiós”, “Eterna soledad” y “Tus viejas cartas”. Y a lo largo de este recorrido los músicos sólo echan mano de bajo, batería, guitarra y voz; es decir, diez cuerdas, dos amplificadores y cinco tambores; austeridad instrumental que hace juego con el atuendo de los tres ejecutantes, quienes han salido al escenario como aquél que acude a la miscelánea a comprar una cajetilla de cigarros.
 
Foto: Fernando Aceves / Colección Auditorio Nacional
Luego de recordar a Gustavo Cerati, Rodrigo González y Luis Alberto Spinetta, Marciano, Felipe y Jota llaman a Sax (Maldita Vecindad y los Hijos del Quinto Patio) para interpretar juntos “Guitarras blancas”, el aviso puntual de que el momento álgido del show está por llegar. Y precisamente así sucede, pues los aires andinos de “Lamento boliviano” y los lastimeros versos de “Mi primer día sin ti” son los que toman su turno. A continuación, el público suelta las últimas palmas de la cita, agradecido tras celebrar el encuentro entre El Buki y los Rolling Stones gracias a “Tu cárcel” y “Luz de día” (con “Miss You” de por medio) mientras un “Tequila” raspa sus entrañas. Al final, con la cintura crujiente y los pies hechos añicos por la euforia, sólo resta despedirse del foro como si el segundero anduviera al revés, entonando un grito de batalla que, allá en los ochenta, hizo que cada uno de los asistentes se anunciara como un forajido indomable en el salón de clases: “por favor, déjennos bailar”.

Ruta de gigantes 
Fue en Mendoza, Argentina, donde en 1979 los Enanitos Verdes comenzaron su camino musical. Su formación seminal incluía a Marciano Cantero, Felipe Staiti y Daniel Piccolo, a quienes más tarde se unirían Sergio Embroni y Tito Dávila para grabar juntos, con la ayuda del sello independiente Mordisco, el álbum debut del combo, de título homónimo.
Tras la partida de Embroni y ya instalado en Buenos Aires, el cuarteto firmaría contrato con un sello multinacional para así poner a la venta el disco que lo llevaría a ser conocido en toda Latinoamérica, Contrarreloj. Quien se encargó de la producción de la decena de temas que integran la obra fue nada menos que Andrés Calamaro, quien además sumó coros y teclados a dichas composiciones. (A.G.C.)

Programa
Besos violentos / Cordillera / Cada vez que digo adiós / No me dejes caer / Cocktail / Francés limón / Indulgente / Mariposas / Pinceladas / Eterna soledad / La muralla verde / No me verás / Yo te vi en un tren / Metro Balderas / Tus viejas cartas / Mayer / Amores lejanos / Tequila / Luz de día / Tu cárcel / Guitarras blancas / Lamento boliviano / Mi primer día sin ti / Ay Dolores / Mejor no hablemos de amor / Dale Pascual. 




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