miércoles, 29 de julio de 2015

Yelle: Paraíso donde se habla francés


Foto: Fernando Aceves / Colección Auditorio Nacional

29 de julio, 2015 / Función única / 1:25 hrs. de duración /
 Promotor: Silvia Ilse Briones Pérez 

David Cortés
“¿Listos para bailar?”, pregunta la francesa Yelle; la respuesta es lógica y predecible. Llevan cinco minutos en el escenario y los tres arrancan con todo su poderío. Con un ritmo devastador, una mezcla en donde se empalma la electrónica con los sonidos orgánicos de las baterías, el inicio es dinamita. Grand Marnier a la derecha y Kiki a la izquierda, revientan los tambores, exploran y explotan los ritmos tribales y, con movimientos bien sincronizados, llevan a cabo una espectacular coreografía que saca al primitivo que todos llevamos dentro, muy escondido, pero sale al primer beat.


Yelle, la cantante, en realidad se llama Julie Budet —originalmente se hizo llamar Yell, en el camino añadió una letra y el apelativo pasó a formar la denominación del grupo, para luego generar una simbiosis con su persona—; se sabe hermosa, pero su principal atractivo radica en la voz y en el charm, en esa calidez que desprende, ese carisma que arroba y seduce a más de uno. La premisa del trío es un trabajo sin complicaciones y se funda en un principio esencial: “Nos gusta hacer a la gente bailar y sabemos que algunos vienen a nuestros shows para bailar y pasar un buen rato”·.

Efectivamente, los presentes están aquí para danzar hasta desfallecer, brincar y agitarse con los sonidos de synth pop que el trío ha pedido prestados a Daft Punk y que fusionan con la herencia de la eurodisco; Yelle sobre el escenario es una especie de Depeche Mode del nuevo siglo, aunque un poco más rítmico y con menos pretensiones.
Grand Marnier y Tiki, los fieles escoltas, disparan desde la batería los sampleos, una gama de sonidos sintéticos y sintetizados que la llevan a preguntar en español: “México, ¿saben mover las caderas? Show me, don’t be shy”. Si un sonido contagioso, burbujeante y dinámico es suficiente para envolver a los asistentes y conducirlos al frenesí, las habilidades de Yelle como comunicadora son envidiables. Constantemente exhorta al público a brincar, levantar las manos, cantar, hacer coros; en el fondo, Marnier y Kiki la secundan, se paran tras de sus baterías y no hay movimiento que no esté calculado, perfectamente coreografiado y con resultados visiblemente espectaculares.
 
Foto: Fernando Aceves / Colección Auditorio Nacional
Luego de tres álbumes, Yelle ha establecido una fiel cauda de seguidores, mismos que ahora le piden más, pero que también se ven y saben exhaustos. Mayor movimiento sería atentar contra sí mismos, pero las noches en la disco son para eso, para llegar al límite, más si se hace de la mano de una guapa chica que voluptuosamente canta en francés y nos traslada a una región semejante al paraíso.

Programa
Unillusion / Comme un enfant - La musique / Ba$$in / Je veaux te voir - L’amour parfait / Dire qu’on vas tous mourir / Bouquet final / Jeune fille garnement / Que veux tu / Coca sans bulles / A cause des garçons / Florence en Italie / Toho - Safari / S’éteint le soleil / Tristesse-Joie / Complètement fou.




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