miércoles, 1 de julio de 2015

West Side Story: Amor, racismo y música sin barreras

Foto: Fernando Aceves / Colección Auditorio Nacional


Proyección de la película West Side Story, musicalizada en vivo. Alondra de la Parra dirige a la Orquesta Filarmónica de las Américas / 
1 de julio, 2015 / Función única / 3:00 hrs. de duración / Promotor: FUAAN – Alondra de la Parra.

Fernando Figueroa
Las inolvidables comedias musicales alcanzan ese rango gracias a que condensan el talento de varios creadores. Y cuando uno de esos equipos está encabezado por un genio del tamaño de Leonard Bernstein (1918-1990), el resultado es una obra maestra que —luego de más de medio siglo— sigue en el candelero. Tal es el caso de West Side Story, que en su versión fílmica se ve y escucha esta noche con música en vivo.

En pantalla gigante de alta definición se proyecta, con subtítulos en español, la cinta dirigida en 1961 por Robert Wise y Jerome Robins, que en 2011 fue remasterizada por la compañía Metro-Goldwyn-Mayer. Sin embargo, no se trata de una función común y corriente, ya que los elementos orquestales de la banda sonora han sido eliminados previamente con sofisticados recursos tecnológicos, y son ejecutados por casi un centenar de instrumentistas de la Orquesta Filarmónica de las Américas, bajo la batuta de Alondra de la Parra.
Como director de la Orquesta Filarmónica de Nueva York, Bernstein era conocido por la vehemencia y explosividad de su batuta, y al componer la música de West Side Story dio una muestra irrefutable de su poder creativo y versatilidad; en ella hay elementos de ópera, opereta, jazz más cercano al bebop que al de las big bands, mambo, vodevil y hasta canciones bávaras.
En entrevistas previas, De la Parra comentó que West Side Story le cambió la vida desde que era niña: “Soñaba con la música y con los bailes”. Al paso de los años volvió a ver la película con frecuencia y comprendió que ahí había una partitura excepcional. Al enterarse de que en Estados Unidos y Europa se había presentado el filme con orquesta en vivo, no dudó en hacer las gestiones necesarias para traer a México este emotivo espectáculo.
Alondra de la Parra trabajó durante un año para que hoy todo vaya sobre ruedas. La versión moderna de Romeo y Julieta cobra vida en las pantallas con sus diálogos, cantos y sonidos incidentales de origen. En los pasajes donde la orquesta participa, priva una ejecución vigorosa, con sincronía perfecta, que expande el goce de quienes agotaron las localidades. Se trata de un banquete para cinéfilos y melómanos que enchina la piel hasta de quienes no son afectos al teatro musical.
En septiembre de 1957, West Side Story se estrenó en el teatro Winter Garden de Broadway, y cuatro años después su versión cinematográfica obtuvo diez premios Óscar, incluyendo mejor película, dirección, sonido, banda sonora de un musical, uno especial por coreografía y dos más para los actores de reparto (George Chakiris y Rita Moreno). A Natalie Wood no le dieron la presea como mejor actriz porque en 1961 ella competía en ese rubro por su trabajo en Esplendor en la hierba, y la triunfadora fue Sofía Loren por Dos mujeres.
Sin demeritar el gran desempeño de Chakiris (Bernardo) y Rita Moreno (Anita), Natalie Wood llena la pantalla como sólo un puñado de actrices lo han logrado en la historia del cine. Ella es María, una bella joven que vive en un barrio marginal de Nueva York, hija de inmigrantes puertorriqueños y hermana de Bernardo, quien lidera a una pandilla de jóvenes sin oficio ni beneficio.
Tony (Richard Beymer) es de origen caucásico y lucha con denuedo por conservar su empleo, aunque en el pasado también formó parte de una banda de malandrines. María y Tony pertenecen a dos mundos opuestos, igual que los personajes de Shakespeare, y su destino es amarse con intensidad porque el drama espera a la vuelta de la esquina.
La marginación y el odio racial combinados son un cóctel explosivo. Los Jets consideran que “los Sharks apestan”, y viceversa. María y Tony se conocen en una fiesta donde los bailes son peleas; el flechazo es instantáneo y sus figuras se aíslan de un entorno violento que acabará por tragarlos. El oficial Krupke (William Bramley) representa a la ley y el orden de un sistema en el que no hay alternativas para los muchachos de clases bajas. El libreto teatral de Arthur Laurents condensa ese submundo y el guión de Ernest Lehman también lo plasma en calles reales y simuladas de Manhattan.
 
Foto: Fernando Aceves / Colección Auditorio Nacional
Se dice que West Side Story son dos películas en una: la que cuenta la anécdota de un amor imposible con violencia social, y la otra que contiene música, canciones y estupendas coreografías. A eso hay que agregar ahora una gran orquesta en vivo y el resultado es un show multimedia que, además, incluye un encore, cortesía de Alondra de la Parra, quien solicita que la gente se pare a bailar “Mambo”, la pieza más alegre de un musical que nadie de los aquí reunidos podrá borrar de su mente.

Bernstein y compañía
Leonard Bernstein creó la música del espectáculo teatral West Side Story y las letras de las canciones estuvieron a cargo de Stephen Sondheim. La orquestación corrió a cargo de Bernstein, Sid Ramin e Irwin Kostal; los dos últimos se encargaron de adaptar la partitura para la versión fílmica pues el compositor tenía una agenda de trabajo muy apretada.
A Garth Edwin Sunderland le correspondió la supervisión musical y orquestación de West Side Story con instrumentistas en vivo, que se estrenó en junio de 2011, en Los Ángeles, con la Filarmónica de esa ciudad bajo la batuta de David Newman. En el programa de mano, Sunderland explica que su mayor desafío “fue encontrar un balance entre la orquestación original de Bernstein y las modificaciones hechas durante el rodaje”, además de un “laborioso proceso de cotejar la nueva partitura con la banda sonora original de la película”.
Sunderland también incorporó en la partitura la información que los directores de orquesta necesitan para conseguir la sincronía de la música con la película. Asimismo, David Newman creó unos indicadores de color que marcan —en un pequeño monitor montado en el atril del podio— ciertas coordenadas para quienes están al frente de los músicos.
A la Filarmónica de las Américas y Alondra de la Parra les tocó el privilegio de presentar este espectáculo por vez primera en México, y lo han llevado a cabo con los altos estándares que exige The Leonard Bernstein Office, Inc. La proyección cinematográfica es cortesía de Metro-Goldwyn-Mayer. (F.F.)





Related Posts Plugin for WordPress, Blogger...
Se ha producido un error en este gadget.