domingo, 5 de julio de 2015

Livietta y Tracollo: Pleitos con casorio final

Foto: Carlos Alvar / Colección Auditorio Nacional


Temporada de ópera para niños / 5 y 12 de julio, 2015 / Dos funciones / 
1:05 hrs. de duración / Promotor: FUAAN.

Fernando Figueroa
El sonido del clavecín tiene la virtud de transformar una sala de espectáculos en una burbuja mágica donde todo es posible. Su poder hipnótico le otorga verosimilitud a una historia descabellada como la que se narra en la ópera barroca Livietta y Tracollo (La contadina astuta), de Giovanni Battista Pergolesi.


Tracollo es un ladrón de poca monta que tiene varias cuentas pendientes; en el pasado asaltó y medio mató al hermano de Livietta, por lo que ella quiere vengarse. Para conseguir su objetivo le pone una trampa y él cae redondito, error que lo manda sin escalas a la cárcel. El raterillo pide clemencia pero la dama no da su brazo a torcer, incluso trata de seducirla.

El hombre sale de prisión y comprende que se ha enamorado; vuelve a la carga, sin buenos resultados. Si antes se había disfrazado de mujer embarazada para robar, ahora se le ocurre vestirse de astrólogo en su afán de conquista. Luego de mucho estira y afloja, ambos aceptan que su destino es… casarse.
Arpegio Producciones no sabe lo que es dar gato por liebre, así que echa toda la carne al asador y presenta en escena a un grupo de artistas de primera línea. La soprano Denise de Ramery estudió canto en la Escuela Superior de Música del INBA y ha tomado varios cursos de danza, incluso butoh, bagaje que se nota en su desempeño como la simpática Livietta. El barítono Alberto Albarrán (Tracollo) es egresado de la Escuela Nacional de Música de la UNAM y formó parte del Estudio de la Ópera de Bremen, donde deslumbró como Papageno (La flauta mágica) y en el papel principal de Las bodas de Fígaro. También fue parte de la primera generación del Estudio de Ópera de Bellas Artes, y en febrero de 2015 interpretó con buena crítica a Belcore en Elíxir de amor.
Bajo la dirección de Antonio Zúñiga, Ramery y Albarrán interpretan con holgura a Livietta y Tracollo, además de que cuentan con el apoyo del Ensamble Musical Barroco, conformado por dos violines, violonchelo y el bendito clavecín que emite sonidos celestiales. Los niños muy pequeños fijan la atención en un maniquí que acompaña al personaje femenino, mientras que los más grandecitos y los papás leen los subtítulos en español para enterarse de lo que se dice en los diálogos en italiano.
Aunque en la actualidad se le considera como una ópera breve, Livietta y Tracollo (1734) nació como un entreacto (intermezzo). Se trata de una modalidad napolitana que surgió a principios del siglo dieciocho, utilizada para que las óperas serias ya no tuvieran fragmentos cómicos dentro de su estructura. Son el antecedente directo de la ópera bufa.
Pergolesi (1710-1736) también es autor de La criada patrona, El hermano enamorado y Adriano en Siria, entre otras óperas serias y cómicas. Su pieza más famosa es una de corte sacro, Stabat Mater, elogiada en su momento por Bach.
 
Foto: Carlos Alvar / Colección Auditorio Nacional
Hace casi tres siglos, en los intermezzi aparecían por lo regular dos cantantes, imbuidos por personajes de la comedia del arte, y desarrollaban historias tan jocosas como la que esta tarde hace reír a quienes también comen palomitas y toman refrescos. Sin duda, los papás merecen una porra porque este tipo de espectáculos son el mejor abono para un futuro más promisorio.





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