martes, 28 de julio de 2015

La Debla + Marién Luévano: Sangre que vivifica

Foto: Carlos Alvar / Colección Auditorio Nacional


Concierta independencia / 28 de julio, 2015 / Función única / 2: 15 hrs. de duración /
 Promotor: Fideicomiso para el Uso y Aprovechamiento del Auditorio Nacional. 

David Cortés
Pasión, sangre, arrebato; el flamenco convoca esto y más. Arte asociado a lo taurino, en las últimas décadas se ha distanciado un poco de éste —aunque no disociado—, y ganado autonomía para crear un nicho de mercado que le ha permitido alcanzar nuevas audiencias. En el movimiento, como muchas otras músicas, ha perdido pureza, pero ha conseguido más ardor, color.


Hoy, la mexicana Marién Luévano presenta Flamenca, un baile que es su manera de decir danzando, su búsqueda personal de afirmar las cosas y al verla erigirse sobre sus tacones y escuchar su enérgico zapateo, uno se pregunta cuántos movimientos puede llevar a cabo sin repetirse, porque su catálogo de argumentos —gestos, desplantes, giros, elevaciones— se antoja inagotable. Garbo, plasticidad, bravura, confluyen en esta alumna de Mercedes Amaya, Rafaela Campallo y los Farrucos, entre otros, que ahora rompe el aire, lo fragmenta; hace añicos los espacios y mantiene en vilo a los presentes, porque en cada flexión, en cada mirada, hay una historia que se cuenta, una narrativa que toca directamente, arranca suspiros y evoca al duende. Hasta podría pensarse que se está en Sevilla, Cádiz o Granada.

“Sagrado instante fugaz que llena los corazones”, es como define la propia Luévano lo que ella siente cada vez que se presenta en este recinto.
Tal vitalidad, de la cual hace gala el llamado cante jondo, toma otro giro con La Debla, grupo formado en 2007 con artistas de México y España, cuya perspectiva es “revisitar los palos flamencos y enriquecerlos con otros géneros musicales”. Originalmente es un sexteto que en esta ocasión se expande para, de manera generosa, entregar sus versiones de granaínas, seguidillas, tangos y bulerías, la mayoría de ellas cargadas de explosividad.
En algunos instantes, la agrupación nos hace olvidar que estamos frente a un exponente del flamenco, pues su sonido se interna por distintos vericuetos y suena a música del mundo, para luego mimetizarse en un combo de jazz y después mudar para vestirse de folk.
 
Foto: Carlos Alvar / Colección Auditorio Nacional
La fusión es explosiva, los matices que alcanza el octeto realzan el baile de Armando Tovar, quien lejos de competir con la sutileza de Luévano, más bien expresa que es un complemento ideal para ella, tal como se da en el cierre, cuando ambas entidades, en pleno, se unen sobre el escenario para hacer el fin de fiesta y poner candado a una noche más de música andaluza que, poco a poco, se han convertido en una sana costumbre en las instalaciones del Lunario.





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