sábado, 18 de julio de 2015

Farruquito: La raíz de la pureza



Improvisao / 18 de julio, 2015 / Función única / 1:40 hrs. de duración / 
Promotor: Fideicomiso para el Uso y Aprovechamiento del Auditorio Nacional.

Fernando Figueroa
Cuando algo grande va a suceder, casi siempre hay señales previas. Diez minutos antes de que inicie el espectáculo, se respira un aire de gran expectación porque los presentes saben que a Farruquito le ha dado por ir a la raíz del flamenco, es decir, a la improvisación.

El espectáculo se llama Improvisao, palabra que lo dice todo con sólo diez letras. Juan Manuel Fernández Montoya, Farruquito, se ha preparado durante toda su vida para esta gira y este desnudamiento. Llega con un caudal de técnica que impresiona, sí, pero lo que en verdad cala es otra cosa: el sentimiento.

A veces sólo camina y con eso es suficiente para que el Lunario se venga abajo. El taconeo suave o vertiginoso son lo suyo, y no se diga los frenéticos giros de remate, pero también sus manos vuelan y se llevan consigo el cuerpo delgado y atlético que se vislumbra debajo de elegantes trajes, hechos a la medida de un figurón del baile. En un momento dado, el artista se quita el saco y le pega unos derechazos con mucho temple a un toro que cada quien imagina a su modo. 
A cada rato la gente grita “¡ole!” u “¡olé!”, porque hay que decir que en las plazas mexicanas se escucha del primer modo, y en España acentúan la palabra. Eso da una idea de la composición de un público que quiso encontrarse con el duende, y que lo halló en este espacio convertido en una imaginaria embajada de Andalucía en México.
Improvisao no sólo es el baile de Farruquito, pues no surge de la nada. También hay cante (Encarna Anillo, Antonio Zúñiga) y toque (Román Vicenti en la guitarra y Antonio Moreno en percusiones). Los acompañantes podrían hacer un show a solas sin ningún problema, pero lo tienen a él como la joya de la corona que todo mundo quiere ver, y por eso hoy está llena la sala. 
Farruquito es el más fuerte eslabón de una familia dedicada en cuerpo y alma al flamenco. Suele decirse que el origen de la saga se remonta a su abuelo, Antonio Montoya El Farruco, pero la historia viene de más atrás, pues a su bisabuela le llamaron La Farruca, a partir de que ganó un concurso de baile en su pueblo; para participar, ella eligió como palo una farruca y tal acontecimiento marcó un hito que aún perdura. Ese mismo nombre artístico lo usa Rosario Montoya La Farruca, la madre de Farruquito (Juan Manuel) y de Farruco (Antonio, nieto y tocayo del monstruo). Además, Farruquito es hijo del cantaor Juan Fernández Flores El Moreno, así que toda su sangre le exige bailar como lo hace.
En la cinta Flamenco (1995), Carlos Saura plasma simbólicamente el cambio de estafeta. En una escena cumbre, primero aparece El Farruco bailando a solas (con Chocolate en el cante), y luego le cede el terreno a un Farruquito de doce años que ya daba muestras de genialidad.
Luego de un festín por alegrías, tangos, seguiriyas y jaleos, el final llega por bulerías cuando Farruquito invita a María Aliaga y Marién Luévano para decir adiós con una historia de desamor, el ingrediente que no puede faltar en un show flamenco. Aliaga había iniciado la velada exudando clase y sensualidad a raudales, y Luévano estaba como espectadora en una mesa de primera fila, antes de participar en el cierre de una noche para el recuerdo.

Programa
María Aliaga: Contigo en la distancia / María Bonita / Por debajo de la mesa / Farruquito: Improvisaciones / Farruquito, María Aliaga y Marién Luévano: Fin de fiesta.

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