sábado, 11 de julio de 2015

Ely Guerra: El deseo, el placer y la verdad

Foto: Carlos Alvar / Colección Auditorio Nacional

El origen / 11 de julio, 2015 / Función única / 2:00 hrs. de duración / 
Promotor: Fideicomiso para el Uso y Aprovechamiento del Auditorio Nacional.

Alejandro González Castillo
Contra su costumbre, esta noche Ely Guerra ha elegido un vestido holgado y oscuro que deja su hombro derecho al descubierto y apenas permite que sus pantorrillas se asomen. Acompañada por Nicolás Santella al piano, ella sólo tiene un micrófono como arma, así que lo arranca del pedestal y, ayudada por un oleaje de reverberaciones, presume los diversos matices de su voz al ritmo de “Stranger” para terminar de rodillas y con la respiración agitada.


El público escucha atento, en silencio absoluto; “hoy voy a compartirles lo más íntimo de mi corazón”, anuncia la cantante para luego interpretar un tema que alguna vez escribió “un flaquito feo”: “Solamente una vez”.

Un comienzo así de arrebatado conduce a una conclusión: Ely trae algo atorado en el pecho, un sentimiento amoroso que se ve obligada a exorcizar frente a una audiencia que no se cansa de gritarle lo guapa que luce. “Yo no sé ustedes, pero yo sí traigo varias espinitas en el corazón”, admite para después subrayar que tanto ella como sus fans tienen claro que para amar es necesario hacerlo con arrojo desmedido; “hay una conexión perfecta entre ustedes y yo, dudo que aquí estemos ochocientas noventa personas intensas y ciento diez calmadas. No, yo creo que hay mil personas cabronamente intensas. Por eso este concierto está dedicado al deseo, al placer y, sobre todo, a la verdad”.
La nacida en Monterrey confiesa orgullosa que cuenta con cuarentaitrés años de edad, y que cuando va a la playa evita las aguas en calma, pues la marea brava es la que mejor la hace sentir. Congruente, su declaración llega con una lóbrega versión de “El mar” que desemboca en una soleada “Vereda tropical”; entonces la intérprete hace referencia a paisajes exóticos y estimulantes, islas sudamericanas, valles chilenos y costas mexicanas, sitios elegidos para engendrar canciones cuyas rutas, una a una, son repasadas cual caminos de “Lágrimas de agua”, entre recuerdos de parejas distantes y sentimientos lejanos. En su andar, la compositora hace paradas especialmente emotivas cuando revive un viejo estado de plenitud amatoria con los barrocos arreglos de “Quiéreme mucho” y en el momento que tiene lugar una apropiación tanguera de “Júrame”. 
 
Foto: Carlos Alvar / Colección Auditorio Nacional
Es hasta que se ensaya la despedida ante la negación de los espectadores que la autora decide tomar una guitarra y formar un dúo con Santella; “he venido mil veces al Lunario a tocar, pero este lugar me confronta siempre, inevitablemente, porque sé que ustedes quieren escuchar mis canciones muy bien interpretadas”. Así, con el miedo domado y la voz serena, sabedora de que ha satisfecho las exigencias requeridas, Guerra ofrece el adiós definitivo proyectando sus “Ojos claros, labios rosas” y con la promesa de encontrarse pronto con sus confidentes; “los Elys Guerras”, como los apoda cariñosamente.

Programa
Stranger / Solamente una vez / El mar / Vereda tropical / Espinita / ¿Por qué tendría que llorar por ti? / Tu boca / Lágrimas de agua / Mi playa / Colmena / Quiéreme mucho / Júrame / Profundidad / Te amo, I love you / Pa-ra-ti / Ojos claros, labios rosas.





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