domingo, 19 de julio de 2015

Bastián y Bastiana: Los prodigios de Colás

Foto: Fernando Aceves / Colección Auditorio Nacional


Temporada de ópera para niños / 19 y 26 de julio, 2015 / Dos funciones / 1:05 hrs. de duración / 
Promotor: Fideicomiso para el Uso y Aprovechamiento del Auditorio Nacional.

Fernando Figueroa
Wolfang Amadeus Mozart tenía doce años cuando compuso Bastián y Bastiana (1768), una ópera cómica que más de dos siglos después aún hace reír a los afortunados niños y adultos que presencian un montaje tan profesional que raya en la perfección.


Por principio de cuentas, el elenco está conformado por tres figuras que ya quisieran para un domingo en cualquier escenario del planeta: la soprano Irasema Terrazas (Bastiana), el tenor Hugo Colín (Bastián) y el bajo barítono Charles Oppenheim (Colás). Los tres poseen voces magníficas y por eso están colocados en primera fila dentro del mundo de la ópera, pero además son excelentes actores.

Terrazas, Colín y Oppenheim se posesionan a tal grado de sus personajes que en el Lunario todo mundo les cree que son, respectivamente, dos jóvenes enamorados y un mago que les ayuda a consolidar esa relación. Habría que calificarlos a todos con diez en canto e histrionismo, pero a Oppenheim le vendría bien un punto extra por su extraordinaria presencia escénica; se desplaza entre las mesas con tal naturalidad que se gana a los pequeñines en un dos por tres. La música corre a cargo del pianista Isaac Saúl.
No hay una escenografía como tal, pero se sustituye con dibujos animados en movimiento (una calle con autos, bicicletas y perros), y se aprovecha la barra del Lunario como espacio alterno en donde sucede gran parte de la historia. Bastiana se acerca a Colás para que le ayude a reconquistar a Bastián, quien ha estado recibiendo regalos y apapachos de una dama rica; el mago le dice a la muchacha que se comporte de manera frívola, como si tuviera un amor escondido (que le dé picones, pues). También externa un eficaz conjuro a la voz de “Digi daggi shurry murry”.
La receta de Colás funciona de inmediato y entonces Bastián es quien le solicita consejo para no perder al amor de su vida. El muchacho sigue al pie de la letra las indicaciones del brujo, pero Bastiana se hace del rogar un poco más de lo esperado; finalmente, da su brazo a torcer y son felices por el resto de sus vidas.
El libreto en alemán fue escrito por Friedrich Wilhelm Weiskern, Joahnn H. F. Müller y Joahnn Andreas Schachtner, a partir de Les amours de Bastien et Bastienne, de Justine Favart y Harny de Guerville, quienes parodiaron la comedia Le devin du village, de J. J. Rousseau. Originalmente se refiere al amor de dos pastores, pero el director Jaime Matarredona ubica la historia en una urbe contemporánea y añade algunas frases que tropicalizan el texto.
La música del niño Mozart es un ejemplo de inaudita precocidad, y no se diga su capacidad de crear una parodia en la que cada personaje tiene un sello armónico, cualidades que desarrollaría a lo largo de su intensa vida profesional, truncada con la muerte cuando apenas tenía treintaicinco años.
 
Foto: Fernando Aceves / Colección Auditorio Nacional

El lema de Arpegio Producciones es “Transformando con el arte la vida de los niños”. Por eso mismo, la obra de Mozart es un tema recurrente en un repertorio que incluye Don Giovanni, La flauta mágica, Las bodas de Fígaro y Cosi fan tutte.
Sin lugar a dudas, los adultos del mañana recordarán con emoción ciertos domingos al mediodía en el Lunario del Auditorio Nacional.





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