miércoles, 10 de junio de 2015

The Script: El espíritu irlandés



10 de junio, 2015 / Función única / 1:45 hrs. de duración / 
Promotor: OCESA Promotora S. A. de C.V.

David Cortés
Las luces se apagan y corre un video en donde Danny O’Donoghue (teclados, guitarra, voz), Mark Sheehan (guitarra y voz), y Glen Power (batería), integrantes de The Script, caminan hacia el escenario. Sin embargo, quienes arriban son dos músicos de apoyo, mientras de la parte trasera del recinto sale un contingente de banderas verdes que escolta a los tres músicos, quienes desde hace un par de minutos son recibidos con estruendosa gritería.

El grupo irlandés se ha confesado admirador de otra banda de su país, U2. Hoy, hay más de un guiño a ese cuarteto; pero allí donde los gestos de Bono y compañía denotaban protesta y rebeldía, en los anfitriones de esta noche se detiene en el divertimento, en lo lúdico. No obstante, el espíritu de esa pequeña nación de Europa está presente, atraviesa las canciones en los momentos en que aflora el folk, también cuando el cantante ejecuta pasos de baile en donde se advierten rasgos de danza tradicional o bien porque de pronto el frontman se acerca al público y pide un celular. Sólo que en vez de llamar a un presidente, marca al ex novio de una chica y le cantan él, y todo público, un tema.

No falta en este diálogo de embelesamiento entre The Script y sus fans, las demostraciones de afecto para México, que hacen patentes en los continuos discursos de agradecimiento y en esa foto que, con sombrero y playeras de la selección de futbol, se toman los cinco. También a O’Donoghue se le da eso de poner a prueba al cuerpo de seguridad, pues en varios momentos baja a cantar en medio de la gente o sube al balcón para beneplácito de sus acólitas que luchan a brazo partido para estar cerca de él.
La banda sonora es de pop rock muy directo, de pasajes suaves en donde también se cuelan los impulsos del siglo XXI, principalmente en la forma de briznas de hip hop y rap. Sin duda, éste es un condimento importante en las composiciones del trío que, además, establece un balance muy atinado entre la voz principal de O’Donoghue y los coros de Sheehan, aunque habrá varias melodías en las cuales el último tomará la batuta.
No menos vistoso es el papel de Power en la batería, cuyo instrumento se ha colocado al frente para dejar muy claro que entre estos tres la democracia es posible. Él no necesita de exhibiciones impresionantes, pero es solvente; consigue fijar el todo cuando sus compañeros parecen dispersarse un poco para satisfacer las demandas de sus seguidoras e incluso su trabajo es muy destacado cuando se llega a esos pasajes melódicos y muy tranquilos, en donde los tambores se convierten en la guía de la música.
The Script funciona bien porque todavía, a pesar de los años y de cuatro discos en estudio, la química de la unidad como grupo persiste y porque también hay mucha diversión ahí arriba. Tal es la premisa principal de los hijos de Eire, encontrar ese punto que les permita comunicarse con los aquí convocados sin volverse solemnes. Ese gusto al tomar sus instrumentos, al cantar, al agitarse, se transmite a los sonidos que se vuelven más vivos y en ocasiones hasta adquieren formas monumentales que envuelven a los presentes y los llevan a hurgar en los intersticios del corazón, porque a ese músculo elástico, diría Woody Allen, le cantan los tres no desde la distanciada sentencia de quien ya lo ha vivido, sino con la febril emoción de quien se encuentra sumergido en el citado sentimiento.
Es tal la empatía que cuando avisan que ha llegado la hora de despedirse, el coro final de “It’s Not Right for You”, se torna durante unos minutos un eco que acalla el posible silencio y se reaviva cuando el trío reaparece para hacer su última tanda de temas.
¿Cómo medir el impacto de O’Donoghue y compañía? Los decibeles que alcanzan las exclamaciones de gozo son altos, pero son las pupilas dilatadas, a veces amenazantes en salirse de las cuencas que las contienen, el mejor indicio. El brillo de la mayoría de las miradas de, sobre todo sus fanáticas, alcanza una luminosidad intensa y en ellas se leen algunas historias que cambian en lo particular, pero que coinciden en expresar una plenitud en donde las ansias, deseos y expectativas han sido colmadas.

La consistencia del trabajo 
Danny O’Donoghue y Mark Sheehan se conocen en Mytown, su primera agrupación. Es el año de 1996. Un lustro después, ya con la adición de Glen Power (batería), se convierten en trío y toman el nombre de The Script. Pasan siete años y finalmente en 2008 editan su primer disco, un álbum homónimo del cual se desprenden los éxitos “The Man Who Can’t Be Moved” y “Breakeven (Falling to Pieces)”. Ganan un World Music Award en la categoría de Mejor acto vendedor de Irlanda. En 2010, entran nuevamente al estudio de grabación y salen de él con Science & Faith, su segunda placa. Dos años después, bajo la producción de Will.i.am (Black Eyed Peas), aparece #3.
En 2011 y 2013 la banda es nominada a los Brit Awards como Mejor Grupo Internacional. En septiembre de 2014 su cuarto trabajo en estudio ve la luz. No Sounds Without Silence, en palabras de su pianista, es “una precuela del debut, muchas de las canciones se grabaron durante la gira porque en vivo todo es mucho más grande y queríamos capturar esa sensación en la nueva producción”. (D.C.)

Programa
Paint the Town Green / Hail, Rain or Sunshine / Breakeven (Falling to Pieces) / The End Where I Begin – Before the Worst / Superheroes – We Cry / If You Could See Me Now / Man on a Wire / Nothing / Good Ol’ Days / Never Seen Anything “Quite Like You” / The Man Who Can’t Be Moved / You Won’t Feel a Thing / Six Degrees of Separation / It’s Not Right for You / The Energy Never Dies / For the First Time / No Good in Goodbye / Hall of Fame.

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