miércoles, 17 de junio de 2015

Los Ángeles Negros: Románticos y experimentales

Foto: Edgar Rubio / Colección Auditorio Nacional


No morirán jamás / 17 de junio, 2015 / Función única / 2:35 hrs. de duración / 
Promotor: Producciones Internacionales Vargad S.A. de C.V.

David Cortés

El sueño se realiza. Los Ángeles Negros han cubierto un gran trecho de la música romántica; casi no hay amor, abierto o furtivo, que no esté signado por algunos de sus temas clásicos; sin embargo, hoy por fin hacen suyo el Auditorio Nacional. No es la primera vez que llegan aquí —antes estuvieron en 2008, 2009 y 2010—, pero éste es su debut como únicos anfitriones.

La celebración de una larga trayectoria demanda sorpresas y esta noche tienen como invitados a una generación de cantantes que crecieron con su música y con quienes grabaron No morirá jamás, su más reciente trabajo producido por Francisco y Mauricio Durán (Los Bunkers) y con el cual prosiguen su andar en un universo sonoro al cual no pertenecen, pero sí han influido, y que tuvo el momento culminante en su aparición en el pasado Festival Vive Latino.
Cual si fuera obra de teatro, el grupo ha convocado a una fiesta en tres actos. El primero es completamente vintage. Por aquí desfilan sus temas conocidos, aquellos que marcaron una etapa dorada. Es un arranque enjundioso con “Déjenme si estoy llorando” que muy rápido pone en sintonía a los asistentes, los prepara para lo venidero —Leo Paryna hace un solo muy sensual en “Si lloré”— y cierra con una versión de “Antes de que nos olviden” de Caifanes.
Después, y como prueba de que esta agrupación no sabe de anquilosamientos, comienza una sesión en donde los temas son objeto de un nuevo tratamiento y que ellos, mitad en broma, mitad en serio, denominan su vena rockmántica, aunque Mario Gutiérrez, líder y fundador, señala que ahora son Los Ángeles Ruckeros. Es el rock el vestuario elegido para revitalizar este segmento y aquí, además de la presencia de Jimmy, vocalista de Elders, y de Daniel Gutiérrez, cantante de La Gusana Ciega, llegan a la memoria esas versiones que agrupaciones como El Gran Silencio o Beastie Boys, hicieran hace años y que hablan de la impronta que han dejado en la música popular contemporánea. Es un sonido más duro, con algo de blues, pletórico de estamina que da a la banda un rostro renovado, aunque hay instantes en que ese romanticismo tan caro a ellos se difumina.
Las muestras de agradecimiento al público, los recuerdos de los primeros años y el deseo de proseguir en el camino luego de cuarentaiséis años de carrera y treintaiún discos editados, son frecuentes, así como los continuos piropos a las féminas, pero eso no impide que los minutos transcurran de manera acelerada.
En el último tercio del concierto, una sección de alientos y otra de cuerdas suben a imprimir nuevos matices a estas composiciones que se niegan al olvido. El desfile de convidados continúa. Ahora toca el turno a Juan Pablo Manzanero, a quien sigue el trío chileno de Natalino para rematar con Kika Edgar, quien hace de “Cómo quisiera decirte” una oda al erotismo.
Las canciones regresan a su fachada tradicional, pero se aderezan con arreglos en donde aflora un poco de jazz, a veces algo de son. Es una estela sonora más relajada y apacible, y aquí es donde la guitarra de Gutiérrez encuentra sus mejores momentos, pues gran parte de la peculiaridad de los ahora chileno-mexicanos radica en esos solos breves, pero claros, diáfanos; lentos, pero muy vibrantes.
El momento del adiós se acerca, se percibe en el aire, pero hay una sensación de plenitud, de gozo. Sin duda la agrupación posee carisma y mucha humildad. Son generosos, se prodigan en sus interpretaciones, pero nunca dejan de reconocer que están allí gracias a que el público no los ha abandonado después de más de cuatro décadas.
 
Foto: Edgar Rubio / Colección Auditorio Nacional
El cerrojo de la velada suena a declaración. Lo hacen con “Y volveré”, un tema infaltable en el libro de la canción romántica y coloreado con esa guitarra cálida, transparente y tan distintiva que ha marcado la vida sentimental de varias generaciones.

Influencia en otros ámbitos
Los Ángeles Negros se forman en el decline de los sesenta y encuentran en la balada pop un nicho adecuado para su música. La primera mitad de los setenta está marcada por sus grandes éxitos; pero su eco e influencia es más que advertible en las generaciones posteriores.
Antes de que los chilenos decidieran invitar a diferentes músicos, en su mayoría de extracción rockera, a la grabación de su más reciente disco, El Gran Silencio, la banda regiomontana, hizo una versión a “Déjenme si estoy llorando”, que fue como un banderazo de salida para el revival de los sudamericanos. Sin embargo, es en el hip hop donde gozan de mucha aceptación. Personalidades como Jay-Z, Mobb Deep, The Psycho Realm, Bob Marley y The Beastie Boys, han usado sampleos de la música de esta agrupación para insertarla en sus respectivas composiciones, siendo “Cómo quisiera decirte” uno de sus temas más utilizados por los MC’s.
En 1995 Funkdoobiest la tomó para “Lost in Thought”; El Gant (2001) hizo lo mismo para “We Eatz”; Hurricane G (1997) la usó de base para “Underground Lockdown” y Das EFX (2004) para “International”. (D.C.)

Programa
Déjenme si estoy llorando / Ayer preguntaron por ti / Si las flores pudieran hablar / Tributo a México (Serenata sin luna - Despacito - Amar y vivir - Me caí de la nube - Háblame - La mentira - Granada) / Mejor es morir morir / Mi ventana / Si lloré (con Leo Paryna) / Antes de que nos olviden / No morirá jamás / Jetzabel (con Jimmy) / Amor por ti (con Daniel Gutiérrez) / Tú y tu mirar, yo y mi canción / El rey y yo / Tanto adiós / Porque te quiero / Cuando tú te vayas / Debut y despedida (con Juan Pablo Manzaneo) / Esta noche la paso contigo / Mi niña / A tu recuerdo (con Natalino) / Luna de abril / Murió la flor / Cómo quisiera decirte (con Kika Edgar) / Ámame / La mujer que tanto amé / A ti / Y volveré.





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