domingo, 21 de junio de 2015

Hombre y superhombre: Atrapado sin salida


National Theatre de Londres presenta. NTL / 21 y 22 de junio, 2015 / Dos funciones / 
3:30 hrs. de duración / Promotor: FUAAN – Embajada Británica.

Fernando Figueroa
“Los espejos se emplean para ver la cara, el arte para ver el alma”, escribió alguna vez el escritor irlandés George Bernard Shaw (1856-1950), autor de Hombre y superhombre (1903), la obra que, más de un siglo después de su concepción, provoca sonrisas y carcajadas en el Lunario del Auditorio Nacional.

Las tres y horas y media que dura esta comedia filosófica se van como agua porque los diálogos son profundos y chispeantes, casi siempre rematados con inesperadas y graciosas ocurrencias. En entrevista durante el intermedio, el director Simon Godwin —quien ha optado por contar la historia en un contexto moderno— dice que “la risa es el arma más potente en el escenario”. 

Hombre y superhombre trata acerca de la encarnizada lucha de Jack (Ralph Fiennes) por zafarse del asedio amoroso de Ann (Indira Varma), una guapa mujer que intenta casarse con él. Octavius (Ferdinand Kingsley) es un romántico poeta que idolatra a Ann, pero a ella no le interesa en lo más mínimo. Jack califica a Octavius de “idiota sentimental” y trata de convencerlo de que olvide a “esa mentirosa y manipuladora”.
Jack —un millonario de pensamiento radical— no actúa con mala intención, pues él mismo no sabe que las fuerzas de la naturaleza (y las artimañas de Ann) conspiran para que él se enrede en la telaraña que tanto odia: el matrimonio. Es tal el pánico que tiene a esa institución, que no duda en huir de Gran Bretaña rumbo a España en busca de salvación. En el campo andaluz es secuestrado por Mendoza (Tim McMullan), un bandolero que también ejerce la (mala) poesía romántica.
Jack se queda dormido y sueña que es Don Juan en el infierno, mientras que ahí Mendoza es un simpático y cínico demonio. Los acompaña Ann, empeñada en irse al cielo, y su tutor Roebuck (Nicholas Le Prevost), quien ya ha estado en el paraíso y le parece “de lo más aburrido”. A Michael Billington, crítico de The Guardian, este segmento onírico le parece redondo y recuerda que en otros montajes ha sido eliminado por su complejidad.
El personaje de Jack es considerado uno de los más difíciles en el mundo del teatro porque casi siempre está en escena, sus parlamentos son muy largos y requiere de un timing que no es fácil de conseguir y mantener. Ralph Fiennes (El paciente inglés, La lista de Schlinder, Harry Potter) se consagra gracias a una presencia escénica envidiable y gran capacidad para virar, en segundos, de lo dramático a lo jocoso. Billington considera que Fiennes “logra una actuación magistral y atrapa todas las contradicciones de Jack”. Habría que añadir que está rodeado de un gran elenco que nunca lo deja morir solo.
En una entrevista que aparece en el portal del National Theatre de Londres, Fiennes comenta que hace algunos años interpretó el papel principal de esta obra en una versión radial, y desde entonces contempló la posibilidad de hacerlo algún día frente al público. Seis meses antes de los ensayos empezó a memorizar sus líneas y de paso leyó la extensa biografía de George Bernard Shaw, escrita por Michael Holroyd.
A Fiennes le han llovido los elogios por este trabajo, pero él dice que nunca lee esos comentarios (buenos o malos), porque afectan su proceso mental durante la temporada. Por cierto, alguna vez George Bernard Shaw dijo lo siguiente: “La crítica teatral tiene una ventaja en comparación con el suicidio. En el suicidio uno la toma contra uno mismo, en la crítica teatral contra cualquier otro”.

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