domingo, 17 de mayo de 2015

Titerino Circus Trouppe: Imaginación sin límites

Foto: Chino Lemus  / Colección Auditorio Nacional

La Trouppe presenta… / 17, 14 y 31 de mayo; 7 de junio, 2015 / Cuatro funciones / 
1.30 hrs. de duración / Promotor: TEATRIKON, S.C.

Alejandro González Castillo
Un hombre con sombrero de copa, nariz roja como tomate y calzado gigante hace el anuncio: esta tarde de domingo los niños y adultos que aguardan expectantes el arranque del espectáculo presenciarán una serie de actos donde rinocerontes, perros y tigres se mezclarán con elefantes bípedos, plantas carnívoras y cebras tan altas como jirafas; todos animales inconformes con las leyes que a últimas fechas han dejado a los circos sin jaulas, pues no han hecho más que “fomentar el desempleo de la fauna terrestre”. 


El maestro de ceremonias lleva por nombre Trupo (Mauro Mendoza), y con el grupo de payasos que lo acompaña forma La Trouppe, una compañía encargada de desparramar carcajadas desde 1978, cuando Mendoza presentó su primera obra, Rompecabezas, en un jardín de niños. Aquél fue el inicio de una compañía teatral que a la fecha ha brindado alegría en numerosos foros del país con espectáculos como Cuando canta un alebrije, Radio Trup, Sketchando, Trupus calacus o Titerino Circus Trouppe; el último del listado, la puesta en escena que esta ocasión consigue que el Lunario se transforme en una carpa donde lo “surrealista, absurdo y extraño” tiene lugar entre cabelleras rosadas, solapas descomunales, medias extravagantes y mejillas bien chapeadas. 

Así, un encantador de serpientes hace a un lado los reptiles para optar por cuerdas que se anudan y generar un caos que atrae el hombre más fuerte del mundo, un sujeto que, con sombrilla en mano, resulta ser un equilibrista chapucero. A continuación, Lucas Lucachuc da órdenes a un par de focos —sí, focos, pues se trata de fócidos machos— para que jugueteen con una pelota fosforescente y luego cedan terreno a los célebres Babas Brothers, nada menos que un trío proveniente de la República de Babasonia que hace su mejor esfuerzo por lucir diestro con los aros. Entre tropiezos, el público alienta sus intentos con aplausos, después de todo aquellos tres vienen de un lugar tan distante como aquél donde reside la pata más célebre de la tierra: la Patagonia; un sitio vecino del lejano oriente, donde, por cierto, nacen los domadores más osados: en los rumbos de la colonia Agrícola Oriental.
 
Foto: Chino Lemus  / Colección Auditorio Nacional
Una vez que George y sus pelotas amaestradas y la malabarista Tatiana retan a la ley de la gravedad con balones y mazas, el maestro de ceremonias avisa que la función está cerca de llegar a su fin. Entonces Lady Lucas y Noni Pelusas, la primera con trenzas sujetas por margaritas y la segunda con un enorme moño coronando su rizada cabellera, comandan la canción del adiós, dedicada atentamente a la asistencia “con la ilusión de haber dejado una sonrisa en su corazón”. “La imaginación no tiene límites”, advierte el maestro de ceremonias antes de que los asistentes certifiquen tal enunciado una vez que desalojan el foro, cada cual empuñando una espada de luz que silba en el aire, aniquilando la lluvia de burbujas que azota el lugar.





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