jueves, 28 de mayo de 2015

Ricardo Caballero: Revaloración del romanticismo

Foto: Carlos Alvar / Colección Auditorio Nacional



Ricardo Caballero en concierto / 28 de mayo, 2015 / Función única / 2:30 hrs. de duración / 
Promotor: Grupo Fales Arrendamiento y Servicios S.A. de C.V.

Rodrigo Farías Bárcenas
Ricardo Caballero articula su trabajo de difusión de acuerdo con un propósito principal: trascender con un proyecto musical bien sustentado. Ha dedicado más de diez años a pulir su estilo y a concebir un  espectáculo que lo haga sobresalir. En el Lunario hace valer esa aspiración.

Nació en Guadalajara, Jalisco, en 1982. Es hijo del reconocido intérprete Raúl Caballero y de Georgina Tostado. Empieza a trabajar en 1999, a los diecisiete años, cantando en bares y hoteles. En 2000, él y su padre emprenden un proyecto titulado Dos generaciones, que funciona hasta que decide independizarse en 2004. Canta en plan solista, acompañándose con su guitarra, y algunas veces con otros músicos. Graba su primer disco, titulado con su nombre, y empieza a conformar un espectáculo que va perfeccionándose poco a poco hasta que llega a ser como en la actualidad.

En 2007 participa en la segunda temporada de Latin American Idol, en Buenos Aires, Argentina, transmitida en México por la televisión de paga. Luego de haber superado a treinta mil aspirantes, gana el segundo lugar, demostrando que a los veinticinco años tenía experiencia y claridad de metas.
Consciente de que en lo futuro las expectativas del público serían mayores, siguió trabajando con el mismo propósito: tener su propio show. En 2010 publica el extended play titulado La mujer que quise amar. Al año siguiente, en la capital tapatía, se integra como conductor al programa de televisión Noche a noche contigo, haciendo equipo con el bolerista Carlos Cuevas. Éste es un encuentro decisivo, debido a que Cuevas se convierte no sólo en su maestro, sino también en un entusiasta promotor suyo. A fines de 2013 publica Una mujer especial, el tercer disco en su cuenta, todos producidos en forma independiente. 
La anterior es, a grandes rasgos, la historia que hay de trasfondo en el espectáculo de Ricardo Caballero. Rodrigo y Diego, el dúo invitado para abrir, ambos hijos de la cantante Aída Cuevas, le dan la bienvenida expresando que no sólo canta, sino que también interpreta.
Uno de los ejes del espectáculo es la revaloración del romanticismo, como lo enarbolaba la balada en la década de los ochenta, con versiones de temas que identifican a Camilo Sesto, Luis Miguel, Franco de Vita y Mijares, por citar ejemplos, entre las cuales se intercalan canciones de su producción más reciente. Si bien durante la primera hora del concierto Ricardo muestra sus cualidades como cantante e intérprete, cuando ofrece temas de Juan Gabriel y, más adelante, de Emmanuel, las resalta sin dejar lugar a dudas. 
Hay un segundo eje, cuando rebasa los límites de la balada, al evocar a Frank Sinatra, Freddie Mercury, Elvis Presley y James Brown. Rápidamente pasa del sonido de big band al rockabilly, y de éste al funk. Y el tercero es un popurrí de boleros que canta acompañado de Carlos Cuevas. Termina con una emotiva vuelta a la balada en homenaje a José José. 
El mayor acierto de la producción, en vista de semejante variedad, consiste en haber logrado un concepto que unifica, evitando una posible dispersión. Unidad que viene de los arreglos, el mejor de los marcos que puede tener la figura de Caballero, y la cohesión de la banda, cuyo director musical es el tecladista Ricardo Raigosa. 
El cantante no escatima créditos a ninguno de sus músicos, dando a cada uno la oportunidad de su propio lucimiento. En este sentido, la sección de metales juega un papel protagónico —Chay Flores, trompeta; Samuel Flores, trombón; Fernando García, saxofón—, con su introducción al concierto e interactuando con el público en distintos momentos. Mencionemos al resto: Juan Manuel Ayala, bajo y coros; Javier Polanco, guitarra; Pedro Magdaleno, batería; y Brenda Armenta, coros.
El pasaje más conmovedor llega cuando el intérprete tapatío reconoce a Carlos Cuevas como su principal apoyo y la decisiva herencia musical de su padre, de quien aprendió cómo desempeñarse en un escenario.
Salta a la vista entonces que la solidez del concepto musical descansa en el esfuerzo hecho por Ricardo para desarrollar un estilo propio, siguiendo la ruta que le marcó su progenitor: la de convertirse en un artista integral. No sólo interpreta con el matiz emocional que viene al caso, además de moverse con soltura y vitalidad. También baila, hace parodias, cuenta chistes. Involucra al público sin darle oportunidad de que pierda la atención. En fin, luce su carisma.
 
Foto: Carlos Alvar / Colección Auditorio Nacional
Es aquí donde se nota lo bien que ha asimilado su experiencia en los foros, chicos o grandes, en Latin American Idol y en el programa de televisión que comparte con Cuevas. Ricardo Caballero sale a darlo todo, como si fuera su última vez.

Programa
Vivir así es morir de amor / Tú, sólo tú / Sueños compartidos / Amar a muerte / Claro que sé perder / Tú de qué vas / Para amarnos más / Bella / No hace falta / Así es la vida / Ya lo sé que tú te vas / Hasta que te conocí / Eres un amor / Cerrado por reparación / New York, New York / Crazy Litlle Thing Called Love / Hound Dog / I Feel Good / No soy el aire / Si mañana no me ves / Hasta la camisa / Quiero dormir cansado / Al final / Con Carlos Cuevas: Por ella / Popurrí de  boleros: Cien años – La gloria eres tú – Sin ti – Nosotros - Mucho corazón / El triste / Vivir mi vida / Preso / Mi vida.

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