miércoles, 9 de marzo de 2016

OV7 & Kabah: La semiótica del amor


Foto: Fernando Aceves / Colección Auditorio Nacional

Tour 2015 / 30 de abril y 6 de mayo; 3, 4, 16 y 18 de junio; 7, 21 y 22 de agosto; 30 de septiembre, 23 de octubre, 1 y  11 de diciembre, 2015; 28 de enero, 12 y 19 de febrero, 9 de marzo, 28 de abril y 25 de mayo. 2016 / Diecinueve funciones /
 2:30 hrs. de duración / Promotor: OCESA Promotora, S.A. de C.V.

Alejandro González Castillo
Tacones, vinil, encaje, piel y estoperoles. Once bailarines bien ejercitados dibujan con sus cuerpos flechas que luego salen disparadas para dar justo en el blanco: temas forrados con el óxido del sonido industrial, pero lijados en los bordes por melodías que hablan de alcanzar las nubes, de columpiarse en las estrellas.


Esta vez, Kabah y OV7 forman un solo combo; el temario de uno le pertenece al otro y viceversa. Han decidido unir fuerzas para agotar las entradas de ésta, la primera de seis citas en el Auditorio Nacional, en menos de setentaidós horas. Un hecho explicable si se recuerda que ambas agrupaciones hilaron una considerable cantidad de éxitos radiales a lo largo de los años noventa y, debido a sus similitudes estéticas, se creó una suerte de rivalidad a su alrededor para así engrosar su fama.
Sin embargo, lo que impera esta noche es la camaradería, pues no sólo el par de proyectos junta fuerzas en diversos temas; por momentos únicamente los hombres ocupan el escenario y en otros las mujeres hacen lo propio; una promiscuidad que la audiencia, calificada por los cantantes como “fans de hueso colorado”, celebra imitando pasos de baile entre asientos, recordando, entre otras cosas, la era en la cual los teléfonos celulares no existían y un arcano aparato llamado beeper ofrecía la única alternativa para enviar y recibir mensajes de texto. Historias increíbles para los hijos y sobrinos de los sobrevivientes de esos días, quienes alzan sus dispositivos móviles mientras gozan el privilegio de presenciar en directo esas composiciones que, creyeron, nunca vivirían frente a sus intérpretes. 
Crinolinas, sombreros, vaselina, overoles, botas vaqueras, guitarras de artificio y tambores tribales. Columnas de humo, confeti, globos. Si esto no significa eclecticismo, ¿entonces qué?, se preguntan quienes aplauden sin mesura desde las butacas. Porque allá arriba, bajo los reflectores, reggae, tambora, rocanrol y techno pop marcan el ritmo de la velada. Aunque claro, también hay sitio para las baladas, esos temas que hablan de lo que es querer “tanto, tanto, tanto, tanto, tanto”, y cada día un poco más, que la situación se vuelve insostenible; “¡ya no puedo más!”, entonan los de sistema óseo violáceo con desespero, como muestra irrefutable de que el amor los colma. 
Finalmente, el quinteto con veintiséis años de historia y el sexteto con diez años lejos de los escenarios deciden que “La calle de las sirenas” y “Mírame a los ojos” integran el par que mejor representa su trayectoria; la dupla ideal para despedirse. La primera canción es un relato donde hadas, duendes y unicornios andan con naturalidad por el asfalto; la segunda, aborda la posibilidad de desactivar los labios con tal de comprender la hondura de una mirada. Y las dos sintetizan con efectividad el imaginario que hoy tiene lugar porque, recapitulando, ¿qué significa “Mai mai”, “Shabadabada” y “Aum aum”? ¿Acaso son palabras? Bueno, en realidad sí, o algo parecido a éstas. Se trata de onomatopeyas cuyo objetivo es tan sencillo como dificultoso: representar el fenómeno acústico que tiene lugar cada vez que dos bocas se encuentran. 
 
Foto: Fernando Aceves / Colección Auditorio Nacional
Porque así suenan los besos, como tonadas soleadas, cual tarareos que suelen acompañarse de coreografías risueñas. Y el dueto que esta noche ocupa el escenario ha dedicado su carrera discográfica a hablar del enamoramiento y de todos los detalles afortunados que tienen lugar alrededor de éste, como los ósculos, por supuesto. Por eso se les ve bailar y cantar sin reparo, esforzándose por inventar palabras mientras sus fieles seguidores recuerdan sus clases de semiótica y etimología, asignaturas que cursaron allá, en los ahora sempiternos años noventa. 

Dos grupos de cuidado 
Con germen en 1992, Kabah lanzó siete álbumes antes de su separación, en 2005. Integrado por Sergio y René Ortiz, Federica y André Quijano, María José Loyola y Daniela Magún, el grupo gozó de amplia popularidad desde su debut discográfico en 1994, cuyo primer sencillo, “Al pasar”, se colaría de inmediato a los primeros sitios de las listas de éxitos para ubicarse en el gusto popular al lado de exponentes como Fey o Mercurio. El pop, su última producción a la fecha, incluye duetos con personajes como Alejandra Guzmán y Gloria Trevi.
Por su parte, OV7 es la evolución de un concepto puesto en marcha por Julissa en 1989 llamado La Onda Vaselina, dedicado a retomar clásicos de la era del rocanrol; una fórmula que, con algunas variaciones, alcanzaría para grabar cuatro álbumes. En 1995 el grupo acorta su nombre a Onda Vaselina y abandona el nicho de la música infantil para enfocarse al público juvenil, así edita tres discos. Tras el rompimiento con su artífice en 2003, el septeto cambia otra vez de apelativo por el de OV7 y de esta forma lanza cinco discos grabados en estudio y tres registrados en directo. En ese lapso, el conjunto sufrió una disolución que remediaría en 2010. Actualmente el combo se compone por Mariana Ochoa, Érika Zaba, Lidia Ávila, Óscar Schwebel y Ari Borovoy. (A.G.C.

Programa
Casi al final / Vuela más alto / Antro / Tus besos / No es obsesión / Mai mai / Te necesito / No me voy / Estaré / Florecitas / Un pie tras otro pie / Más que amor / Aum Aum / Encontré el amor / Prohibido quererme / Popurrí OV7 / Una ilusión / Shabadabada / Magia / Popurrí Kabah / Historia de una noche / Al pasar / La vida que se va / Popurrí Vaselina / Enloquéceme / Vive / Te quiero tanto / La calle de las sirenas / Mírame a los ojos. 





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