martes, 19 de mayo de 2015

Miguel Bosé: El partisano y sus amantes bandidos

Foto: Fernando Aceves  / Colección Auditorio Nacional

Amo tour / 19 de mayo, 11 y 12 de junio, 2015 / Tres funciones / 2:10 hrs. de duración / 
Promotor: OCESA Promotora, S.A. de C.V.

Alejandro González Castillo
Hace treintaiocho años que Miguel Bosé debutó en el terreno discográfico con Linda; desde entonces ha puesto a la venta más de dos decenas de álbumes y atraído a multitudes con diversas presentaciones en varios puntos del planeta. Se trata de un personaje que lleva el mando de su carrera artística en todos los niveles, desde la composición y producción de los temas que integran su repertorio hasta el arte gráfico que acompaña sus platos. En ese sentido, observarlo en concierto es como echar un vistazo a la habitación de su mente, pues el español no escatima recursos con tal de materializar sus ideas.


Para esta noche, el cantante ha elegido construir un juego escénico cuyas piezas bien podrían tener una vida semejante a la de los trebejos blancos que pisan un tablero de ajedrez, pues entran y salen de un reticulado imaginario dependiendo del antojo de Bosé. Así, entre alfiles y caballos que se cuelgan guitarras eléctricas, cuatro torres forradas con luces escoltan los movimientos de los músicos, quienes ven adornadas sus evoluciones con las imágenes que emergen de las paredes de las atalayas eléctricas, las cuales van de dragones humeantes a bosques plenos de niebla. El artífice de dicha danza, igualmente ataviado de blanco, con barba cana y ojos delineados, se anuncia como “El hijo del capitán trueno” mientras en las pantallas del escenario algunos relámpagos parpadean furiosos; un acto que precede el arribo de uno de los protagonistas más esperados de la velada: la “Salamandra”.

Dotados de templetes con ruedas, los ejecutantes de batería y teclados también aparecen y desaparecen bajo luces a merced del hombre del cabello relamido, y lo mismo sucede con el trío de coristas que lo apoya en la voz. Por su parte, el también actor luce moderado con sus movimientos, tal como ocurre con su voz, regularmente serena, casi susurrante. Sucede que el ahijado de Luchino Visconti prefiere ahorrarse los discursos entre canciones e ir sin concesión hacia las tonadas para así trazar una suerte de parábola dramática que alcanza su punto más alto una vez que llega la triada integrada por “Solo si”, “Te comería el corazón” y “Sevilla”, donde cada frase suma volumen al sentimiento trágico que dichas composiciones alojan. Tras la tensión, y acompañado de un par de ballenas que surca el cielo cual si éste fuese un firmamento líquido, los tenues silbidos de “Si tú no vuelves” regresan la calma a los asistentes.
Personalizado como un aguerrido partisano, como un lobo de corazón salvaje y estepario, el creador de “Morena mía” al fin se dirige a sus fans. Entonces habla de una carta llamada “Te amaré”, que escribió para nadie en especial cuando contaba con sólo diecinueve años; sin embargo, explica que al mismo tiempo que carece de destinatario, aquella misiva puede estar dedicada “para todos, así que os quiero regalar esta canción”. El obsequio es recibido con regocijo por los de las butacas, quienes de inmediato atienden la sugerencia de su artista cuando éste solicita que “todos agarren la mano de quien más queráis y díganle todo lo que han hecho por él”. 
 
Foto: Fernando Aceves  / Colección Auditorio Nacional
“¡Uta, qué rolón!”, exclama alguien entre asientos mientras sujeta con fuerza la mano de su acompañante al descubrir que el coro de “Por ti” lo tiene prendido de la garganta. Enardecido, sabedor de que el show está a punto de expirar, el entusiasta anónimo no tiene más que aceptar que esta noche ha sufrido una transformación; que desde ahora es un “Amante bandido”. Por eso se lleva a su pareja de la cintura hacia las calles mientras las reverencias tienen lugar en el escenario; porque la urgencia de ese espectador no es regalar aplausos, sino ponerse cuanto antes su nuevo antifaz, el que lo certifica, como bien cantaría Bosé, cual héroe de amor a quien nadie le dirá que no. 

Amo de su sonido
“Mi disco más reciente, Amo (2014), contiene once temas que fueron elegidos porque cada cual cuenta con un sentido propio y se merece su espacio. Esto lo comento porque entré a producción con diecisiete canciones, pero al arranque de la historia contaba con treinta y tantas. Uno de los momentos más lúcidos que he vivido en toda mi carrera fue aquél en el que decidí, casi después de dos décadas, no producir un disco mío; así que no produje Amo. Y ocurrió porque quería oírme de lejos. Siempre he sido vigilante de que no se pierda el espíritu de las canciones que escribo, pero esta vez le pasé la visión sonora a varias personas: Andrew Frampton (The Script, Natasha Vedingfield, Kylie Minogue), Andrés Levin (David Byrne, John Legend), Héctor Castillo (Björk) y Brubaker XL”.
“Hablando de los tiempos que corren, me da igual que el público escuche mis discos en un teléfono celular o en un sistema de audio sofisticado. Y lo digo porque cuando alguien me dice ‘oye, éste es un sonido malo’, yo le cuestiono desde qué punto de vista argumenta eso; es decir, hay discos con una calidad bajísima de producción, pero funcionan bien porque los gustos de la gente están ya muy diversificados. Hay álbumes que se escuchan genial en un teléfono celular; de hecho, ya no te los puedes imaginar sonando desde otro dispositivo”. (A.G.C.)

Programa
Amo / Encanto / Libre ya de amores / El hijo del capitán trueno / Salamandra / Nena / Aire soy / Horizonte de las estrellas / Solo si / Te comería el corazón / Sevilla / Si tú no vuelves / Tú mi salvación / Dame argumentos / Nada particular / Partisano / Como un lobo / Morena mía / Sí se puede / Que no hay / Bambú / Amante bandido / Te amaré / Por ti. 


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