domingo, 31 de mayo de 2015

El arduo problema: El bien, el mal y lo inexplicable

Foto: The National Theatre


National Theatre de Londres presenta. NTL. / 31 de mayo y 1 de junio, 2015 / Dos funciones /
 1:45 hrs. de duración / Promotor: FUAAN – Embajada Británica en México.

Fernando Figueroa
¿El cerebro humano es sólo un enjambre de células nerviosas o además contiene algo llamado conciencia? Tal es la peliaguda interrogante que se plantean los personajes de El arduo problema, de Tom Stoppard, obra con la que Nicholas Hytner se despide de la dirección artística del National Theatre de Londres.


Hilary (Olivia Vinall), una joven que acaba de terminar su licenciatura en psicología, solicita trabajo en un prestigiado instituto de investigación de neurociencia y, contra todos los pronósticos, es aceptada. Ya que está dentro de ese mundo, se da cuenta de que debe nadar contra la corriente, pues ahí nadie cree en la existencia de Dios y además prevalece la tesis de que el ser humano no es bueno por naturaleza.

Spike (Damien Molony) es su novio y se burla de ella cuando la ve rezar. Leo (Jonathan Coy) es su jefe y la ve con desdén intelectual, pero es tolerante porque se siente muy atraído físicamente. Jerry (Anthony Calf) es el dueño del instituto, un súper millonario que practica el altruismo porque le da buena imagen, pero que con sus subalternos se comporta como un patán.
A la mitad de la historia se sabe que a los quince años Hilary tuvo una hija, a la que cedió en adopción a unos padres incógnitos. Sus oraciones tienen la finalidad de que el destino, el azar o la divinidad le hayan dado un buen hogar a quien ya debe ser una adolescente.
Stoppard se arriesga con un final de película de Hollywood o de telenovela mexicana, pero la trama está tan bien construida que el espectador acepta lo inverosímil. Resulta que la única hija del hombre rico es adoptada y… ¡nació de las entrañas de Hilary!
Acerca del tema de lo improbable y lo imposible, viene a cuento una conferencia que Julio Cortázar dictó, en 1982, en la Universidad Católica Andrés Bello, de Caracas. Ahí se refirió al contenido de su cuento “Instrucciones para John Howell”, que trata acerca de un hombre al que, de pronto, lo obligan a subir a un escenario teatral y le dicen que debe improvisar; no puede negarse porque lo amenazan de muerte. Varios años después de que ese texto fuera publicado, un neoyorquino le escribió una carta al escritor Argentino para decirle que su nombre era John Howell, que no era histrión, pero que acababa de actuar por primera vez a petición de un amigo que se dedicaba a la dirección de escena, y que luego de esa experiencia leyó el cuento.
La tesis de Cortázar era que, afuera de los límites de la razón, suceden más cosas de las que creemos. En El arduo problema, Tom Stoppard se interna en esa temática y, además, se pregunta si el ser humano es calculador por naturaleza o acaso existe realmente la virtud desinteresada.
Acerca de la puesta en escena, Michael Billington, crítico del diario británico The Guardian, señala: “Nicholas Hytner dirige con la claridad estilística que ha sido durante mucho tiempo su marca registrada”. Antes de iniciar la proyección de la obra, el propio Stoppard felicita a Hytner por este montaje “minimalista”.
Aunque la historia gira en torno a Hilary, quien más destaca en el terreno actoral es Damien Molony, muy convincente en su papel de joven atractivo, perdonavidas y de pensamiento mecanicista. La escenografía es muy sencilla: un pequeño mueble aquí, otro allá, pero arriba del escenario Bob Crowley colocó una maraña de cables fosforescentes que remiten a la compleja estructura del cerebro humano.
Cuando le preguntaron a Nicholas Hytner quién podrá llenar sus zapatos al frente de la dirección artística del National Theatre de Londres, él respondió: “Nadie los va a llenar, me los voy a llevar puestos”.

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