martes, 14 de abril de 2015

La sal de la tierra: Vida y obra de Sebastião Salgado



Proyección en pantalla gigante del documental La sal de la tierra, de Wim Wenders y Juliano Ribeiro Salgado / 14 de abril, 2015 / Función única / 
1:50 hrs. de duración / Promotor: FUAAN – Cinépolis Distribución – :ND Mantarraya.

Fernando Figueroa
Hace muchos años, el cineasta alemán Wim Wenders compró dos fotografías de Sebastião Salgado y las colgó en una pared de su oficina. Una de ellas pertenece a la serie Sierra Pelada, la enorme mina de oro a cielo abierto que se ubica en el estado brasileño de Pará; la otra es el retrato de una mujer ciega del desierto africano.

Wenders nunca imaginó que, al paso del tiempo, el propio Salgado lo invitaría a participar en un documental acerca de su trabajo. El resultado es La sal de la tierra, que en 2014 obtuvo un Premio Especial del Jurado en el Festival de Cannes (sección Una cierta mirada), y en 2015 fue nominado al Oscar.

La sal de la tierra se estrena el 30 de abril en veintidós salas de la República, pero esta noche se lleva a cabo una gala para invitados en el Auditorio Nacional. Antes de la proyección, el Coordinador Ejecutivo del recinto, Gerardo Estrada, expresa su beneplácito por esta “función histórica”, ya que se trata de la primera vez que aquí se exhibe un documental, “faceta del cine que no ha recibido el reconocimiento que se merece”.
Juliano Ribeiro Salgado, hijo del célebre fotógrafo y codirector de La sal de la tierra, comenta que dos horas antes habló por teléfono con su padre, quien le dijo que su conexión con México es muy fuerte y que está contento de que el documental se presente en nuestro país (dentro del material fílmico se incluyen bellas imágenes de la comunidad mixe de Oaxaca y de los rarámuri en Chihuahua, capturadas por Sebastião Salgado en los años setenta).
En conferencia de prensa previa, efectuada en el vestíbulo del Auditorio Nacional, Juliano Ribeiro Salgado había dicho que el documental muestra un mundo muy duro, aunque finaliza con un mensaje de esperanza que su papá desea transmitir. En efecto, los últimos minutos funcionan como un bálsamo, pues abordan el proyecto de reforestación que llevan a cabo Sebastião Salgado y su esposa en una hacienda brasileña.
Antes de que La sal de la tierra muestre ese paraíso tropical, el espectador acompaña al reportero gráfico por todo el mundo, durante cuatro décadas. Es entonces que aparecen los miles de mineros brasileños, como hormigas, en Sierra Pelada; también hambrientos etíopes que huyen a Sudán; la mujer ciega que parece mirar a la humanidad indiferente; la destrucción ecológica durante la Guerra del Golfo; los genocidios en Ruanda y la ex Yugoslavia.
Ese largo periplo provocó una profunda depresión a Sebastião Salgado, quien salió adelante gracias al proyecto Génesis, en el que se propuso fotografiar escenarios naturales que aún se conservan casi vírgenes. Si en la primera hora del documental abunda el blanco y negro de las fotos fijas —mientras el autor de las mismas explica las historias que hay detrás—, en la segunda aparecen el color y las imágenes en movimiento; se ve al artista de la lente en plena acción, socializando con habitantes de la selva en Nueva Guinea o avanzando pecho a tierra en su afán de fotografiar osos blancos y leones marinos en una isla del Ártico.
Al término de la función, los invitados acuden a un coctel que se lleva a cabo en el vestíbulo, y al mismo tiempo observan la exposición fotográfica que se exhibe en la Galería del Auditorio Nacional, que ya está abierta al público en general (finalizará el 14 de junio). Ahí pueden verse imágenes captadas por Sebastião Salgado a lo largo de su carrera, y otras que muestran el proceso de filmación de La sal de la tierra, todas en blanco y negro.
El documental se exhibirá en la cadena Cinépolis, cuyo director general, Alejandro Ramírez, agradeció que el Escenario de México abriera sus puertas para esta gala. En la conferencia de prensa, Francisco Serrano, Director de Desarrollo Corporativo del Auditorio Nacional, comentó que entre ambas entidades hay una alianza estratégica desde 2012 para la difusión de contenidos alternativos, como las transmisiones de ópera en vivo desde el Met de Nueva York y las obras del National Theatre de Londres, así como algunos conciertos de artistas populares. En la charla con los periodistas también estuvieron presentes Miguel Rivera, director de programación de Cinépolis, y Jaime Romandía, director de :ND Mantarraya —empresas que se unen para la distribución de La sal de la tierra—, quienes expresaron su satisfacción por poner al alcance del público una cinta “de nicho” que contiene “imágenes de de gran belleza y honestidad”.

Guerra fría, edición caliente
Reconocido como el creador de cintas memorables como París Texas (1984) y Las alas del deseo (1987), Wim Wenders (Dusseldorf, 1945) también ha realizado documentales de excelente factura como Tokio-Ga (1984), acerca del cineasta japonés Yasujiro Ozu; Buenavista Social Club (1999), que recrea el experimento sonoro de Ry Cooder con músicos cubanos, y Pina (2011), en torno al trabajo de la coreógrafa alemana Pina Bausch.
Con esas credenciales, era lógico que Sebastião Salgado (Minas Gerais, 1944) y su hijo pensaran en Wenders para la realización de La sal de la tierra. Los dos primeros iniciaron el proyecto a solas, pero hubo un momento en que necesitaron la mirada y el talento externo. Juliano Ribeiro Salgado, quien estudió cine en Londres, ya había realizado documentales propios en Angola, Etiopía y Afganistán, así como reportajes para la televisión de Francia y Brasil.
En la charla con reporteros mexicanos, Juliano Ribeiro Salgado (París, 1974) confesó con buen humor que, una vez reunidos todos los materiales, no fue fácil la edición de La sal de la tierra porque “un director de cine es sinónimo de ego con patas, y si se juntan dos el asunto se vuelve casi imposible. Durante año y medio hubo una guerra fría y una edición caliente”.
Finalmente, ambos creadores se pusieron de acuerdo y el resultado es una conmovedora obra de arte. (F.F.)

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