miércoles, 29 de abril de 2015

La Camorra: Homenaje perpetuo a Piazzolla

Foto: Fernando Aceves / Colección Auditorio Nacional

29 de abril, 2015 / Función única / 1:30 hrs. de duración / 
Promotor: Pispirispis Producciones S.A. de C.V.

Alejandro González Castillo
“Nosotros somos el quinteto La Camorra y nos dedicamos a homenajear perpetuamente a Astor Piazzolla”, comenta ante el micrófono el violinista Sebastián Prusak mientras Nicolás Enrich, Hugo Asrin, Jorge Kohan y Christian Zárate afinan sus respectivos instrumentos. Luego, el combo argentino hace lectura y ejecución de la primera pieza de sus partituras, titulada, precisamente, “Camorra 1”, y con ella una melancolía vaga camina entre atriles y micrófonos hasta cruzar los bordes del escenario y pasearse entre mesas y asientos, botellas y copas. 


El grupo nacido en 1993, apenas un año después de la muerte de Astor Piazzolla, a la fecha ha editado cinco discos, el más reciente De acá para allá, y en su andar por el planeta ha encontrado aplausos en Noruega, Brasil, España, Bélgica, República Dominicana y España. Ésta es la segunda ocasión que pisa el suelo de la capital mexicana y aprovecha la situación no sólo para homenajear a uno de los compositores más grandes que Argentina le ha heredado al mundo, sino para presentar algunos temas propios e incluso hacer algún debut. “Estamos estrenando pianista. Y sabemos que queda mal decirlo, pero Christian es uno de los mejores pianistas de tango que existen”, confiesa Prusak para que Zárate eche mano de las notas de “Tango para Pedrito” y así exhiba la pasión que puede arrancarle a las teclas blancas y negras. 

“No acostumbramos hacer esto, pero creemos que vale la pena”, con estas palabras Prusak le da la bienvenida a Yayo González (Paté de Fuá), quien cuenta la historia que de “Jacinto Chiclana” escribiera Jorge Luis Borges, aquel hombre de laya fiel, incapaz de alzar la voz pero listo para jugarse la vida. Y ahí, con las anécdotas que tienen lugar en Balvanera, el fuelle del bandoneonista alcanza su máxima extensión, recargado en la rodilla derecha de Enrich; mientras, la cintura de la guitarra hace lo propio en el muslo de Kohan, acompañando cada suspiro del instrumento de viento con los nostálgicos acordes que convierten a dicha milonga en un himno al coraje que sólo los tipos bravos saben interpretar.  
La añoranza por esa tierra sudamericana donde las llanuras pampeanas reinan, y el Río de la Plata humedece las almas de los bonaerenses, raspa el clímax una vez que “Verano porteño” toma su turno. Porque entonces bandoneón y violín se transforman en percusiones mientras el contrabajo moldea una grave melodía; luego, es cuestión de contar hasta cuatro para que guitarra y piano se unan al entramado para así generar un diálogo donde tensión y disonancia intercambian frases desgarradas. 
 
Foto: Fernando Aceves / Colección Auditorio Nacional
Así es el tango, una suerte de tragedia gozosa que se paladea despacio acompañada de vino tinto. Un drama para amantes que, esta noche se atestigua, no requiere de bailarines para trasgredir polos y trasladarse a otros países con el espíritu intacto. No hay lugar para la duda: esta vez el Lunario ha cambiado su residencia; ha descendido varios miles de kilómetros hacia el sur del continente y ahí va a quedarse, al menos mientras el tango siga. 

Programa
Camorra 1 / Anda a saber / Milonga del ángel / Camorra 2 / Holograma / Tango para Pedrito / Rompiendo mal / Jacinto Chiclana / Concierto para quinteto / Adiós Nonino / La muerte del ángel / Verano porteño / Calambre.



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