sábado, 25 de abril de 2015

Campo: Fiesta entre palmeras y computadoras

Foto: José Jorge Carreón / Colección Auditorio Nacional

25 de abril, 2015 / Función única / 1:30 hrs. de duración / 
Promotor: Sony Music Entertainment México S.A. de C.V. 

Alejandro González Castillo
En su pasado distante, álbumes de tango y bossanova giraban en la tornamesa de casa; las raíces sonoras que ganaron grosor conforme platos de new wave y funk se adhirieron a la dieta discográfica de Juan Campodónico, quien se asume como un melómano más allá de ser uno de los músicos más propositivos de la actual escena pop latinoamericana.


“Porque la música representa a las personas, a los lugares, a las sociedades; a las cosas que están pasando”, explica el uruguayo para así evitar cualquier clase de duda, pues sus canciones sonorizan con eficiencia la vida diaria de las ciudades y los puertos, los bosques y las selvas de Sudamérica.

Apenas se cuelga la guitarra para liderar al quinteto de músicos que lo acompaña, el cantante desata una orgía rítmica que ignora las bondades de la era virtual para ser ejecutada en directo, con músculo y sudor, mientras los matices armónicos y melódicos son trazados por cuerdas y sintetizadores, computadoras y voces. Una operación que requiere de una destreza especial, justo la que el autor adquirió tras la consola en la producción de discos de artistas como Jorge Drexler, El Cuarteto de Nos, La Vela Puerca y Ximena Sariñana (quien es invitada al escenario para interpretar “Sintiendo rara”), pero también en la composición y ejecución con grupos como Bajofondo y El Peyote Asesino, de los cuales fue fundador. 
Pendiente de la cumbia y el tango, el pop y el funk, el candombe y el rock, el ganador del Grammy Latino salta y coquetea con sus colegas sónicos mientras el Lunario se transforma en una pista de baile donde los prejuicios estéticos son discriminados y las barreras rítmicas desalojadas. Por eso el público se contonea como se le antoja, en pareja o a solas, luciendo pasos dignos de un salón de baile de abolengo o con movimientos caóticos donde el abandono de la razón es prioridad. Mientras, en las pantallas del sitio, palmeras, playeras y postes citadinos conviven en un atardecer tropical que un puñado de metales disparado por una laptop dibuja; el nombre del momento: “Heartbreaks”.
 
Foto: José Jorge Carreón / Colección Auditorio Nacional
Una vez visitadas las composiciones de su disco de título homónimo, editado en 2011, el sexteto ensaya la huida al tiempo que la audiencia manifiesta su hambre de más, un apetito saciado pocos minutos después. Así, con los brazos desocupados y las máquinas encargándose de la música, Juan, Martín Ribero, Pablo Bonilla, Verónica Loza, Roberto Rodino y Gabriel Casacuberta muestran sus mejores pasos despreocupadamente, como si el escenario fuese la sala de su casa y nadie los mirara. La escena derrocha felicidad y se explica con simpleza: Campo celebra, además del logro de presentarse por primera vez en concierto en México, un año más de vida. Y el público lo acompaña en la fiesta, en el inconmensurable agasajo de agitarse entre palmeras y pantallas planas en ésta, una ciudad sin puertos marinos, cubierta por selvas asfálticas y bosques de concreto.

Programa
El viento / Tu lugar / Across the Stars / La marcha tropical / 1987 / Tuve sol / El mareo / Zorzal / Sintiendo rara (con Ximena Sariñana) / Devil Waits / Lluvia / Heartbreaks / Cumbio / Viento / 1987 (remix).


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