martes, 24 de marzo de 2015

Tercera de Forros: La inocencia de una prosa provocadora


Canciones para Lolita. Diálogo a partir de la obra de Vladimir Nabokov. Yayo González, Bernardo Esquinca, Julia Palacios (moderadora). Salón Blanco / 24 de marzo, 2015 / 
1:05 hrs. de duración / Promotor: Fideicomiso para el Uso y Aprovechamiento del Auditorio Nacional.

Alejandro González Castillo
Yayo González y Bernardo Esquinca colocan sobre una mesa de centro sus respectivas ediciones de Lolita, la novela más popular firmada por Vladimir Nabokov. Atentos, los dos lectores comparan grosores, calidades de pasta y portadas mientras se anuncian frustrados en cuanto a sus respectivas labores profesionales, pues el primero hubiera deseado ser director de cine y el segundo un rockero bajo los reflectores.

En realidad, los dos personajes que rodean a Julia Palacios, quien modera una charla más del ciclo Tercera de Forros, juegan un poco a ser otros, porque mientras uno se gana felizmente los aplausos del público cuando se desempeña como guitarrista y cantante en Paté de Fuá, el otro colecciona palmas de admiración gracias a su oficio como escritor (con títulos como Toda la sangre y Mar negro). Eso sí, la dupla se declara conocedora de la obra emblemática de Nabokov, la cual cumple sesenta años de haber sido editada, y no repara al momento de hilar elogios al respecto: “Se trata de una de las novelas más extraordinarias que se hayan escrito, una piedra filosofal”, alude el músico; “estamos ante un melodrama con momentos satíricos delirantes que presume una prosa lírica y vertiginosa”, advierte el de la pluma. 

Sin embargo, es Palacios quien esquiva los halagos y pone el dedo en los renglones que, durante décadas, han convertido la trama de dicha obra en un asunto polémico: “La reprobable pasión que el protagonista de la historia siente por mujeres sexualmente prematuras, porque Humbert Humbert tiene alrededor de cuarenta años de edad mientras que su hijastra cuenta con apenas doce”, como bien sintetiza González. “Y que no se mal interprete, pero resulta inevitable sentirse identificado con el acusado porque todas las mujeres poseen gestos de Lolita, detalles que cuando se encuentran, esos rasgos de inocencia hallados de pronto en plena adultez, inevitablemente provocan que varios caigan rendidos al suelo”.
“Es perturbador esto —continúa Esquinca—, ¿cómo puede uno sentir empatía por un canalla, por un monstruo que cuenta su locura poéticamente? ¿Será porque Nabokov escribió su famoso texto de rodillas, en medio del infierno, entre las llamas de la pasión?”. “Lo que pasa es que estamos ante una historia de amor”, contesta categóricamente el cantante, “quienes nos hemos enamorado sabemos lo que es pasar por una etapa primaria de devota obsesión. Y es que el amor es una forma de locura, después de todo”. 
Luego de aquilatar las versiones fílmicas de Stanley Kubrick y Adrian Lyne, y de disertar sobre las posibilidades de un escándalo de tal magnitud en estos días de redes sociales virtuales, Yayo se cuelga su guitarra para finalmente desarmar todo ánimo de discusión con la tonada de “Película muda”. Y así, ya con los suspiros arrancados del cuerpo, los presentes aplauden la conclusión que, empujado por la música, el par de célebres lectores arroja antes de despedirse, ya lejos de la borrosa tragedia ideada por el escritor ruso: “Sin duda hay que aprender a amar a la mujer, sin discriminación alguna, por una razón muy simple, es ella quien representa la máxima expresión de la belleza en este planeta”.

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