sábado, 14 de marzo de 2015

La dama del lago: Perfección y delicadeza

Foto: The Metropolitan Opera

Transmisión en vivo desde el Met de Nueva York. HD. / 14 de marzo, 2015 / Función única / 3:25 hrs. de duración / 
Promotor: Fideicomiso para el Uso y Aprovechamiento del Auditorio Nacional.

Fernando Figueroa
Casi dos siglos después de su estreno en Nápoles (1819), La dama del lago, de Gioachino Rossini, llega al Met por vez primera y lo hace con un elenco difícil de superar. No sólo se trata de Juan Diego Flórez y Joyce DiDonato (la dupla más atractiva en el actual firmamento belcantista), sino de todos quienes los acompañan en el escenario y en el foso.


Suele hablarse de bel canto como sinónimo de ópera, pero en estricto sentido esas dos palabras se refieren a un estilo vocal determinado, en el que virtuosismo y técnica se alían para jugar alegremente con notas agudas. Es en ese terreno donde el peruano y la estadounidense se mueven a sus anchas, además de poseer un halo de superestrellas que se han ganado a pulso durante los últimos años.

Flórez y DiDonato cumplen a cabalidad con las expectativas e incluso van más allá. Su desempeño dramático y vocal rebasa la eficacia y se introduce en el terreno de lo conmovedor, cuando la piel del espectador se eriza y las lágrimas amenazan con escapar, sobre todo en “Tanti affetti in tal momento”, clímax en que la mezzosoprano llega al alma de quienes la disfrutan in situ, o desde lejos, gracias a la transmisión vía satélite.
James Jordan, crítico de The Observer, ha elogiado sin reparos el trabajo de la cantante principal, en especial su legato; sin embargo, da en el blanco cuando escribe esto: “Joyce DiDonato nos da algo más que la perfección, nos da la belleza”. Y no se refiere a su físico, ni mucho menos, sino a la experiencia estética que la diva genera con su talento.
Por su parte, al ser entrevistado, Juan Diego Flórez declara su amor por las óperas serias y cómicas de Rossini, a quien agradece la cortesía de dejar descansar a los cantantes luego de arias largas y difíciles (en su caso a solas, duetos con Elena y el célebre trío con su amada y Rodrigo). El coro del Met tiene una destacada actuación, y es un hecho que sus integrantes son los que menos disfrutan de las pausas a las que se refiere Flórez.
La extraordinaria mezzosoprano Daniela Barcellona interpreta el papel travestido de Malcolm (escrito por Rossini para contralto), quien a fin de cuentas se queda con el amor de Elena (DiDonato). Flórez es el rey Jacobo, quien se hace pasar por Uberto, un supuesto cazador que se pierde en el bosque y se topa con la hermosura y sencillez de Elena. A pesar de tener tanto poder, se hace a un lado para que la doncella sea feliz.
Barcellona está a la altura artística de los protagonistas, lo que no es poca cosa. Aunque en la trama ella es un hombre, no deja de ser extraño que en escena veamos a una mujer comiéndole el mandado nada menos que al soberano (Flórez) y al guerrero más audaz (Rodrigo, interpretado por el tenor John Osborne). En las entrevistas del intermedio, ella comenta con buen humor: “Por supuesto que me siento rara como Malcolm, sobre todo porque usa una falda escocesa”.
Un elemento clave en esta nueva producción de Paul Curran es el director de orquesta Michele Mariotti, quien se aficionó a la ópera siendo niño cuando vio por primera vez La dama del lago. Anthony Tommasini, de The New York Times, comentó: “Mariotti y DiDonato parecían competir para ver quién interpretaba la música con mayor delicadeza”.
La escenografía de Kevin Knight recrea con sencillez la fría campiña de Escocia, por donde se desplazan los montañeses, inconformes con el reinado de Jacobo V. El vestuario, también a cargo de Knight, muestra las ropas oscuras de la gente humilde, en contraste con la brillantez que se observa cuando la acción se introduce al palacio real.
Luego de la última nota, la ovación en el Lincoln Center es atronadora y se prolonga sin cesar durante cinco minutos. En el Auditorio Nacional también hay aplausos a distancia porque DiDonato, Flórez y compañía han esparcido la belleza por todos lados y eso se tiene que agradecer de alguna manera.

El éxito y la depresión
• En la tradicional charla previa, en el Lunario, Gerardo Kleinburg contó la siguiente anécdota: Luego de escuchar El barbero de Sevilla, un viejo Beethoven le sugirió al joven Rossini que jamás abandonara la ópera cómica. Kleinburg remató: “Afortunadamente, Rossini no le hizo caso y compuso algo tan importante como La dama del lago, una de las piedras angulares de la ópera seria”.
• Kleinburg se refirió a Rossini como el compositor más exitoso, en vida, en la historia de la ópera, “y seguramente el que más dinero ganó”. A él se debe un código de composición operística que fue acatado por quienes le siguieron en ese quehacer artístico.
• El conferencista definió a Rossini como un hombre sin falsas aspiraciones intelectuales, pragmático, “a quien le gustaba agradar con su música”. Lo calificó como un niño prodigio que a los trece años compuso su primera ópera, y mencionó el triste hecho de que vivió más de dos décadas atado a su cama, víctima de una profunda depresión.
• Durante las entrevistas del intermedio, Joyce DiDonato afirmó: “La dama del lago es una fiesta de coloratura, una plataforma para el canto acrobático que crea un paisaje de profunda emoción”. También confesó algo que ya había percibido el público: “Estoy en el mejor momento de mi carrera”.
• El director musical, Michele Mariotti, se refirió así a la atmósfera que plasma Rossini en La dama del lago: “Es como el agua, inaprensible”. (F.F.)

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