lunes, 23 de febrero de 2015

La isla del tesoro: Montaje a toda vela

Foto: National Theatre


National Theatre de Londres presenta / 23 y 24 de febrero, 2015 / Dos funciones / 
2:30 hrs. de duración / Promotor: FUAAN – Embajada Británica en México.

Fernando Figueroa
“El diseño de Lizzie Clachan ofrece el uso más imaginativo de recursos técnicos que hemos visto en mucho tiempo”, dice el crítico Michael Billington, del diario inglés The Guardian, respecto al montaje de La isla del tesoro en el Olivier Theatre de Londres, que ahora disfruta el público del Lunario a través del video.


El escenario circular muestra de inicio la taberna donde trabajan Jim y su abuela; luego se transforma en una embarcación (La Hispaniola) que surca los mares, y finalmente en una peligrosa isla donde hay pantanos y ramas por doquier.

Podría decirse que el personaje principal es el barco, pero eso sería injusto para Patsy Ferran, quien interpreta a Jim de forma magistral. La adaptadora Bryony Lavery quiso que el grumete fuese una mujer con apariencia de muchacho, y para ello tuvo que agregar diálogos en los que se juega con la androginia de la simpática narradora. Susannah Clapp, de The Observer, comentó acerca de Ferran: “Es una de las mejores actrices jóvenes de la última década”.
Una de las escenas más entrañables se produce cuando, en medio del océano, Long John Silver (Arthur Darvill) le explica a Jim cómo se orientan los marinos en medio de la noche, sin necesidad de un sextante. Primero le hace saber los nombres de las estrellas y constelaciones (que están a la vista del espectador), y después le enseña a medir ángulos, utilizando un brazo extendido hacia el frente, con la mano cerrada y el pulgar como guía.
Esta noche el National Theater no presenta, como es su costumbre, un profundo drama (Fedra, Un tranvía llamado deseo), ni una deliciosa comedia (al estilo de Un hombre y dos jefes). Apuesta por una historia de aventuras que originalmente se publicó por entregas en una revista infantil. La pluma del escocés Robert Louis Stevenson (1850-1894) es tan variada que de ella surgió un texto tan escabroso como El extraño caso del doctor Jekyll y Mr. Hyde, y otro cándido en apariencia como La isla del tesoro.
Aunque esta anécdota ha sido utilizada en obras de teatro y películas para niños, no deja de tener su buena dosis de violencia y algún tinte de perversidad; Long John Silver no se tienta el corazón para matar con salvajismo a sus enemigos, y en un momento dado besa a Jim en la boca (esto último por cortesía de la adaptación).
De manera fortuita, Jim se involucra en la búsqueda de un tesoro que genera la creación de dos bandos: un puñado de ingenuos sin ninguna experiencia como marineros vs. un grupo de piratas mal encarados (y perfectamente caracterizados). A casi todos ellos los mueve la ambición, y por ende no puede hablarse de buenos y malos sin caer en contradicciones.
Varios trucos de magia causan admiración entre los personajes y el público, mientras que algunas canciones folk, al compás de un violín, hacen más animada la travesía marítima. En resumen, la directora Polly Findlay sale bien librada de este experimento que apela al infante que todos llevamos dentro.

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