sábado, 14 de febrero de 2015

Iolanta / El castillo de Barbazul: Cadenas de amor

Iolanta / Foto: The Metropolitan Opera

Transmisión de ópera en vivo desde el Met de Nueva York. HD / 14 de febrero, 2015 / Función única /
 3:40 hrs. de duración / Promotor: FUAAN.

Fernando Figueroa
¿Qué tienen en común una princesa ciega que vive dentro de una burbuja creada por su padre y, por otro lado, una mujer que se casa con un monstruo a sabiendas de que él no es una perita en dulce? El productor polaco Mariusz Trelinski tiene su propia respuesta y la planta en medio de Manhattan.


La presentadora Joyce DiDonato habla de un “maridaje insólito” al referirse a esta doble cartelera del Met Nueva York, que incluye a Iolanta de Tchaikovsky, y El castillo de Barbazul de Béla Bartók. Al ser entrevistado durante el intermedio, Trelinski lanza una audaz propuesta: Iolanta y Judith son la misma mujer en momentos diferentes de su vida: “Iolanta tiene un final feliz y El castillo de Barbazul, trágico, pero también pueden verse como la primera y segunda parte de una sola historia”.

Cineasta de origen, Trelinski participó con Posegnanie jesieni (Farewell to Autum) en el Festival de Venecia de 1990. Sus montajes operísticos remiten en general a la estética de célebres películas; en Iolanta y El castillo de Barbazul hay guiños al cine negro de los cuarenta, especialmente a Rebecca, de Alfred Hitchcock.
Iolanta trata acerca de una joven ciega (Anna Netrebko, soprano) que no está consciente de tal carencia, pues quienes la rodean tienen prohibido decirle que otras personas sí pueden ver. El médico moro Ibn-Hakia (Alexei Tanovitski, bajo) asegura que puede curarla, pero es necesario que ella tenga el deseo de que eso suceda, condición que no acepta el rey René (Elchin Azivov, bajo), quien teme un shock demasiado fuerte para su hija.
Por casualidad, el Conde Vaudémont (Piotr Beczala, tenor) conoce a Iolanta, se enamora de ella y le habla de la existencia de la luz en el mundo. Al enterarse, el rey enfurece, pero luego comprende que ese contratiempo abre las puertas para que el doctor entre en acción y sane a la invidente, quien al final se casa con el Conde.
Iolanta se estrenó en 1892, en el Teatro Mariinsky de San Petersburgo, mismo sitio en el que Anna Netrebko trabajó de muy joven como conserje, donde el director Valery Gergiev la descubrió como cantante. Ahí mismo, en 2009, ambos artistas participaron en la producción de Trelinski. Ahora, Gergiev está en el foso y Netrebko en el escenario del Met.
Anthony Tommasini (The New York Times) fue al estreno del 29 de enero pasado y escribió al respecto: “La música de Tchaikovsky es nostálgica, temblorosa y llena de anhelo, cualidades que Netrebko comunica a través de su canto agridulce”. Al crítico le pareció que el trabajo de Gergiev fue aceptable, pero que perdió continuidad en algunos pasajes. El trabajo de Beczala lo calificó como “elegante y lleno de emoción”.
El castillo de Barbazul narra la llegada de Judith al espacio tétrico de su marido. Ella desea introducir la luz y abre siete puertas secretas; se encuentra con una sala de tormentos, un arsenal, una colección de joyas, un jardín y un paisaje, todos ellos ensangrentados. También hay un lago de lágrimas y el espacio donde habitan las anteriores esposas del misterioso personaje. Judith no consigue su propósito y Barbazul está destinado a repetir la historia con una siguiente víctima.
Seguramente, Trelinski no sabe que en México trabajó un paisano suyo, director de teatro, de nombre Ludwig Margules, pero es un hecho que hay vasos comunicantes y de alguna manera la cosmovisión de ambos se conecta. Cualquiera diría que Trelinski vio la versión de Margules del Cuarteto de Heiner Müller, y que reprodujo ese ambiente frío de las paredes y los personajes en El castillo de Barbazul.
En la ópera de Bartók sólo hay dos personajes, quienes intentan evadir un destino trágico e ineluctable. La soprano Nadja Michael es tan buena cantante como actriz y parece que nació para ser Judith; proyecta un erotismo desbordado y la inquietante sumisión que caracteriza a su personaje. El bajo Mikhail Petrenko también posee una voz potente y gran presencia escénica, pero no alcanza los altísimos niveles de su compañera.
 
El castillo de Barbazul / Foto: The Metropolitan Opera
Los sofocantes espacios en que se mueven Judith y Barbazul se entrelazan con imágenes de video que aumentan la sensación de terror. La música aporta hondura y oscuridad. Es evidente que la dama se dirige al fracaso, pero ningún espectador sería capaz de detenerla porque el morbo no conoce la saciedad, y Trelinski lo sabe.
En resumen, Iolanta tiene un padre que la domina con su sobreprotección, y Judith es incapaz de abandonar a un marido cruel. Infancia es destino.

Última del ruso y única del húngaro
• En la tradicional charla previa, en el Lunario del Auditorio Nacional, el maestro Sergio Vela elogió la música de Iolanta por su “sentido melódico de enorme fuerza sonora”. De El castillo de Barbazul destacó “su partitura genial y orquestación exuberante”.
Iolanta fue la última ópera que compuso Tchaikovsky. El libreto lo escribió su hermano Modest, a partir de la obra La hija del rey René, de Henrik Hertz. El Met la presenta por vez primera en su historia.
• Durante las entrevistas del intermedio, Anna Netrebko se muestra feliz de cantar en ruso, y dice lo que piensa antes de cada función de Iolanta: “Vamos, niña, se trata de Tchaikovsky, y tienes que hacerlo muy bien”. Valery Gergiev considera que “Iolanta va de la oscuridad a la luz, y Judith de la oscuridad al infierno”.
El castillo de Barbazul, la única ópera de Béla Bartók, se estrenó el 24 de mayo de 1918, en el Teatro Real de Ópera de Budapest. El libreto en húngaro lo escribió Béla Balász, en una versión libre del cuento “Barba Azul”, de Charles Perrault. El trabajo de Mariusz Trelinski es una nueva producción, realizada ex profeso para esta doble cartelera.
• En las entrevistas del intermedio, Nadja Michael comenta que le resulta inquietante “no saber nada del pasado de Judith, quien se enfrenta a sus miedos cada vez que abre una puerta”. Mikhail Petrenko señala que esta es la cuarta vez que interpreta a Barbazul, y siempre tiene la errónea impresión de que el personaje podría cambiar su forma de pensar y vivir. (F.F.)

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