viernes, 23 de marzo de 2007

Ely Guerra: Canciones para cerrar los ojos

23 de marzo, 2007 / 1000 asistentes / Función única / 
1:40 hrs. de duración / Promotor: Juan de Dios Balbi

David Cortés
En diez años, Ely Guerra ha transitado por múltiples escenarios, estadios e imágenes. A la tapatía le gusta escandalizar mediante continuos cambios de apariencia, declaraciones siempre frontales y espontáneas, pero sobre todo seduce con su música y su canto.


En su segunda visita al Lunario,  la cantante recurre a algunos trucos conocidos por sus seguidores: la presentación de cada una de las canciones, los movimientos histriónicos un tanto exagerados pero que encantan a quienes la han visto una, dos y hasta diez veces, y las frases políticamente correctas se suceden perfectamente ordenadas. Incluso una intempestiva carrera que culmina con un celebrado stage diving sorprende, aunque ya no resulta novedoso.

Su belleza, diría el cantante folk Sufjan Stevens, distrae bastante de su arte, porque el valor de Guerra no radica en su físico, ni en su sensualidad, ni en la presencia escénica desplegada sobre el escenario. Por encima de estos atributos, su apuesta ha sido por la música, por la construcción de canciones y por el crecimiento orgánico de las mismas.
La solidez musical alcanzada se debe a la conjunción de una banda de soporte que ha permanecido prácticamente inalterable desde su conformación hace una década y en donde la libertad nace del hecho de tocar rock, pero de no pertenecer a este género, sino a los caudales del jazz en donde la no sujeción es moneda corriente. La red de contención que tiende el cuarteto —Hernán Hecht, batería; Nicolás Santella, piano; Ezequiel, bajo; y esta noche como invitado especial Pablo Valero en la guitarra— le permite a la menuda cantante hacer lo que quiera. Lo mismo se regodean al alargar una introducción, que se solazan en la parte media de un tema e improvisan el puente, añadiendo un inconfundible sabor a jazz, condimento que imprime otros matices a la obra de Guerra.
Si en sus canciones hay instantes en que se extraña el gancho melódico atrayente, un coro pegajoso a la manera de “Ojos claros, labios rosas”, o las explosiones de poder en la vena de “Ángel de amor”, esas ausencias se cubren con ligeras síncopas que, lejos de edulcorar, otorgan cuerpo y brillo al repertorio de la compositora. La química entre el quinteto se traduce en dinamismo y una contundencia extra de la cual han dejado apenas un reflejo en Teatro Metropólitan, el más reciente álbum de la cantante.
Son los llamados Elys Guerras los protagonistas ocultos de la noche. No importan los esfuerzos de la compositora por llamar la atención sobre ellos, su público sólo quiere reconocerla a ella: cualquier palabra que profiere es recibida como dogma de fe. Afortunadamente, este vocablo se enmarca en un trabajo de creación que la libera un poco de su ortodoxia y la vuelve apetecible por su esencia y no sólo por su imagen.

Programa
Te amo I love you / Puerto Vallarta / Abusar / De la calle / No quiero hablar / Peligro / Yo no / Ángel de amor / Más bonita / Pa-ra-ti / Silencio / Vete / Tengo frío / Pa’ morirse de amor / Mi playa / La tumba falsa / Ojos claros, labios rosas / Quiéreme mucho

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