sábado, 28 de febrero de 2015

Armando Palomas: Dr. Jekyll y Mr. Hyde

Foto: Chino Lemus / Colección Auditorio Nacional

Alas & víboras en directo / 28 de febrero, 2015 / Función única / 2:35 hrs. de duración / 
Promotor: Kaimán Entretenimiento, S.A. de C.V.

David Cortés
No es un MC, aunque las más de las veces y si la ocasión lo amerita, funciona mejor que uno. Palomas, de nombre de pila Armando, bien puede adjudicarse el mote de The Real Thing.

Hoy su capacidad para conectarse con el público es palpable, un Lunario abarrotado lo acompaña a cada momento con su grito de batalla: “¡Salud!”; pero también corea cada una de sus canciones y se regodea en sus bromas, en sus decires (“soy solamente un fulano que se divierte con lo que hace… que le encanta la fiesta”), en las breves anécdotas que cuenta.

Soez para unos, genio para otros, el compositor posee una honestidad a toda prueba que le ha permitido crecer mediante el “boca a boca” y cumplir veinticuatro años en los escenarios, que hoy festeja con la grabación de un álbum en vivo, el tercero de su trayectoria.
Detrás de él, un octeto traza veredas y él se interna, confiado, seguro, por los caminos del blues; otras lo conducen por el dixieland; los rastros del arrabal se advierten en el horizonte y la trompeta perla el lugar de sudor, sexo, erotismo; por acá aflora el son, una cadencia latina, sensual. Y él, sabedor de sus capacidades (“me encanta mucho hacer de Dr. Jekyll y Mr Hyde”, dice, ufano), se interna por esas rutas e invita a la concurrencia a viajar con él.
No hay afeites, ni engaños, el cantautor es directo, simplemente es él, ésa es la piedra angular que lo sostiene… y sus amigos. Primero sube Francisco Barrios, El Mastuerzo, le sigue Arturo Meza, el bardo de bardos, pero a pesar de este condimento de lujo, la noche toda es del hidrocálido.
Nuevos trajes adornan viejas canciones, se escuchan renovadas y su banda no ceja en imprimir fuerza. Bien sea un tema con las huellas del delta del Mississippi, un country, una rumba o un bolero cimentado únicamente en el piano, a Palomas no le importa la etiqueta, siempre se mueve con soltura, con la facilidad que tiene para comunicarse con los suyos.
 
Foto: Chino Lemus / Colección Auditorio Nacional

¿Podría sobrevivir sin el albur o los juegos de palabras? Para él, no son tretas, están unidos consustancialmente a su persona. Un autor comedido, pulcro, contenido, sería una mera caricatura. Hoy uno de los sobrevivientes del movimiento rupestre de la década de los ochenta, se entrega sin ambages, y en el lugar quedan las improntas de ese cariño que ha sabido granjearse con los años y una actitud sin dobleces. “Nací en Aguascalientes, pero yo soy de todo México”, dice, y ése es el mejor colofón para una noche marcada por la excepción.

Programa
Intro / Puros besos / ¿Cuándo será sábado otra vez? / El viejo indecente / El amor descansa / Dulce canción de chocolate con cianuro / La novia / Bolero pelón / Bar animal / Prohibido (con Francisco Barrios) / Manual para conquistar a Claudia / Necrofilia enamorada / Tú y la borracha noche / Perdón por la extraña manera de despertarte / Déjame besar tus ojos (con Arturo Meza) / Hasta el fondo del zaguán / Rumba de la comisaría / Kilómetro 70 / Apocalíptica canción de amor / Autorretrato / Y yo con ganas de beberme el suelo / Gatos, perros y este asqueroso blues / Amanece diario y la extraño / Tres veces siete / De uno por uno, de dos en dos / La canción del mutilado.






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