sábado, 31 de enero de 2015

Los cuentos de Hoffmann: Cenizas del corazón

Foto: The Metropolitan Opera


Transmisión de ópera en vivo desde el Met de Nueva York. HD / 31 de enero, 2015 / Función única / 
3:45 hrs. de duración / Promotor: Fideicomiso para el Uso y Aprovechamiento del Auditorio Nacional.

Fernando Figueroa
Los cuentos de Hoffmann es una ópera en francés de Jacques Offenbach, en la que se narran cuatro fracasos amorosos de un escritor a quien se le dificulta entender que todas las mujeres que lo han hecho sufrir son la misma —tal como se lo advierte su musa—, y que los villanos a los que se enfrenta también son uno solo (el mal).

En algunas producciones, las amantes fallidas son representadas por una sola soprano o mezzosoprano, y algo similar sucede con los respectivos malosos, que son desempeñados por un barítono. Otra opción socorrida contempla a cuatro intérpretes en cada bando; sin embargo, Bartlett Sher presenta en el Met una rara combinación: Tomas Hampson sí abarca todo el espectro antagónico varonil, pero los papeles femeninos son cubiertos por tres cantantes, ya que a Hibla Gerzmava (soprano) le corresponden dos papeles: Stella y Antonia. En la tradicional charla previa, efectuada en el Lunario del Auditorio Nacional, el maestro Sergio Vela se refirió a esa cuestionable decisión del productor, pues confunde a quienes no están enterados de ciertos pormenores.
La historia da inicio en una taberna alemana, donde Hoffmann (Vittorio Grigolo, tenor) piensa con angustia en su amada del momento, Stella, pero también en otras que se han ido de su vida: Olympia (Erin Morley, soprano), Antonia, y Giulietta (Christine Rice, mezzosoprano).
La musa aparece disfrazada como Nicklausse (Kate Lindsey, mezzosoprano), el mejor amigo de Hoffman, alguien que siempre lo aconseja con buenas intenciones. En tal papel masculino, Lindsey logra una interpretación de altos vuelos en el canto —Zachary Woolfe (The New York Times) define su voz como “plateada y cremosa”—, y en el terreno actoral su elegancia y mirada profunda son de lo más impactante de la función.
Tales elogios para Lindsey cobran otra dimensión porque alterna con un monstruo de la ópera como Thomas Hampson, la encarnación misma de la presencia escénica. El menos afortunado resulta Vittorio Grigolo, no porque esté mal en su rol protagónico sino porque los otros dos ponen la vara demasiado alta. Zachary Woolfe afirma que Grigolo ya no es el intérprete acelerado y egoísta de sus anteriores presentaciones en el Met (La Bohème y Rigoletto), pero considera que aún le falta mayor moderación cuando interactúa en duetos o tríos (que es la mayor parte del tiempo).
Hoffmann es tan ingenuo que se enamora de una muñeca llamada Olympia. Gracias a unos lentes especiales —singular metáfora del amor—, él la ve como si fuera humana. Erin Morley ejecuta con mucha gracia los movimientos robotizados y luce una impecable coloratura cuando se requiere.
El siguiente amorío del protagonista se da con Antonia, una mujer de voz poderosa y salud débil, cuya fallecida madre fue una gran intérprete profesional. Hoffmann y la joven disfrutan cuando cantan juntos, pero ambos saben que ella no debe excederse en la intensidad porque podría morir. El Doctor Miracle convence a Antonia de que no hay peligro si ella sigue los pasos artísticos de su mamá, lo que resulta fatal.
El último fracaso de Hoffmann se produce con Giulietta, una cortesana veneciana de cascos ligeros. Por más que Nicklausse quiere abrirle los ojos, aquél se empeña en ver la vida color de rosa. La realidad se encarga de ponerlo en su sitio porque ella no sólo le roba su reflejo en el espejo (azuzada por el siniestro Dapertutto), sino que además se va con otro amante.
El epílogo sirve para que Nicklausse trate, una vez más, de convencer a Hoffmann para que se refugie en su propia creatividad y olvide las decepciones que han convertido su corazón en cenizas.
El crítico Woolfe acierta al definir el conjunto de las imágenes de esta producción como una mezcla de Fellini, Kafka y Magritte. A ello contribuyen la escenografía de Michael Yeargan, el vestuario de Catherine Zuber y la iluminación de James F. Ingalls.

Barcarola y reflejo perdido
• Jacques Offenbach vio en el teatro Odeón de París el melodrama Los cuentos fantásticos de Hoffmann, de Jules Barbier y Marcel Carré, basada en textos del escritor al que alude el título. Años después, Barbier escribió el libreto para la ópera. Offenbach murió antes de terminar la composición, que fue estrenada en París, en 1881, con adiciones de Ernest Giraud (el mismo que le metió mano a Carmen de Georges Bizet).
• Offenbach (1819-1880) nació en Colonia, Alemania y emigró a París, donde escribió decenas de operetas de gran éxito. En 1864 compuso Las ninfas del Rhin, ópera en la que está incluida “Barcarola” (“Belle nuit, ô nuit d’amour”), que luego utilizaría nuevamente en la escena veneciana de Los cuentos de Hoffmann.
• E.T.A. Hoffmann (1776-1822) nació en Königsberg, hoy Kaliningrado (Rusia) y emigró a Alemania. Además de ser un reconocido escritor de textos fantásticos, también fue jurista, pintor, cantante y compositor. Sus cuentos “El hombre de arena”, “El violín de Cremona”, “Las aventuras de Nochevieja” y “El reflejo perdido” sirvieron de base para el libreto de la ópera de Offenbach.
• La producción de Bartlett Sher se estrenó en el Met de Nueva York en 2009. En esa ocasión participaron Joseph Calleja (en sustitución de Rolando Villazón), Anna Netrebko, Alan Held, Kate Lindsey (insustituible), Kathleen Kim y Ekaterina Gubanova. La dirección de orquesta corrió a cargo de James Levine; en 2015 Yves Abel tiene la batuta.
• Durante las entrevistas del intermedio, Erin Morley comenta que la nota más alta que alcanza como Olympia es “la bemol, más cerca de un chillido que del canto”. A Vittorio Grigolo le entristece saber que Offenbach no pudo estar presente en el estreno de Los cuentos de Hoffmann. Kate Lindsey señala que el personaje de la musa “es parte de la psique de Hoffmann, algo que todos tenemos en nuestro interior y que nos empuja en cierta dirección”. Thomas Hampson dice que “los cantantes sólo deben preocuparse del presente, y olvidar si están haciendo una carrera importante en la historia de la ópera”. (F.F.)

Related Posts Plugin for WordPress, Blogger...
Se ha producido un error en este gadget.