sábado, 17 de enero de 2015

La viuda alegre: Broadway en el Lincoln Center


Foto: The Metropolitan Opera

Transmisión de ópera en vivo desde el Met de Nueva York. HD / 17 de enero, 2015 / Función única / 
3:00 hrs. de duración / Promotor: Fideicomiso para el Uso y Aprovechamiento del Auditorio Nacional.

Fernando Figueroa
La más reciente travesura de Peter Gelb, gerente general del Met de Nueva York, consiste en programar ahí una opereta —género vilipendiado entre cierto sector de los amantes del drama lírico—, utilizando en los papeles principales femeninos a la consentida de ese recinto (Renée Fleming) y a una de las reinas de Broadway (Kelli O’Hara). ¿Quién puede resistirse a esa oferta?


En tal duelo de sopranos el único ganador es el público que atestigua en vivo y vía satélite. El carisma de Fleming (¡buena bailarina de valses!) no opaca el debut operístico de Kelli O’Hara, quien es dueña de una voz poderosa y dulce, y que además ejecuta una rutina de cancán de alto grado de dificultad. En entrevista previa con El Universal, O’Hara declaró que Fleming no sólo es una gran artista sino también una mujer generosa que arropa a los jóvenes. Y en las charlas del intermedio señala que su debut en la ópera es una experiencia “surrealista, abrumadora, aún creo que estoy soñando”.

Curiosamente, Renée Fleming anuncia que el próximo 1 de abril debutará en Broadway con la obra Living on Love, una comedia musical de Joe DiPietro basada en Peccadillo, de Garson Kanin, que trata acerca de… una estrella de la ópera. Digamos que le pagará con la misma moneda a O’Hara.
Al escribir acerca de La viuda alegre, Anthony Tommasini (The New York Times) destaca la elegancia y glamour que proyecta Fleming, al mismo tiempo que se declara fan de O’Hara, a quien le pone palomita en su debut en el Lincoln Center. Sin embargo, el crítico considera que el Met no es el lugar ideal para montar una opereta; le parece que es un recinto muy grande, en donde se pierde la intimidad de los diálogos hablados, característicos de ese género. Afortunadamente, eso no se percibe en la pantalla del Auditorio Nacional (ni de cientos de teatros y cines alrededor del mundo) gracias a los acercamientos de las cámaras y al poder de los micrófonos.
Es justo decir que Fleming y O’Hara no son los únicos atractivos de la función, ni mucho menos. En primer lugar está, por supuesto, la chispeante creación de Franz Léhar, con libreto de Viktor Léon y Leo Stein, a partir de la comedia El agregado de la embajada, de Henri Meilhac. La viuda alegre (Die Lustige Witwe) fue escrita en alemán, pero la nueva producción de Susan Stroman (ganadora de cinco premios Tony) utiliza una traducción al inglés de Jeremy Sams.
Las operetas suelen contar historias descabelladas y ésta no es la excepción. La viuda del título (Hanna Glawari, interpretada por Fleming), es oriunda de Pontevedro y asiste a una fiesta en la embajada de ese país en París, donde el plan es conseguirle un nuevo marido entre sus paisanos para que el dinero no salga de la empobrecida nación. El mejor candidato es Danilo Danilovich (Nathan Gunn, barítono), un encantador mujeriego pontevedrino que medio trabaja en la embajada pero casi despacha en el Maxim’s.
La producción se caracteriza por imprimir gran dinamismo a las acciones, y el momento culminante surge cuando la historia se traslada de una terraza de la casa de Hanna al Maxim’s; como por arte de magia la escenografía se modifica paulatinamente y es entonces cuando uno comprende que los vasos comunicantes entre el Met y Broadway nunca habían sido tan evidentes como en este caso.
El estira y afloja entre la viuda y Danilo es el eje central de esta opereta, pero también hay una historia paralela muy entretenida: el embajador de Pontevedro en Francia es un anciano (Barón Mirko Zeta, interpretado por el barítono Thomas Allen), quien parece no darse cuenta que su esposa Valencienne (O’Hara) flirtea todo el tiempo con Camille de Rosillon (Alek Shrader, tenor).
Al final, Hanna y Danilo comprenden que “la meta en la vida es el amor”, mientras que Valencienne no se atreve a dejar a su marido. En el foso, Andrew Davis dirige con alegría a una orquesta que recrea las “deliciosas” notas de Léhar, tal como las definió el maestro Sergio Vela en la tradicional charla previa, celebrada en el Lunario. 

Chicos del coro, micrófonos y rugby
La viuda alegre se estrenó el 30 de diciembre de 1905 en el Theater an der Wien de Viena. El nombre de Pontevedro que se utiliza en la historia sirvió para ocultar el país al que se refería Léhar: Montenegro.
• Franz Léhar (1870-1948) nació en Komárno (en la actual Eslovaquia), perteneciente al Imperio Austrohúngaro. Su música fascinaba a Hitler y por eso nunca fue prohibida en los territorios dominados por el Führer.
• Joyce DiDonato, en su papel de presentadora, resumió así esta producción de Susan Stroman: “El encuentro entre la ópera y Broadway”.
• En las entrevistas del intermedio, Renée Fleming dijo que durante diez años tomó clases de baile y por eso se ve tan desenvuelta en los valses. Kellie O’Hara mencionó que en la universidad estudió ópera, sobre todo papeles de coloratura.
• En esta ocasión los cantantes utilizaron micrófonos en el Met, pero sólo para las partes habladas del libreto. “De lo contrario, hubiéramos tenido que gritar”, explicó la señora Fleming.
• Todo el coro del Met participa también en los bailes (¡valses y cancán!). En cuanto al vestuario, se utilizan trescientos dieciocho trajes.
• Ya con setenta años cumplidos, Thomas Allen dice que de joven le interesaba mucho más el rugby que el teatro o la música. (F.F.)

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