jueves, 15 de enero de 2015

La Arrolladora Banda El Limón de René Camacho: Hasta que el cuerpo aguante

Foto: Fernando Aceves / Colección Auditorio Nacional

Gira Ojos en blanco / Del 15 al 17 de enero, 2015 / Tres funciones / 
2:50 hrs. de duración / Promotor: MZT, S. A. de C.V.

David Cortés
Hace un año exactamente, este ensamble de dieciocho cabezas dirigido por el clarinete de René Camacho, pisó por primera vez el Auditorio Nacional. En ese entonces hubo un poco de cautela para apoderarse del lugar; pero hoy, Jorge Medina, el frontman, impone la pauta. Confiado, sin reservas, dueño de sí mismo, asume el liderazgo y, respaldado por sus compañeros, conduce a los asistentes por lo más representativo de su repertorio.


La Arrolladora Banda El Limón regresa al coso de Reforma, sitio que han hecho su casa. Hace doce meses vendieron cuatro presentaciones en una semana con sold out. Esta vez sucede lo mismo, y cuando uno los ve allí arriba, con sus vistosos uniformes, las razones de su éxito comienzan a aparecer.

No hay nada velado en su música y tal vez allí está la receta. Los temas se entregan de continuo, tanto que se muerden uno al otro. Por más de media hora, se teje una alfombra sonora que no da oportunidad a la interacción del grupo con el público. No es que exista una muralla o se haya colocado un témpano de hielo entre ellos, simplemente el ejército que se ha posicionado del escenario funciona como una maquinaria que conforme transcurre el tiempo adquiere más velocidad hasta convertirse en un bólido imparable que arrastra todo a su paso.
Una vez con las riendas en la mano,  se abre un poco de espacio a la guasa, a la broma, al chiste. En ocasiones aflora el doble sentido, la puya subida de tono, pero las más de las veces las intervenciones de Medina son para agradecer, contar una anécdota o presentar una canción. Eso sí, dice, “nos gustan los riesgos, queremos hacer cosas peligrosas” e invitan a Brian Amadeus (Moderatto) a tocar su guitarra y cantar “La llamada de mi ex”. Más tarde, “porque tenemos muchas sorpresas”, es la Orquesta Sinfónica Juvenil de la Universidad Autónoma del Estado de México la que presta sus cuerdas a la Arrolladora para decorar un par de sus composiciones (“Hablando en serio”, “Siempre estás tú”; y cierran con un video en donde Miguel Herrera, entrenador de la Selección Nacional de futbol, les desea suerte.
Son conocidos los maratónicos conciertos de esta banda (“nuestro récord —comenta Medina— es de cinco horas y media sin parar”), y esta noche no es la excepción. Hace mucho el lugar dejó su atmósfera de circunspección, para tornarse convulso espacio en donde los cuerpos se agitan y buscan el entrelazamiento. Hay parejas que lo consiguen y sin rubor hacen acrobáticas demostraciones de movilidad en el espacio asignado a dos butacas.
José Beltrán, segundo vocalista, baja del escenario, se cuela entre las filas, sube a una silla y desde allí canta, arenga al público, se toma selfies. En otro momento, él, Medina y Vicen Melendres (tercer vocalista) invitan a unas pequeñas admiradoras a subir al escenario y se toman fotos con ellas. La agrupación tiene muy claro que es “la banda número uno por su público” y tratan de demostrarlo en cada momento, tienden un lazo de comunicación constante con sus fanáticos. No en balde han cosechado gran cantidad de premios en su trayectoria —en 2013 y 2014 se hicieron acreedores a las Lunas del Auditorio en la categoría de Música Grupera—, pero eso se ha cimentado en el don de gentes que no olvidan. 
Medina y Beltrán aluden con frecuencia al tiempo, a que tocarán mientras la gente lo pida (y la respuesta es una abrumadora gritería), pero hacen hincapié que hay un horario a cubrir. El juego con este asunto es frecuente, pero eso no impide que mientras tanto la banda despliegue cada uno de sus temas, lo mismo propios que de otros compositores. Así, el desfile incluye, entre otros, “Mi gusto es”, “El sinaloense”, “La boa”, “El ruido de tus zapatos”, “Cabecita dura”, “Qué me vas a dar si vuelvo” y “Siempre estás tú”; en un falso cierre invitan a varias damas a tomar el escenario, retratarse con los celulares y formar una víbora que nunca termina de cobrar forma. 
 
Foto: Fernando Aceves / Colección Auditorio Nacional
Como hace un año, Medina invita a seguir la fiesta y seguro que más de uno se apunta, pero el cansancio es manifiesto. Ese bólido que arrancara con intensidad por fin se detiene. En el camino ha atravesado por cumbias, baladas, rancheras, polkas y, como siempre, el trayecto ha sido más interesante que el punto de llegada. Así lo demuestran los rostros satisfechos que al final abandonan, a paso cansino, el Auditorio Nacional.

Regional mexicano en expansión
No es un misterio el cómo surgió la música de banda en Sinaloa. La vía fueron las orquestas militares de origen europeo; luego, los oriundos del lugar usaron esa instrumentación para sus polkas y valses. Con el tiempo añadieron ritmos rancheros para contar historias, cuenta la investigadora Helena Simonett. Sin embargo, el resurgimiento y la expansión de la banda tienen su asiento en la movilidad de los habitantes que la han llevado y traído en sus continuas migraciones. Por eso no es de extrañar que esta música sea un signo de identidad, una manera en la cual los mexicanos que viven en Estados Unidos, principalmente, se reencuentran con sus raíces.
A partir de esa difusión de boca en boca y el paso de cintas o discos de mano en mano, la música regional mexicana creó un nicho de mercado que propició la extensión de este género, porque a la vera de una agrupación como La Arrolladora Banda El Limón y de otras de semejante importancia, surgieron varios exponentes tanto en México como en el extranjero (la finada Jenni Rivera, Los Horóscopos de Durango, por mencionar a dos), que se han encargado de propagar estos sonidos nacidos de la fusión pero que hoy tienen rasgos propios. (D. C.)







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