domingo, 25 de enero de 2015

De ratones y hombres: Un pedazo de algo

Foto: National Theatre


National Theatre de Londres presenta / Del 25 al 27 de enero, 2015 / Tres funciones / 2:30 hrs. de duración / 
Promotor: Fideicomiso para el Uso y Aprovechamiento del Auditorio Nacional – Embajada Británica en México.

Fernando Figueroa
La directora Anna D. Shapiro dice que los personajes de esta obra “andan en busca de un pedazo de algo”. El actor James Franco considera que De ratones y hombres “captura el momento en que los seres humanos quedan a un lado a causa de la mecanización”.

De ratones y hombres, de John Steinbeck, narra la historia de George (James Franco) y Lennie (Chris O’Dowd), un par de amigos que buscan trabajo en el campo durante la Gran Depresión estadounidense. George es un tipo astuto y manipulador, mientras que Lennie representa literalmente a la fuerza bruta.

Andan huyendo porque, en el anterior empleo, Lennie se metió en problemas y George se solidarizó con él. Su vida es un constante ir y venir, pero desean juntar dinero para tener su propio ranchito y vivir felices para siempre. Como si fuera un niño al que le gusta que le lean un cuento antes de dormir, Lennie le pide constantemente a su compañero que le describa cómo será la propiedad que comprarán y éste lo complace como si fuese un padre amoroso.
Cuando arriban a su nuevo trabajo, son recibidos con hostilidad por Curley (Alex Morf), hijo del dueño de la finca, y con cierta camaradería por los jornaleros que viven en una barraca, quienes paulatinamente se enamoran del proyecto de jubilación que traen en la mente los miserables recién llegados.
A Lennie le gusta acariciar “cosas suaves”, así que no es raro que traiga un ratón en la bolsa de la chamarra para tocar la piel del animal; desafortunadamente, no sabe medir su fuerza y suele despanzurrarlos. Lo mismo le sucede cuando le regalan un perrito recién nacido.
El hijo del dueño tiene una guapa esposa (Leighton Meester), una aspirante a actriz que se casó con Curley sólo para dejar la casa de sus padres. El aburrimiento en el campo la orilla a buscar plática con los trabajadores… y tal vez algo más con alguno de ellos.
Lennie y la esposa de Curley (no tiene un nombre específico dentro de la obra) se topan a solas en un momento crítico de sus vidas: él acaba de matar por accidente al cachorrito y no quiere que George se entere, mientras que ella trata de esconder una maleta porque piensa fugarse a Broadway por la noche. El cabello de la joven es muy suave y el destino quiere que Lennie lo constate; en un momento de confusión ella grita y las manos toscas de él la desnucan sin querer.
Anna D. Shapiro afirma que, como madre que es en la vida real, se identifica con la responsabilidad que George carga sobre sus hombros al andar con un tipo como Lennie. También cree que George es incapaz de tener sueños por sí mismo y por eso no abandona a su amigo.
El final llega cuando Curley y los empleados salen en busca de Lennie para matarlo. George sabe exactamente dónde se esconde, lo encuentra y le dispara por la espalda mientras le cuenta cómo será la propiedad donde vivirán juntos y felices.
La obra de Steinbeck es tan poderosa que no pierde actualidad (los grandes temas nunca se diluyen: la amistad, el temor a la soledad, la explotación humana, el racismo). Fue escrita como novela en 1937 y ese año se estrenó la versión teatral, del mismo autor, con Broderick Crawford como Lennie y Wallace Ford en el papel de George. En 1939 fue llevada al cine por el director Lewis Milestone, con Lon Chaney Jr. interpretando a Lennie, y Burgess Meredith a George. En 1992 John Malkovich se puso en los zapatos de Lennie, en una película de Gary Sinise. En 1969 Carlisle Floy escribió una ópera con el mismo tema.
El montaje de Shapiro es muy convencional y eficaz. Se ve el campo, un arroyo y los cuartuchos donde viven, por un lado los jornaleros blancos, y por el otro un solitario afroamericano.
Muchos espectadores asisten para ver cómo James Franco (127 Hours, Spiderman, James Dean) se comerá en escena a Chris O’Dowd, pero resulta que nadie se come a nadie. Ambos se acercan al diez de calificación con su desempeño actoral, pero si hubiera que escoger sólo a uno como puntero, tal vez el actor más famoso saldría perdiendo.

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