viernes, 12 de diciembre de 2014

Paté de Fuá: La nostalgia alegre


Foto: Carlos Alvar / Colección Auditorio Nacional


Película muda. Parte 1. Petit comité / 12 y 13 de diciembre, 2014 / Dos funciones / 
2:00 hrs. de duración / Promotor: FUAAN Financiera, S.N.C.

Marcela Rodríguez
Ya suenan los primeros acordes, ya viene por la calle de un pueblito la compañía musical anunciando el espectáculo. No. Ya suenan los primeros acordes, ya entra la orquesta en el estudio para grabar la banda sonora de una película de Fellini con clowns. No. Ya suenan... ya entra... tarantela… exterior… día… escena de fiesta de El Padrino. 


Petit comité se llama el concierto porque esta noche hay mesas y sillas, y al día siguiente el espacio quedará libre para una segunda presentación denominada El baile. En ambos casos se trata de presentar el álbum Película muda. Parte 1, de Paté de Fuá, la singular banda argenmex.

Paté de fuá, uno más económico que el foie gras francés; el fuá es cosa porteña, del Río de la Plata, su símil en música, el tipo cafón, música popular con esas raíces de campiña europea. Estos son acordes juguetones, de comedia, de aventura por venir, aunque la letra nostálgica habla de amor, como uno primero surgido en una esquina de mi barrio, que puede ser el suyo o de cualquiera. “Yo le cantaba a su orejita perfumada / Y ella en silencio me escuchaba con rubor / Perdí mi corazón con la última mirada de dolor / La madrugada que ella dijo adiós”.
Una tarea menos para la banda es animar a la gente. En el comer, dormir y aplaudir todo es comenzar. Clap clap clap ad infinitum. Encima, Yayo, el vocalista, sabe echarse al público a la bolsa: “Hay muchas mujeres presentes. Eso es una bendición. Los pocos hombres que hay son tipos inteligentes, por eso están aquí”. Clap clap clap.
El momento de juntar las cabecitas novio con novia llega con el tipo bolero “Mi corazón”, músculo que se rompe con “No me platiques más”, su tributo a José José; la banda reconoce que los hombres sólo gustan de la competencia en el futbol, no en el campo del cortejo. 
Se viene un desfile de ritmos orquestales muy años treinta, de baile de salón, el danzarín foxtrot, “¿A dónde vas?”, “Corona de espinas”, con todo y Ginger Roger y Fred Astaire en pantalla. Trompeta y sax muy suaves y el acordeón que suena a bandoneón.
Como en una montaña rusa, otra vez arriba, en “El extranjero”, no el de Albert Camus sino el que pone a girar los ánimos, como azúcar en la sangre, como xilófono travieso en los oídos. El frenesí sigue con “La canción de Linyera”: “No sé llorar / y en la vida deseo triunfar / no tengo norte / no sé a dónde voy”. ¡Gulp! En algún punto, Linyera somos todos. Pero a buen ritmo. El contrabajista, Luri, le hace cositas a su instrumento, lo rasca, acuesta, roza sin pudor, lo monta. Ah, y todos, músicos y público contentos por el maratón Guadalupe-Reyes. “¡Salud!”, licor en mano, desea Yayo.
“Vamos a hacer un tanguito de los viejos”: “Muñeca”. Claramente un poema de conquista, que se torna una indemnización de despecho, suena tanguero el acordeón y sirve para que el bajo perfil de Rubén se ilumine con luz blanca, “el señor entusiasmo”, refiere Yayo, no está claro si lo dice con ironía.
 
Foto: Carlos Alvar / Colección Auditorio Nacional
Los acordes entre bonaerenses y napolitanos avivan el fuego, puede ser con “El supermercado”, “Paloma cruel” o “Celoso y desubicado”. Acá lo que vale es el ejercicio del cuerpo movido por la música solita, el ejercicio mental de la evocación a otro tiempo, a otra geografía, a otros géneros musicales y de expresión, como el cine. La película puede ser muda, la música nunca, siempre nos habla.

Programa
Esquina de mi barrio / ¿A dónde vas? / El extranjero / El fantasma enamorado / Corona de espinas / Mi corazón / No me platiques más / Mujer que te peinas / La canción de Linyera / Película muda / Princesita / Paloma cruel / Muñeca / El supermercado / Yuyo verde / Amparito / Celoso y desubicado / Vamos a morir / Lo que pudo ser / Invitación al vals / El valsecito de Don Serafín. 





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