sábado, 13 de diciembre de 2014

Paté de Fuá: Comunicación lúdica y amorosa

Foto: Carlos Alvar / Colección Auditorio Nacional

El baile / 13 de diciembre, 2014 / Segunda de dos funciones / 2:30 hrs. de duración / 
Promotor: Fideicomiso para el Uso y Aprovechamiento del Auditorio Nacional.

Rodrigo Farías Bárcenas 
El Lunario fue uno de los primeros foros que abrieron sus puertas a Paté de Fuá, cuando el grupo iniciaba sus andanzas, y desde entonces se presenta aquí con regularidad. Su presencia esta noche tiene un motivo especial: cerrar el ciclo de festejos por el décimo aniversario de un espacio inaugurado en 2004, con todos los buenos augurios, por Armando Manzanero y Tania Libertad.
Yayo González, cantante y guitarrista, expresa lo cómodos que se sienten en estas instalaciones, agradeciendo el buen trato que reciben por parte del personal técnico y administrativo cada vez que tocan aquí. 


El público es parte importante en esa experiencia de bienestar. Su rango es amplio, va más allá de la población juvenil. Recibe a la banda con gritos y aplausos impregnados de calidez. Yayo canta con una cualidad sedosa e intimista, propia de un crooner. Dedica “Mi corazón” a las mujeres presentes y es recompensado con otra gran ovación. En todo momento habla con soltura: no informa, conversa.

Si algo queda claro en los primeros minutos, es que a lo largo del tiempo músicos y audiencia han construido una óptima relación en familiaridad y confianza, gracias a la experiencia adquirida por los artistas en toda clase de escenarios de México y el extranjero. Es un logro difícil de alcanzar, en un medio tan inestable como lo es la escena independiente, que un grupo y su público maduren a la par. 
La estructura del evento consta de dos partes bien definidas, una tranquila —suponiendo que algo así pueda ocurrir en un concierto de Paté de Fuá— y otra para agitarse, bailar y cualquier cosa parecida. “La canción del Linyera” sirve de señal para que arranque la segunda etapa. Es cuando se suelta el brincoteo y el público está a punto de llegar a la máxima euforia. Inmerso en ese clima de contento, Yayo se refiere, en su característico platicar, a lo importante que según él ha sido el 2014 para los mexicanos, que define como “el año de la conciencia y despertar de la sensibilidad”. La gente le responde poniéndose a bailar con la instrumental “El medallón”. Paté de Fuá no es un grupo de rock, pero cuántos practicantes de ese género quisieran su energía. 
Si bien el cantante se desenvuelve como todo un performer, involucrando a la gente en el programa, justo es decir que cada colega, a su manera, también lo hace. El trompetista Guillermo Peralta mantiene una posición firme, se mueve poco, pero sobresale como guía musical, a él se deben los arreglos. Demián Cantilo es el propulsor rítmico en la batería, imparable; Luri Molina tiene una lúbrica relación con sus instrumentos, bajo eléctrico y contrabajo, a la que recurre para montar un sketch, durante el cual se contonea de una manera provocativa y juguetona. Dan Mazor, Alexis Ruiz y Víctor Madariaga se concentran en sus instrumentos —saxofón, vibráfono y acordeón, respectivamente— sin que ello menoscabe su presencia. Madariaga ocupa una silla, casi arrinconado, pero su fuelleo es tan vehemente que Yayo lo compara con “una bestia enjaulada”.
Todos despliegan un alto nivel, a eso de debe su versatilidad. La descripción de lo que hacen no se agota enumerando los géneros que manejan. Si es tango, blues, jazz, música popular francesa, española o italiana, lo que importa es que integran —que no mezclan— estos elementos y los ponen al servicio de las canciones, como un contexto sonoro que transparenta el sentido de las letras. 
 
Foto: Carlos Alvar / Colección Auditorio Nacional
Los cánticos que al final acompañan a Paté de Fuá, son una manifestación del porqué su espectáculo es considerado como uno de los mejores en los escenarios nacionales (recordemos que ha sido una presencia constante en la entrega de las Lunas del Auditorio). Hay razones de sobra que justifican esa apreciación. Una de ellas, quizá la principal, es la divisa que guía sus presentaciones: la música puede ser compleja para ellos como ejecutantes, pero debe ser comprensible y disfrutable para quien escucha. Su forma de comunicación es diáfana, intensa, lúdica, amorosa, congruente.

Programa
El soñador / Extranjero / Ojos brujos / Mi corazón / Corona / Fantasma enamorado / Yuyo verde / La colegiala / Bas-Aut / Mujer que te peinas / La canción del Linyera / El medallón / Llorarás / No me platiques más / Mendigo del amor / Amparito / Paloma cruel / Vamos a morir / Paloma negra / Celoso y desubicado / Nato a Barazra / Muñeca / Película  muda / Supermercado / Boquita pintada / El tren de la alegría / Sin razón, ni despedida. 






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