viernes, 19 de diciembre de 2014

La Rondalla de Saltillo: El secreto de Dorian Gray


19 de diciembre, 2014 / Función única / 2:00 hrs. de duración / 
Promotor: Ernesto Vargas Mancilla

Marcela Rodríguez
Por un par de horas el pasado se convierte en presente. La nostalgia no pesa. La rondalla de Saltillo es como el retrato de Dorian Gray, con sus rostros jóvenes de estudiantes, así hayan pasado cuarenta y ocho años de su fundación. Del otro lado del escenario, el tiempo sigue su curso; los hombres y mujeres tienen los surcos de la experiencia, el plateado de tantas lunas.
Catorce estudiantes, igual número de voces. Sus manos lo mismo tocan la guitarra que se hunden en la tierra. La rondalla pertenece a la Universidad Autónoma Agraria “Antonio Narro”, de Saltillo, Coahuila. Un empleado que viaja con el grupo dice que funcionan como el futbol americano amateur. Nadie puede pertenecer al equipo si acaso no es estudiante. 
Sirva el símil para ilustrar el secreto de la eterna juventud de esta rondalla que gestiona un estilo romántico, caballeresco, que viene desde sus inicios, en los sesenta. El solista, con voz engolada de antiguo locutor de radio, recita frases de galanteo antes de cada composición. Las conoce de memoria, a veces casi mantienen la estructura de un verso, así que su intervención es como una pieza aparte. Cada que habla, recibe aplausos como si se tratara de una canción.
La Rondalla de Saltillo, parte del imaginario nacional, tiene entre el público a dos jovencitas, la clara imagen de cómo en las familias rara vez faltó un LP, casete o compacto de la agrupación. Una comenta con la otra que este concierto le gusta más que el anterior (2013), “es que habían sacado un disco y cantaban esas canciones”, en referencia a Un bolero.
Al repertorio clásico suman covers como “Sin ti”, el hit de Harry Nilsson, “Without You”, de 1972; y el éxito de 1974, “Annie’s Song”, de John Denver, con un solo de armónica de enchinar la piel. Paloma querida”, de José Alfredo Jiménez, recuerda la forma natural de engarzar en México lo romántico con lo vernáculo. El público emite chiflidos como los usados en el campo, y exclamaciones del tipo “¡Échale racita!”
La que necesita echarle aplomo es una dama que cumple años. Invitada al escenario, la señora Luna se encuentra rodeada por los estudiantes que le cantan “Hoy que soy mayor”. Ella no sabe adónde voltear; desenvueltos, ellos la ven de frente, son catorce miradas que no puede sostener sin ruborizarse y encuentra en el piso un punto de fuga.
La lista que el cantante principal tiene anotada en las palmas, deja ver ese espíritu juvenil todavía, como si echara mano de un acordeón al examinarse. Su complexión menuda guarda tremendo vozarrón, y de hito en hito agota lo escrito en la piel:
“¿Quién no se dejó enamorar párvulamente con estas canciones?...  Cómo van pasando los años, y se quedan las canciones”.
¡Hasta la siguiente serenata venida del norte!

Programa
Llegaste amor / Alevántate / Noche callada / Canción de Annie / Cómo hago para vivir sin ti / En un rincón del alma / Yo quisiera / Sin ti / Confidencias de amor / Ansiedad / Cosecha muerta / Linda princesita / Paloma querida / Le pido a Dios / Historia de un amor / ¿Cómo has hecho? / Hoy que soy mayor / Fui lo mejor / Si nos quedara poco tiempo / Como el álamo al camino / Secretamente / Cómo imaginar / Morir de amor / Tema de historia de amor / Corazón de roca / Hasta dónde te quiero. 

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