domingo, 30 de noviembre de 2014

Los Ángeles Azules: Sabor monumental


Los Ángeles Azules sinfónico / 17 y 19 de octubre, 30 de noviembre, 2014 / Tres funciones / 
2:00 hrs. de duración / Promotor: OCESA Promotora, S.A. de C.V.

Alejandro González Castillo
Algo tiene, aunque resulta complicado saber exactamente qué es. Su situación podría compararse con la de un platillo que al ser probado genera gestos de placer en los ocupantes de una mesa; pero si se le preguntase a cada uno de los comensales en qué radica que su paladar se sienta tan satisfecho, la mayoría no tendría una respuesta atinada. Lo mismo pasa con la cumbia: todos comprenden que es sabrosa y que sirve para gozar. Y con eso parece ser suficiente; ¿habría que buscarle más?

Esta noche, Los Ángeles Azules traen consigo la receta para elaborar cumbia de la buena y sin reparos enseñan, paso a paso, cómo conseguirlo. En primera instancia, indican que hay que atacar los timbales, cencerros, platillos y güiros con tino. Luego, que las trompetas y trombones, bien brillantes, tienen el deber de ocupar el rol protagónico, tal como ocurre con el acordeón y los teclados, siempre que la voz se los permita. Y por último, demuestran que las historias de cada tema deben elegir uno de dos caminos: emancipar un amor adolescente, de perfil puro y sincero, o recorrer la ruta más placentera y sencilla, pavoneándose de esquina a esquina en la pista de baile mientras la pareja se contonea sin dejar de alabar el carácter delicioso del ritmo de origen colombiano.
Enfundados con trajes azules dueños de chispas plateadas, diecisiete músicos toman el escenario mientras un corazón inmenso late al fondo y, delante de éste, seis lenguas de fuego lamen el aire siempre que las congas repican. Al arranque del show, una voz anónima anuncia, con la enjundia propia de un maestro de ceremonias sobre un ring, que Iztapalapa es la tierra madre de los ejecutantes y que el resto del mundo debe saberlo. Más tarde, con un “¿se pueden poner de pie? Vamos todos a mover el bote”, Elías Mejía Avante consigue que una buena parte del público abandone su asiento y, muy discretamente, entre palmas, verifique las dimensiones que hay a su alrededor para entrever cómo va a arreglárselas para dar giros entre pasillos.
Ansioso por robustecer su catálogo de sonidos, el grupo coquetea con la chicha peruana al integrar elementos propios del rock a ciertos temas (“La cumbia picosita” y “Cumbia del infinito”), pero también se muestra atraído por la agilidad verbal del rap (“Ay amor”). Estas acciones, cuyo éxito es certificado por el sello disquero de la agrupación cuando anuncia que los autores de “A la cumbiamba” se han hecho acreedores a dos discos de platino y uno de diamante tras vender más de cuatrocientas mil copias de su álbum más reciente, sirven como preludio para el acto más osado de la velada, cuando Elías y los suyos emparejan compases tropicales con las partituras de una orquesta sinfónica. “El listón de tu pelo” inaugura la tanda con batuta y su impacto es tal que los presentes solicitan que dicho tema se repita inmediatamente. “¿Otra vez la misma?, ¿no me están vacilando? Ustedes ya se picaron”, comenta el bajista mientras se rasca la nuca, “pues vámonos de regreso”.
Mientras “17 años” provoca que el Auditorio Nacional se transforme en un salón de baile de dimensiones colosales, es posible notar cómo, apretujadas en la oscuridad, centenas de parejas hacen su mejor esfuerzo por quitarse de encima preocupaciones, bailando dichosas con los de Iztapalapa. “Que si eso es el amor, que si eso es el amor”; tal duda resuena una y otra vez desde el escenario. Pero los danzantes no arrojan respuesta alguna; a cambio, aprietan sus manos felices por una razón muy simple: la cumbia es rica, la cumbia es sabrosa. De momento no necesitan buscarle más. 

Del rock al trópico 
En entrevista exclusiva, Elías Mejía Avante revela cómo fue el arranque de Los Ángeles Azules: “Nosotros empezamos haciendo rock hasta que por ahí del setentaisiete ya nos metimos de lleno a la cumbia. Recuerdo que fue cuando empezó el Acapulco Tropical, y luego Rigo Tovar, entonces nosotros le abríamos los bailes a Los Bukis. Más tarde vino la onda sonidera de Colombia y dejamos de tocar las de Rigo porque una persona nos dijo que ya no hiciéramos copias, sino nuestras canciones, y nos quedamos un chorro de tiempo sin trabajo por hacer nuestras propias canciones. Fue una bronca hacernos de nuestro propio repertorio.
“En esa época tocábamos mucho en los mercados, donde repartíamos tarjetas. Luego, para el fin de semana, ya nos hablaban; “¿ustedes son Los Ángeles Azules? Los escuché en el mercado, véngase a tocar ya, orita, a una fiesta”. De eso vivíamos, de bodas y bautizos. No nos daban mucho dinero, pero mi mamá nos decía “ya con eso tienen para irse a la escuela.
“Jamás soñamos llegar a esto; sólo queríamos sacar para comer. Nunca pensé en hacerme de un estilo ni conocer a mucha gente importante. No imaginé lo que se me venía”. (A.G.C.)

Programa
Entrega de amor / Cumbia pa’ gozar / Mi único amor / Mi niña mujer / Cumbia del acordeón / La cumbia picosita / Cumbia del infinito / A la cumbiamba / Mi cantar / La tostadita / Ay amor / Con Sinfónica: El listón de tu pelo / 20 rosas / Juventud / Amigos nada más / Cómo te voy a olvidar / Mis sentimientos / Entrega de amor / Las maravillas de la vida / Paso la vida pensando / 17 años.

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