jueves, 30 de octubre de 2014

Juanes: Rockero de vocación

Foto: José Jorge Carreón / Colección Auditorio Nacional

Tour Loco de Amor / 30 de octubre, 2014 / Función única / 
1:35 hrs. de duración / Promotor: ZZOOM Access S.A. de C.V. 

David Cortés
Sofi Mayen calienta un poco la noche y luego de su intervención suena por las bocinas la música de Bob Marley, tal vez con la intención de establecer un puente entre la isla de Jamaica y las tierras cálidas de Colombia. Funciona, sube la temperatura, crea expectativa, prepara el terreno a la llegada de quien fuera integrante de Ekhymosis y que no ha olvidado las lecciones allí aprendidas.

Juanes creció, dice, “entre la música folk, el tango, las rancheras, los boleros, el metal y el rock”. Por eso, continúa, no le gusta “hacer siempre lo mismo”. Lo que no narra es que ha encontrado una fórmula para amalgamar estas influencias en una propuesta sonora que luego de siete álbumes ya posee un sonido distintivo.

Considerado por Time como una de las cien personas más influyentes del mundo, el guitarrista, vocalista y compositor abre su set con fuerza. A su vera aparecen seis músicos que, en las primeras canciones, dejan muy claro que están lejos de ser sus meros acompañantes; la solidez en la interpretación, el entendimiento entre ellos, hace ver que se trata de un grupo, de un combo que trabaja en pos del objetivo común de entregar los temas sin reticencias, con poderío.
Sí, hay la consigna de halagar, de complacer al público, pero en la actitud del cantante se advierte que a pesar de saberse una estrella —ha ganado dos Grammys y diecinueve Grammys latinos—, está convencido de que es necesario demostrarlo, no solo creerlo. Los primeros veinte minutos él y su banda se regodean en las composiciones, las recorren, las exploran hasta en sus ángulos más difíciles, encuentran la manera de hacerlas llegar renovadas. Las palabras están ausentes, no por falta de un discurso sino porque son los sonidos quienes deben hablar, explayarse.
Es casi media hora en la que Juanes no se arredra. Su música no es cien por ciento rockera, pero su actitud indudablemente lo es. Sin alardes, concentra la mirada en el público. No lo hace con afán de retar, ni es una señal de desafío, sino la estrategia que utiliza para dominar. Para algunos el gesto es innecesario pues apenas suena “A Dios le pido”, la plaza ya ha sido tomada. A partir de entonces, despliega sus temas más conocidos, aunque los adereza con nuevos colores. En lugar de recurrir a la cumbia —lo hace casi al final y la adorna con sensual baile para regocijo de sus fanáticas—, apuesta por el folclor en “La noche”, la trastoca hasta convertirla en una agradable fusión que, además de contagiosa, destila musicalidad. Al llegar el turno de “La paga”, ese mismo folclor abandona tierras latinoamericanas para apenas destilar sonidos balcánicos.
“La luz” se convierte en uno de los puntos climáticos; las guitarras se entretejen, el teclado se esmera en crear una atmósfera espacial y vertiginosa, mientras la sección rítmica le sirve de motor y apoyo, siendo el bajo el instrumento de propulsión.
Hay, por supuesto, espacio para las baladas, las cuales parecen ser muy esperadas. Pero incluso en ellas Juanes no puede abandonar su filiación rockera porque las imanta con unas dosis de dinamita que solivianta su espíritu, pero nunca las desfigura. Es en su interpretación donde su autor se muestra aún más sensible y vuelca los sentimientos de solidaridad que lo caracterizan.
 
Foto: José Jorge Carreón / Colección Auditorio Nacional
El cierre es predecible para sus seguidores. Si bien inicia melancólicamente con “Volverte a ver” apenas apoyado por el piano, guarda dos cartuchos contundentes para rematar y poner a bailar a la sala. Hay fiesta, la celebración por Loco de amor, su más reciente placa, pero también por su regreso al lugar —su visita anterior fue hace seis años—. Entonces rompe cierta contención emocional y cuenta las ganas que tenía de regresar aquí, de “abrazar a cada uno de ustedes” y les agradece “el haber dejado todo para estar conmigo aquí”.

Espíritu altruista
Juanes creó en 2006 la Fundación Mi Sangre como “un reflejo de las necesidades del país (Colombia) en materia de atención a víctimas”. Cuenta con tres programas: Acompañamiento psicosocial que busca “sanar heridas del alma, crear entornos protectores y fortalecer el tejido social en contextos de violencia”; Educación para la paz, cuyo objetivo es que niños y jóvenes construyan la paz mediante “una formación basada en el arte” y el juego y con participación de la familia, la comunidad y la escuela; y Proyectos que construyeron paz.
En su informe de 2013, el músico colombiano señaló que “la magia de Mi Sangre es lo que genera vida en medio de la muerte, amor en medio del miedo, y fe en la desesperanza; es ese algo que nos permite, a pesar de trabajar incesantemente con los pies en la tierra, llevar nuestro ojos a las estrellas”.
Actualmente participan en el programa Educación para la paz más de sesentaitrés mil personas, y en el programa de Acompañamiento psicosocial más de cinco mil. (D. C.)

Programa
Nada valgo sin tu amor / Loco de amor / Mil pedazos / A Dios le pido / La noche / La paga / Fotografía / Una flor/ La luz / Delirio / Me enamoré de ti / Para tu amor / Es por ti / Gotas de agua dulce / Me enamora / Volverte a ver / Mala gente / La camisa negra.




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