domingo, 26 de octubre de 2014

Chiodos: La épica posthardcore


Devil / 26 de octubre, 2014 / Función única / 
2:55 hrs. de duración / Promotor: Alejandro de la Cuesta

David Cortés
El suelo se cimbra, pero no a causa de un efecto telúrico, sino por el continuo brincotear de los fanáticos. Los mexicanos de Drop The Silence abren la tanda y a ellos siguen See The Stars, pero el movimiento es imparable en cuanto aparece Chiodos (el nombre proviene de los hermanos Chiodo, responsables del filme Killer Klowns from Outer Space), el sexteto de posthardcore que con un set cargado de adrenalina impele a agitarse sin parar.
Los nativos de Michigan regresan al DF y no cejan en su entrega. Su sonido es agresivo; voces limpias combinadas con sonidos guturales, en donde ocasionalmente se cuelan agradables melodías, conforman una de sus principales características. Al par de guitarras vertiginosas, más cercanas al death metal técnico, añaden una pared de teclados que funciona como una amplia avenida sobre la cual transita una sección rítmica poderosa y que marca un ritmo rápido, incluso denso que sirve a Craig Owens, el vocalista, para comandar la noche. Bradley Bell, teclados; Pat McManaman, guitarra; Thomas Erak, guitarra, Thomas Pridgen, batería; y Joseph Troy, bajo, completan el grupo.
Mucha estamina desperdiga el grupo que con cuatro álbumes bajo el brazo está próximo a cumplir quince años y hoy aprovecha para presentar al público de México Devil, su más reciente placa.
Su set es corto, pero no así la energía desplegada. El combo, que lo mismo ha aparecido en el Warped Tour que en el Kerrang! Tour, se escucha bastante sólido. Si bien sus compañeros de la noche fueron duros y feroces, la contundencia de Chiodos sobre el escenario marca esa pequeña diferencia que los separa de quienes apenas comienzan.
Como frontman, Owens hace su trabajo de manera estupenda. Interactúa con el público, les marca el momento en el cual deben entrar, los dirige, explica cómo hacer los coros sin perder el ritmo. A su lado, el tecladista Bell crea pasajes épicos y cuando no se encuentra detrás de su instrumento es difícil mantenerlo quieto: corre a lo largo y funge como un MC honorario, incluso llega a cantar algunas partes de los temas. Erak, en la guitarra líder, genera momentos muy melódicos, pero las más de las veces ejecuta rápidos solos, mientras los otros tres no pierden un compás.
La presentación de Chiodos en el Lunario (que cumple diez años) mantiene un paso ascendente. Es como un vagón de tren que conforme avanza se transforma en un peligroso bólido. Sin embargo, hasta las buenas historias tienen un fin, y cuando ellos deciden decir adiós, ni siquiera los gritos de “one more song” los convencen de regresar. Así concluye una noche devastadora en donde la retirada se da lentamente, cual si se hubiera librado una ardua contienda. En parte ha sido así. Los rostros sudorosos, pero satisfechos, dan testimonio de ello.

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