miércoles, 29 de octubre de 2014

Alfombra roja de las Lunas del Auditorio 2014: La constelación Reforma

Foto: Fernando Aceves / Colección Auditorio Nacional

29 de octubre, 2014 / Función única / 2:30 hrs. de duración /
 Promotor: FUAAN Financiera S.N.C.

Marcela Rodríguez
El camino que lleva a las Lunas del Auditorio es un sendero largo y rojo, como si fuera polvo de Marte. Los entes que lo transitan son estrellas; unas más radiantes que otras. Las hay milenarias como tiernas en esta puesta en escena del Paseo de la Reforma al recinto, un ícono de la Ciudad de México.

Cae la tarde. El observatorio es al aire libre, no requiere telescopio; el curioso, el fan, ubica a los protagonistas de la noche, relumbran con sus galas nada más bajar de las camionetas que los trasladan. Un pie en la alfombra y parecen flotar. Dos pies en el photocall y vuelan.

A varios metros de distancia se distingue la figura plateada de Lorena Velázquez. Si estuviera en un banco, su fila sería la preferente. No necesita formarse como las estrellas mortales. Tiene pase directo. Despierta chiflidos, posa con soltura y sonrisas, los fotógrafos la respetan:
“Señora Lorena, acá, por favor”. Alfredo Palacios viene con ella. Apura el paso, las manos en los bolsillos de su traje a rayas oscuro, como los lentes de sol, como el bigote. Juega a no ser visto. Imposible. Trepa al camino rojo. Las cámaras le disparan.
Los sigue Maribel Guardia enfundada en un vestido morado. La espalda descubierta, las caderas marcadas. Es como una niña que se distrae en el camino, y no termina de llegar al photocall principal. Se entretiene. Se hace fotos con las personas a lo largo de las vallas, reparte besos, sonrisas, mejores ángulos, declaraciones a los reporteros y cuando al fin llega los lentes la comen con ansia.
Moderatto recibe varios decibeles de gritos gustosos todo el trayecto, fiel al papel de rebeldes. El contorno de los ojos pintados a lo halloween, los gestos dizque duros. Con mayor calma se lo toman los Molotov, Randy Ebright y Paco Ayala, al momento del posado. Cumplen. Alguien les recuerda la V de la victoria, y extienden sus dedos para formar esa letra. Distantes, pero correctos, Caifanes, ya entrados en los cincuenta, se ponen serios; como si desfilar fuera ajeno a ellos. Así son queridos: “¡Caifanes, Caifanes, Caifanes!”, los apoya el leal público.

El posado
Cuando todos ellos van, La Única Internacional Sonora Santanera ya fue y regresó, se nota en el actuar natural. Una voz interior los ordena sin pérdida de tiempo, se distribuyen como para la portada de uno de sus discos. ¡Listo! Como un grupo de amigos o grupo de escuela, unos en cuclillas y otros de pie.
Podría creerse que, acostumbrados a la pantalla chica, los convidados a las Lunas no se inhiben ante el pelotón de cámaras. Qué hacer con las manos, cómo soltar los brazos, qué sonrisa poner, estirarse el saco, las mangas, ajustarse la corbata, controlar los nervios. Cómo actuar si los fotógrafos bajan sus cámaras, y no piden que se detenga el artista.
Para algunos son instantes embarazos. Con los grandes todos quieren: “Don Sergio, una foto, por favor, más a la izquierda, mirando para acá, ¡gracias!”. Sergio Corona no precisa hacer nada, solo detenerse.
Los hay de esmoquin y corbata; vestidos casual de negro y sólo casual. Bronceados. Ellas muy maquilladas, de largo para fiesta, y aunque según las reglas de etiqueta de noche no se lleva vestido de coctel, las hay de corto, mostrando pierna. Entre ellos, algunos prefieren el terciopelo, como el novelista Xavier Velasco (premio Alfaguara 2003), con su saco burdeos, de quien algunos preguntan: “¿Quién es?”
Yahir, ¡ah… Yahir!, no requiere presentación. Carga su saco de terciopelo azul y su sonrisa grande. Las muchachas bien situadas en una esquina del photocall gritan con urgencia el nombre del cantante, que vuelve sobre sus pasos a saludarlas de mano. Paola Rojas, vestido largo y sobrio, se adelanta, pero los fotógrafos quieren juntarlos, así que Yahir y Rojas, amigos o no, se retratan juntos. 

Guerra sin cuartel
Después del fan y el curioso a pie de calle, el ritmo de la alfombra roja lo marcan los fotógrafos. Puede ocurrir que el photocall se sature y haya una línea de espera, “Avance, avance, ¡no se detengan señores!”, indica un cámara.
Claudia, Esmeralda, Carla, Aleka, Karina... Una persona del staff organizador menciona los nombres de quienes van entrando a la pasarela, como hacía el ujier en las grandes fiestas siglos atrás: “¡Leticia Perdigón!”
Y aparece la actriz. “Lety, a esta cámara”, “Lety, un saludo”... Es de las figuras peleadas. Ella acepta, siempre que la retraten con su hija que la acompaña, Valeria. Perdigón da las gracias tras las fotografías. De entre quienes desfilan, poquitos agradecen, sirva saber que son las personalidades con mayor trayectoria y reconocimiento.
El fotógrafo hace poco caso a los galanes. Lo mínimo. Si llegan solos, peor. Ayuda que sean deportistas o narrador de deportes: “Acá, Marco (Fabián)”, “Chivas, Chivas”, “¡La Máquina (Celeste)!”, agarran de cotorreo al jugador que ha militado en ambos equipos. 
A ellas las quieren de perfil, tres cuartos, de espalda, de frente, sacando pecho. Repiten sus nombres con intención, como un Fernando Soler mirando a “Susanita, Susanita”.
Hay codazos (controlados) y gritos (controlados) entre los fotógrafos. Hay un llamado a la calma. Han pasado algunas horas dispare y dispare. La tensión se siente. Uno de ellos comenta al final: “Esto una guerra sin cuartel”. 

Foto: Fernando Aceves / Colección Auditorio Nacional


Coda 
En otro tiempo Rosa Gloria Chagoyán pudo arribar en un tráiler. Esta noche viene de largo, y un escote palabra de honor. Si Maribel Guardia se entretuvo saludando a las personas detrás de las vallas, Rosa Gloria parece que nunca termina de llegar. Quiso el destino juntarlas donde la alfombra roja terminaba. Guardia por algún motivo salía del Auditorio: “Rosa Gloria”, le dijo de pasada.
Las actrices se saludan de beso y abrazo, con sinceridad. Chagoyán le pide retratarse juntas, ya sin fotógrafos profesionales sino con los fans que cuelan medio cuerpo a la pasarela para alcanzar a las actrices; capturar una imagen con el teléfono, subirla enseguida al FB.
La última en hacer el camino del planeta Marte aplanado es Rebeca Jones, lo cruza en solitario, con total tranquilidad. Hasta colisionar, de buena manera, con Chagoyán y Guardia. Tres estrellas unidas ahí como en una constelación: la de las Lunas.

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