jueves, 18 de septiembre de 2014

Francisco Céspedes: Miel y amargura de la pasión

Foto: José Jorge Carreón / Colección Auditorio Nacional

Todavía / 18 y 19 de septiembre, 2014 / Dos funciones / 2:30 hrs. de duración / 
Promotor: FUAAN Financiera S.N.C. - Pro-Artte Entertainment S.A. de C.V.

Marcela Rodríguez
La luna menguante espera afuera mientras el público ingresa al centro nocturno que cumple diez años: ellos de cabezas plateadas, ellas de tintes dorados. Todavía es una cuestión de gente madura, aunque hay excepciones.
Francisco Céspedes le hace honor al apellido y no deja crecer el pasto entre los amigos. Esos que ya conocen bien las mieles o amarguras del amor, para quienes cada canción es un himno o grito de guerra a las querencias. Según la milpa de cada quien, y que tantas veces se han preguntado: “¿Dónde está la vida?”.
Canción con la que inicia el isleño. El cabello a rape, lentes oscuros, un bastón y una pierna inflamada, el zapato en el pie sano. ¡El show debe continuar! “¿Qué hago contigo?”, “Tú por qué”, “Átame la mirada”, con el sonido filin, una fusión propia de Cuba, mezcla de bolero con jazz. Ahí están los solos del sax y la batería; las cuerdas del contrabajo eléctrico y las teclas hablantinas del piano. La candencia de la composición romántica. El cantante (Cuba, 1957) nacionalizado mexicano, se calza el otro zapato. No siempre se observa a las figuras públicas atarse las agujetas. De pronto, se inclina para besar el piso. Es el preludio de “Yemayá”, una canción que hizo para la madre vida. Aquella que le da energía para saltar sobre la pierna buena cuando remata “Se me antoja”, una decisión nada dulce comparada con la mujer que mira a su pareja (“Prefiero ser tu amante / y luego ser tu amigo”) y con un ligero codazo demanda su atención; las miradas se encuentran y acaban en beso.
Corría el año de 1992 y Céspedes desembarcaba en la ciudad de México, según rememora: “Al principio no me gustaba, pero tuve un padre muy intuitivo que me dijo, al lugar al que fueres, haz lo que vieres. Esta canción la hice cuando todavía me dolía un poco vivir fuera de Cuba. Es de una nostalgia dulce: ‘Qué lejos’”.
Céspedes cantará el 27 de septiembre en su país de origen, después de que su música fuera desdeñada ahí durante más de dos décadas. Se presentará en el teatro Carlos Marx, el principal de La Habana, con Pablo Milanés como invitado. Así que “Cantando voy / cantando lo que da la vida / amando voy...”, pregona en “Que tú te vas”, improvisando un juego vocal, un sonido gutural de raíces africanas que arrasa entre el público.
Rinde sus particulares homenajes. “Alma mía”, de María Grever, “Adiós felicidad”, de Bola de Nieve, “para mí la figura a alcanzar”, confiesa. A Manzanero, su amigo. Con las canciones de éste enamoró a su primera novia, en la barriada El Venado; las transmitían en el programa Nocturno, y Céspedes recuerda haberle dedicado “Esta tarde vi llover”, que para él era como una película francesa.
 
Foto: José Jorge Carreón / Colección Auditorio Nacional
De cierta forma una invitación también es un reconocimiento. La cubana Lena Burke (nieta de doña Elena) viene de Miami, juntos interpretan “Nadie como tú”, antes de dejarla sola en los teclados, y ella agradecer la invitación del Señor Sentimiento. El romántico que arma todo un “Remolino”, que sabe de “La vida loca” y consuma su noche con esa luna allá afuera.

Programa
¿Dónde está la vida? / Parece que / ¿Qué hago contigo? / Flor de azalea / Todo es misterio / Tú por qué / Yemayá / Se me antoja / Si no fuera por ti / Átame la mirada / Qué lejos / Que tú te vas / Adiós felicidad / Alma mía / La flor de la canela / Esta tarde vi llover / Nunca más / Pensando en ti / Con Lena Burke: Nadie como tú / Señora / Yo no te pido / Remolino / A veces / Mariana / Por aquí, por allá / Todavía / La vida loca.





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