sábado, 30 de agosto de 2014

Los Hermanos Castro: La corte del rey Arturo

29 y 30 de agosto, 17 y 18 de diciembre, 2014 / Cuatro funciones / 2:10 hrs. de duración / 
Promotor: FUAAN Financiera S.N.C. – Francisco I. Castro.

Fernando Figueroa
Hace medio siglo, Los Hermanos Castro cautivaban con la sincronía de sus voces al público de Las Vegas, y esta noche repiten la dosis en un recinto que celebra a todo lujo diez años de existencia. La columna vertebral de la agrupación es la misma de entonces: un tenor superdotado (Gualberto), y un gran pianista y compositor que no canta mal sus creaciones (Arturo).


Benito y Jorge Jr. completan el cuarteto vocal. Michel, hijo de Arturo, está en el bajo, e Ítalo Castro en la batería; las tres coristas también son de la familia. Miguel Ángel Díaz es un segundo tecladista de excelencia; la sección de metales aporta majestuosidad, y un percusionista añade sabrosura cuando se requiere. Un trabuco.

Con todo merecimiento, Arturo y su teclado ocupan el centro del escenario; él es el cerebro de una afinada maquinaria que es capaz de transportar al público por momentos íntimos de su vida. Generoso, el líder narra cómo nacieron algunas de las canciones que todo mundo corea; “Lluvia en la tarde”, por ejemplo, fue escrita en Nevada cuando la dama en cuestión se había ido para siempre. “El tiempo sigue igual” también tiene que ver con agua que cae del cielo, pero en este caso se trata de un amor fructífero que cuajó en Guadalajara.
Al anunciar “Y después del amor”, señala con orgullo y buen humor: “Lo mejor que me ha pasado en la vida sucedió en el año… qué les importa el año, fue hace mucho. Obtuvimos el premio a mejor música, mejor letra, mejor arreglo, mejor interpretación”. Se refiere al rotundo triunfo en el Festival Internacional de la Canción de Río de Janeiro. Por cierto, fue en 1971.
A medio concierto, un espectador pide a gritos que cante Gualberto. Lo complace Gualas con un tema de Felipe Gil (“Hasta que vuelvas”) y otro de Armando Manzanero (“Como yo te amé”). Minutos antes había ofrecido “María”, del musical West Side Story, mientras en las pantallas se proyectaba un video en blanco y negro del intérprete, en los sesenta, con la misma canción. Gasolina al fuego de la nostalgia.
Benito ―hijo del fallecido comediante Bigotón Castro―, realiza un gracioso scketch en el que imita a don Jesús Martínez Palillo, el mejor cómico político de México durante la segunda mitad del siglo pasado. Narra el viacrucis al comprar una casita de interés social y, de paso, lee la cartilla a políticos actuales de izquierda y derecha.
De regreso a la música, Jorge Jr. canta otra de Manzanero, “Contigo aprendí”, no sin antes alabar a Gualberto, a quien ubica entre los mejores intérpretes de los últimos tiempos. En su turno, Gualas responde a los elogios con intervenciones que levantan a la gente de sus asientos.
El lado festivo del grupo bulle con “Zazueira” (Jorge Ben), mientras que con “MacArthur Park” (Jimmy Webb) alcanzan una de las cimas más altas de la velada. Un guiño a Vicente Garrido (“Todo y nada”) sirve de primer cerrojo, aunque la exigencia popular obliga a un encore marca Cantoral (“Qué mal amada estás”), que deja satisfechos a todos los que hoy se reencontraron con una parte de su pasado.

Programa
Intro / Jamaiquino / Lluvia en la tarde / A las mujeres que amé / El tiempo sigue igual / María / Perdiendo la razón / Oye / Yo sin ti / Y después del amor / Usted abusó / Contigo aprendí / Llorando por dentro / Zazueira / MacArthur Park / Así son ellas / Historia de un amor / Todo y nada / Qué mal amada estás.
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