sábado, 16 de agosto de 2014

Fernando Delgadillo: Aficionado a recordar

Foto: Fernando Aceves / Colección Auditorio Nacional

16 de agosto, 2014 / Función única / 2:15 hrs. de duración / 
Promotor: Ernesto Vargas Mancilla

Marcela Rodríguez
Las luces arrojan al escenario margaritas en rotación, una imagen algo psicodélica a tono con “Primavera”, que podría encajar en aquellos días del mensaje peace & love. Una canción compuesta para la alegría. Guitarras acústicas y una maraca juguetona. Fernando Delgadillo (México, 1965) agradece el recibimiento “al público culto y aplaudidor”.

En el concierto, grabado para televisión, queda el registro de los teloneros: Antonio González, un hombre y su guitarra, “unas rolas sacadas de las alcantarillas”, en el más puro estilo Rockdrgio, el público en la bolsa, aplausos, el ruego de otra, otra. Y Los prodigiosos 70᾿s, una banda que quiere ser un homenaje a la música y estética discotequera de esa década, a ratos yéndose más atrás. Nada de clavarse en asuntos sociales, como “Semanario”, escrita por Delgadillo en los complicados días de abril de 2012 (tiempo de campañas electorales); en la práctica es muy sencilla, se trata de llevar el compás con las palmas de las manos, o así lo hace ver el intérprete al público. En sentido estricto lo acompañan Los Místicos Chanchullos, músicos de escuela, se aprecia enseguida.

El cantautor hace gala de sus dotes histriónicas. Lleva veinticinco años sobre las tablas. Con el remedo del supuesto cantadito del defeño de clase baja, emprende “El retocador de calles” en la forma de un folk con fondo urbano. Toca la guitarra y la armónica, y al final pide una lima de uñas. Las retoca. Es una nimiedad, pero lejos de ser un distractor cientos de miradas quedan atentas a los dedos de Delgadillo, que no puede ser ajeno al imán que se carga.
Como si nada (porque en realidad no ocurre desgracia alguna), ya suena el banjo al compás que indica el título: “Las conclusiones en rag”, una canción de las viejitas, de cuando el compositor tronó con una novia. La ventaja de que Delgadillo tenga a Los Místicos Chanchullos, como los llama, permite un repertorio variado, como consta en un par de piezas de estilo medieval, juglaresco, “Jardín de invierno” y la breve “Quizás”. Flautas transversal y de madera, cello eléctrico. Éste último, y el que los músicos guarden sus partituras en tabletas, contrasta con el atril con hojas que aún maneja el cantante.
Entre el público está el músico boliviano Rodrigo Rojas, no viene preparado para un palomazo, pero Delgadillo lo invita a subir, le deja la guitarra, y de este modo Rojas prefigura la presentación que tendrá en septiembre en la misma sala, y al auditorio le sirve de entremés para abrir paso a dos canciones que tiene entre las preferidas del anfitrión, “Carta a Francia” y “Entre pairos y derivas”.
 
Foto: Fernando Aceves / Colección Auditorio Nacional
La sensación es que la gente quiere más y Delgadillo tiene cuerda para rato. Ellos lo tienen en su radar como alguien cercano, los temas que aborda, la corta distancia espacial que suele haber entre uno y otros. Él comenta que su padre falleció hace unos días, y con “Tiempo de ventanas” lo recuerda en especial.
Su canto se vuelve el de todos: “Pasa el tiempo y se prolonga la velada hasta que se ha hecho / muy tarde / y ya se tienen que acostar. / Me despido y salgo a la noche estrellada y / de regreso hacia mi casa me entretengo en el camino / aficionado a recordar...”.

Programa
Primavera / Semanario / Puede que pueda / El retocador de calles / El caminante / Las conclusiones en rag / En la espera / Serenata / Jardín de invierno / Quizás / Palabras de mujer / A la pirámide del sol / Julieta / En tu cumpleaños / Hoy ten miedo de mí / Pronóstico del tiempo / Carta a Francia / Bienvenida / Entre pairos y derivas / Gitana / Ensayo de una boca / Tiempo de ventanas.




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