domingo, 10 de agosto de 2014

Date un momento de tregua: Diario de la segunda oportunidad

Foto: Fernando Aceves / Colección Auditorio Nacional

Lectura pública de La tregua, de Mario Benedetti / 10 de agosto, 2014 / 6:55 hrs. de duración / 
Promotor: FUAAN Financiera S.N.C. – Editorial Alfaguara – W Radio

Fernando Figueroa
Adrián Medina acaba de participar en una larga carrera por las calles de la ciudad de México, incluso Paseo de la Reforma, y ahora deambula en el vestíbulo del Auditorio Nacional, donde está por empezar otro tipo de maratón: la lectura pública y completa de La tregua, novela del escritor uruguayo Mario Benedetti (1920-2009).

Francisco Serrano, Director Corporativo del Auditorio Nacional, da la bienvenida al público; lo acompañan Marcela González Durán, Directora Literaria de la editorial Alfaguara, y Gabriela Warkentin, Directora de W Radio, quienes representan a la institución y empresas convocantes, respectivamente. También están el embajador de Uruguay en México, Jorge Alberto Delgado Fernández; el actor Héctor Bonilla y la comunicadora Fernanda Tapia.

El embajador de Uruguay agradece a los mexicanos por abrazar con calidez la obra de Benedetti. La directora de W Radio anuncia que se grabará todo el acto para ser transmitido en esa estación el siguiente fin de semana, y la representante de Alfaguara señala que La tregua tiene más de sesenta ediciones en el mundo.
El conductor del acto, Enrique Hernández Alcázar, recuerda: “Esta novela la leí a los diecinueve o veinte años. La terminé en una jardinera de la ENEP Acatlán y me puse a llorar”.
Fernanda Tapia inicia la lectura y le sigue Héctor Bonilla. El histrión comenta: “Podría interpretar mi parte hablando como uruguayo, pero prefiero no hacerlo porque la universalidad de Benedetti nos abarca a todos”. Cuando le toca su turno al embajador Delgado Fernández, su voz suena natural, con el acento porteño que tal vez imaginó Benedetti para el personaje Martín Santomé, un hombre de casi cincuenta años que escribe un diario durante los últimos meses que le quedan como empleado administrativo, antes de jubilarse.
El músico argentino Yayo González, líder de Paté de Fuá, también se expresa con el singular estilo que remite no sólo a su Buenos Aires de origen sino también a la capital uruguaya donde el viudo Santomé le da una segunda oportunidad al amor. Por su parte, el escritor mexicano Jorge F. Hernández sí se anima a transformarse en un montevideano de los años sesenta, con todo y la forma de hablar.
Al autor de La emperatriz de Lavapiés le sigue en la lectura el corredor Adrián Medina, quien luego de su intervención comenta en broma: “Me daban ganas de renunciar. No se vale que me haya tocado después de Jorge F. Hernández”.
Otras sesenta personas del público leen con deleite fragmentos de las desventuras de Santomé, quien ha sido padre y madre de sus tres hijos, y que en el otoño de su vida se topa con la joven Laura Avellaneda.
Aproximadamente cada hora se abre un receso para la rifa de kindles, cortesía de Amazon, y libros de Alfaguara.
“Ése es mi papi”, dice una pequeña niña cuando escucha la estupenda voz del locutor Martín Hernández, quien participa al igual que sus colegas Francisco Alanís (Sopitas), Alejandro Franco y Raúl David Vázquez (Rulo).
Francisco Serrano y Gabriela Warkentin también abordan la prosa poética de Benedetti, lo mismo que los actores Iván Caraza y Julieta Egurrola, los escritores Maruan Soto Antaki y Karla Zárate, y los músicos Sabo Romo y Cecilia Toussaint.
Santomé se involucra sentimentalmente con Avellaneda pero de pronto, ella deja de ir al trabajo. Mediante una llamada telefónica alguien le avisa al protagonista que Laura ha muerto. Deja de escribir en su diario durante varios meses; retoma la pluma para expresar su pesadumbre y, finalmente, apuntar ante su inminente jubilación: “Desde mañana y hasta el día de mi muerte, el tiempo estará a mis órdenes. Después de tanta espera, esto es el ocio. ¿Qué haré con él?”
 
Foto: Fernando Aceves / Colección Auditorio Nacional
Luego de 6:55 horas, quien cierra la reunión es el conductor Enrique Hernández Alcázar, quien ha aguantado todo ese tiempo al pie del cañón. Entonces recuerda una vez más que, siendo joven, cuando acabó de leer La tregua, se puso a llorar.

Benedetti superestrella
Al mediodía del 8 octubre de 1997, cientos de jóvenes comenzaron a formarse ante las puertas del Palacio de Bellas Artes de la ciudad de México. ¿El motivo? Una lectura de poemas por parte de Mario Benedetti, que daría inicio… ¡a las ocho de la noche!
A la hora señalada, el escritor uruguayo se presentó ante una sala repleta de fans que lo ovacionaron como si se tratara de un rockstar. Muchos admiradores se quedaron afuera y vieron el acto en una pantalla gigante, sin que una pertinaz lluvia pudiera enfriar sus ánimos. Algunos de ellos dieron portazo y se sentaron en los pasillos para escuchar “No te salves”, “Hagamos un trato”, “Mi táctica”, “Cuento de hadas”, “Poeta menor”, “Che 1997”, entre otros poemas.
Tal era la conexión del poeta con su público, una corriente eléctrica que a cinco años de su muerte aún perdura, como pudo comprobarse en el vestíbulo del Auditorio Nacional.
La fama de Benedetti está sustentada en más de sesenta libros que incluyen novela, poesía, cuento, ensayo y crónicas. Se calcula que existen alrededor de mil ediciones de sus obras en veintitrés idiomas.
La tregua fue publicada por vez primera en 1960, cuando el autor tenía cuarenta años. Ha sido llevada al teatro en varios países, incluso México; en 2006 la montó Germán Castillo con Felio Eliel y Georgina Rábago en los papeles de Santomé y Avellaneda. También existen adaptaciones al cine; en 1974, el argentino Sergio Renán dirigió a Héctor Alterio y Ana María Picchio, y la cinta fue nominada al Oscar como Mejor Película Extranjera. En 2003 el mexicano Alfonso Rosas Priego hijo filmó esa historia en el puerto de Veracruz con los actores Gonzalo Vega y Adriana Fonseca. (F.F.)








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