miércoles, 27 de agosto de 2014

Big Band Jazz de México: Fe, corazón y jazz

10 años en Lunario / 27 de agosto, 2014 / Función única / 2:00 hrs. de duración / 
Promotor: FUAAN Financiera S.N.C. – Ernesto Ramos

Alejandro González Castillo
El hombre al mando de la batuta no puede ocultar su gozo cuando se dirige al público mientras señala a sus compañeros músicos: “Ellos me han enseñado que cuando se tiene fe en un proyecto, se obtienen logros como el de esta noche”.

Ernesto Ramos no se refiere a un triunfo menor; la Big Band Jazz de México cumple quince años ininterrumpidos en el quehacer musical, y para celebrarlo ha elegido un escenario a la altura de las circunstancias pues, con una decena de velas adornando su pastel, el Lunario también se encuentra de fiesta. 

Naturalmente, el público se ha enfundado prendas a tono. Entre brindis, se advierten moños y tacones, abrigos y corbatas. Todos los presentes comparten risas quedas mientras chocan copas, un ritual que antecede el arribo de Juan Pablo Manzanero, el primer invitado al micrófono. Y jamás lo anuncia ―a diferencia de cuando habla del orgullo que experimenta al contar con un acompañamiento de tal magnitud―, pero el cantante trae entre costillas unas cuantas “Cosas del alma”.
Es decir, el hijo de uno de los compositores más importantes que ha dado México posee “Mucho corazón” y ganas de enseñárselo a la audiencia, pues ahí habitan los menesteres que los ocupantes de las mesas ansían escuchar. Así, se dedica a despachar sentimientos amorosos para luego cederle la estafeta a Rodolfo Loeza, quien comenta que “estar aquí, frente a una big band, me remonta a la época del Festival OTI. Por eso voy a cantarles un tema de alguien que no llegó a ser rey”. A continuación, el hombre rememora una de las más populares canciones que José José llevó a la cima: “Buscando una sonrisa”.
Si bien no muestra la versatilidad vocal de Loeza, Carlos Rivera presume una dicción ejemplar y un color entrañable una vez que llega su turno. “Nadie comprende lo que sufro yo / canto pues ya no puedo sollozar / solo, temblando de ansiedad / todos me miran y se van”; así la calamitosa forma de presentarse que escoge el joven intérprete, quien se declara a sí mismo agasajado por la plantilla de ejecutantes que robustecen su canto, un cuerpo de músicos que lo mismo se ha presentado al lado de Miguel Ríos que de Eugenia León, o en la entregas de las Lunas de Auditorio. “Ésta es una gran oportunidad para compartir buena música”; explica antes de interpretar “Todavía” el nacido en Tlaxcala, con la que cierra su participación para dejar lugar a Fela Domínguez, quien, exceptuando una balada afligida llamada “Volverás”, viene acompañada de puro brío funk. 
“¿Ya se aburrieron? Porque lo que viene está impresionante”, advierte la del vestido plateado para preñar de groove la velada. Y efectivamente, cumple con cabalidad su palabra una vez que presenta a Beto Domínguez, su padre, en la batería. A todo vapor, “Higher Ground” es el tema elegido para preparar la despedida; sin embargo, la banda dota la composición popularizada por Stevie Wonder de un poder inusitado. Como si de una locomotora a toda velocidad se tratase, los cerca de veinte músicos que ejecutan bajo los reflectores no ofrecen un compás de reflexión ni relajamiento. Envueltos en el vértigo, sostienen el trote con “Superstition” para que abrigos y sacos, con todo y los protocolos de conducta, escapen del cuadro. Por allá se levanta una pareja a bailar. Y la siguen una, y otra más. Señales de que la banda ha cumplido su cometido una vez más. 

Programa
Urban Contours / Wind Machine / Con Juan Pablo Manzanero: Cosas del alma - Mucho corazón / Con Rodolfo Loeza: All or Nothing at All - Buscando una sonrisa - Come by Me - Magic Flea / Con Carlos Rivera: Perfidia - Como yo te amé - Todavía / Con Fela Domínguez: Something New - Take a Train - Volverás / Con Beto Domínguez (batería): Higher Ground - Superstition.
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