miércoles, 9 de julio de 2014

Los Tonos Humanos: A la salud de Shakespeare

Foto: Chino Lemus / Colección Auditorio Nacional

Ciclo Sueño barroco de una noche de verano / 9 de julio, 2014 / Función única / 
2:00 hrs. de duración / Promotor: FUAAN Financiera S.N.C.

David Cortés
Tristeza, melancolía, alejamiento, la imposibilidad de compartir y coincidir. Los colores que flotan son ocres, desvaídos. A veces se advierte oscuridad, pero nunca se llega a ella; apenas se alcanza un neblinoso gris en donde se cuela alguna luz, un rayo esperanzador. Sin embargo, la bruma se cierra y no sólo se pierde la visibilidad, también la fe.
La causante de esto es la conjunción de tres instrumentos: flauta, voz y laúd. A veces aparece una percusión en cuya resonancia se entrevé un poco de energía, pero el tono en definitiva es de una tristeza aplastante.
Sobre el escenario, Los Tonos Humanos —en la segunda mitad del siglo XVI se llamaba así a canciones a una voz con acompañamiento de bajo continuo o guitarra barroca—, grupo surgido en 2004 para interpretar repertorio proveniente desde la Edad Media hasta el Barroco español y novohispano, así como música isabelina y del seicento italiano, homenajea a William Shakespeare (1564-1616) a propósito del cuatrocientos cincuenta aniversario de su natalicio.
Los versos, extractados de algunas de sus obras (Hamlet, Romeo y Julieta, Las alegres comadres de Windsor), se escenifican en breves cuadros y se entrelazan con temas escritos por compositores de la época (John Marston, Claude Gervaise, Alfonso Ferrabosco, John Dowland) para crear un sublime mosaico.
Elisa Ávalos (soprano), Omar Ruiz García (flautas de pico), integrantes del grupo, y el invitado Manuel Mejía (laúd), cuentan con un impresionante palmarés y ya han sido acogidos por algunos de los principales festivales del país. Esta noche recitan y actúan algunas escenas, y las alternan con melodías de hermosas letras (subtituladas en las pantallas laterales), en las cuales el amor sin realizar, pero también irrenunciable, se pinta con extraordinaria belleza (“mis besos traerán otra vez, otra vez / sellos de amor, pero sellados en vano, sellados en vano”, canta Ávalos en “Take, O Take Those Lips Away”), mientras las estrofas se envuelven con la delicadeza del laúd o el tañir arrobado de la flauta.

Foto: Chino Lemus / Colección Auditorio Nacional
Momento íntimo al cual se le puede poner como corolario un texto tomado de El mercader de Venecia que, al comienzo de la noche, entrega Mejía antes de tomar el laúd: “El hombre que no tiene música en sí, ni se emociona con la armonía de los dulces sonidos, es apto para las traiciones, las estratagemas y las malignidades; los movimientos de su alma son sordos como la noche y sus sentimientos tenebrosos como el Érebo. No os fiéis jamás de un hombre así. Escuchad la música”.

Programa
Engels Nachtegaeltje / Pastime With Good Company / The Dark Is My Delight / The Temple Anticke I / Take, O Take Those Lips Away / Come Again, Sweet Love Doth Now Invite / The Earl of Essex Galliard / Greensleeves / Pavan D’Angleterre / When Daphne From Fair Phoebus Did Fly / Pavana / Now, O Now I Needs Must Part / The Lovely Northern Lasse / Malle Symen / O Death, Rock Me Asleep / In Darkness Let Me Dwell / Flow My Tears, Fall From Your Springs / La glosa y el romance.




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