viernes, 11 de julio de 2014

La Bohème: Un aire fresco de humanidad

Foto: Fernando Aceves / Colección Auditorio Nacional

Ópera de Bellas Artes / 11 y 12 de julio, 2014 / Dos funciones / 
2:50 hrs. de duración / Promotor: FUAAN Financiera S.N.C. – INBA

Fernando Figueroa
Parece un asunto de magia. En 2008 se vio aquí, en pantalla de alta definición, desde el Met de Nueva York, a Ramón Vargas (Rodolfo), Angela Gheorghiu (Mimí) y Ainhoa Arteta (Musetta), en los papeles principales de La Bohème. Hoy el asunto es de carne y hueso, con el tenor mexicano en el mismo papel y la española Arteta como Mimí.
Vargas no sólo ha representado al paupérrimo poeta pucciniano en el Lincoln Center de Manhattan, sino además en la Royal Opera House de Londres, la Staatsoper de Viena y el Palacio de Bellas Artes de la ciudad de México, entre otros prestigiados escenarios.
Cuando se presentó en la capital inglesa, en 2002, Michael White (The Telegraph) escribió: “El sonido de su voz es dulce, cálido, radiante. Realmente escuché las notas y no sólo el envase vocal. En él no hay un pesado barniz. Es indiscutible que posee la voz de tenor más bella de su generación”. En la misma ocasión, Tim Ashley (The Guardian), afirmó: “Ramón Vargas canta con mucha belleza y sin esfuerzo”.
Apenas en mayo pasado interpretó a Rodolfo en la capital austriaca y esto fue lo que escribieron de su trabajo en el portal viennaoperareview.com: “Es un tenor excelente, modesto, sincero, que evita la arrogancia del virtuoso”.
Ese artista que tantos elogios recibe en el extranjero es quien ahora busca en su buhardilla parisina la llave perdida por Mimí, el hombre que en la penumbra manotea en el piso y se encuentra con la fría mano de la mujer que lo ha flechado a primera vista. Entonces surgen las primeras notas de “Che gelida manina” para dar paso a la maestría de Vargas, quien justifica en su país todo lo que han dicho los verdaderos especialistas.
Al finalizar esa sublime aria, el heterogéneo público aplaude con ganas y de esa forma avala el esfuerzo que implica un montaje de esta naturaleza. Poco importa que sean necesarios los micrófonos en un recinto de tales dimensiones si miles de almas se conmueven al unísono y lo externan sin tapujos.
Hace ciento dieciocho años se estrenó La Bohème en el Teatro Regio de Turín (y un año después en el desparecido Teatro Nacional de México). Un escrito publicado entonces en el diario italiano La Stampa, pronosticó que esta ópera no tendría mayor trascendencia en la historia del teatro lírico. Y sucede que ahora está entre las tres más representadas de la actualidad a nivel mundial, junto con Carmen y La Traviata.
En conferencia de medios, Ramón Vargas había dicho que “escuchar La Bohème nos da un aire fresco de humanidad. En 1990 canté por primera vez el papel de Rodolfo en el Palacio de Bellas Artes y entonces lo detestaba como personaje. Ahora lo veo como un joven inexperto que no supo llevar su amor a buen término”.
Rodolfo no tiene en qué caerse muerto y es incapaz de darle una vida digna a la costurera Mimí, quien enferma de tisis. El poeta también tiene celos incontrolables y da pie a que su amada se vaya en busca de otros brazos. Ella regresa con la salud muy deteriorada y muere sin poder calentar sus manos, ante la desesperación del escritor.
Previamente vemos a Rodolfo departir con sus amigos en el apartamento: el pintor Marcello (George Petean), el filósofo Colline (Rosendo Flores) y el músico Schaunard (Jesús Ibarra), todos ellos igual de pobres.
Es Nochebuena y la chorcha se desplaza al café Momus del Barrio Latino, donde aparece Musetta (Marcela Chacón), una dama de cascos ligeros y ex novia de Marcello, acompañada del millonario Alcindoro (Leszek Zawadka), quien muy pronto es botado por ella para volver a los brazos del pintor.
Al paso del tiempo, la relación de ambas parejas se deteriora, pero la de Rodolfo y Mimí llega a su fin de manera dramática. A grandes rasgos esa es la historia que escribieron los libretistas Luigi Illica y Giuseppe Giacosa, a partir de La Vie de Bohème, de Henri Murger.
La puesta en escena de Luis Miguel Lombana transmite credibilidad a una historia por demás terrenal; la escenografía y el vestuario (Nicola Benois) se ajustan de manera sobria y eficaz a una tradición en la que contrastan la precariedad de la buhardilla, el ambiente festivo del café y la crudeza del invierno en una solitaria calle. El director huésped, Srba Dinic, lleva la batuta con serenidad frente a la sólida Orquesta del Teatro de Bellas Artes.

Foto: Fernando Aceves / Colección Auditorio Nacional
Del trabajo de Arteta, Petean, Chacón, Flores, Ibarra y Zawadka puede decirse algo muy simple: están a la altura de Ramón Vargas y justifican sobradamente su inclusión. A Olivia Gorra correspondió el papel de Mimí en la segunda función.
Los espectadores cumplen con estar presentes y al guardar respetuoso silencio (con mínimas excepciones), mientras decenas de artistas se entregan en el escenario y el foso. Aquéllos también hacen lo suyo al explotar con aplausos, vivas y una pregunta que se escucha aquí y allá al final de la función: “¿Cuándo habrá otra ópera aquí?”

El reto de Arteta
Por primera vez en su carrera, la soprano española Ainhoa Arteta interpretó dos papeles en un par de días. En la primera función hizo a Mimí y, en la segunda, a Musetta. Ambos roles los ha representado con regularidad en muchos escenarios del mundo, especialmente en el Met de Nueva York.
Arteta nació en Tolosa, Guipúzcoa (País Vasco), y fue ganadora de dos concursos de gran importancia: Metropolitan Opera National Council Audition de Nueva York e International de Voix d’Opera Plácido Domingo, en París.
Ante los medios de comunicación de México señaló que estaba emocionada por el reto de convertirse en Mimí y Musetta en tan poco tiempo, “y absolutamente impactada de cómo es el Auditorio Nacional, algo que llevaré siempre en mi memoria. Hace diez años esto no lo habría realizado, pero cuando escuchas tu propia voz, todo es posible. Eso me lo dijo Alfredo Kraus y lo llevo muy grabado”.
A Mimí la describe como “una mujer sensible que ama la poesía. Mi perfil de ella es que, pese a la enfermedad, tiene muchas maneras de vivir, desde la melancolía al enamoramiento y la ilusión”. Y acerca de Musetta: “Es una mujer hecha, como una botella de champán que se descorcha en el segundo acto” (Excélsior, 11-07-2014). (F.F.)

Créditos
Director concertador: Srba Dinic
Puesta en escena: Luis Miguel Lombana
Escenografía y vestuario: Nicola Benois
Director huésped del coro: Jorge Alejandro Juárez
Director de la Schola Cantorum: Alfredo Mendoza
Movimiento corporal: Jessica Sandoval
Diseño de iluminación: Rocío Carrillo
Diseño de maquillaje: Ilka Monforte
Sonorización: Humberto Terán
Productora ejecutiva: Bertha Coutiño

Elenco
Mimí: Ainhoa Arteta / Olivia Gorra
Rodolfo: Ramón Vargas
Marcello: George Petean
Musetta: Marcela Chacón / Ainhoa Arteta
Colline: Rosendo Flores
Schaunard: Jesús Ibarra
Benoit-Alcindoro: Leszek Zawadka
Parpignol: Edgar Gutiérrez

Coro y Orquesta del Teatro de Bellas Artes. Schola Cantorum de México.





Related Posts Plugin for WordPress, Blogger...
Se ha producido un error en este gadget.