jueves, 10 de julio de 2014

Javier Bátiz: Con el blues en la sangre

Foto: Carlos Alvar / Colección Auditorio Nacional

Gira Libre como el aire / 10 de julio, 2014 / Función única / 
3:05 hrs. de duración / Promotor: FUAAN Financiera S.N.C.

David Cortés
“¿Puedo ir para allá? Es que quiero estar más cerca de ustedes”, dice Javier Bátiz y baja del escenario mientras con La Tijuanera —su preciada guitarra— comienza a tocar las notas de “Sleepwalk”, el popular tema de Santo y Johnny. El hombre cierra los ojos, entrega el alma y su interpretación, desbordante de emotividad, expande la conciencia de los presentes. Es un momento en donde el aura íntima que ha construido poco a poco en el Lunario se carga de electricidad y la comunión entre él y sus seguidores es plena.

El quinteto Vigmika abre con una dosis de metal aderezado con pop, buenas hechuras y temas potentes. Luego Jaime Almeida, al hacer la presentación oficial trata de sintetizar la trayectoria del célebre guitarrista, quien al aparecer agradece para de inmediato atacar ese sonido crudo, expansivo, negro y muy sucio en ocasiones al cual ha dedicado toda su vida.

Salpica su set con algunas anécdotas; cuando presenta a sus acompañantes (guitarra, bajo, batería, más sección de alientos) hace énfasis en la segunda invasión tijuanense al Distrito Federal, y rememora cómo, en los albores de los sesenta, llegó a la capital para integrarse a Los Rebeldes del Rock. Lo que no dice es que la incorporación no funcionó, pero que su arribo —la primera invasión— transformó la escena del rock and roll en nuestro país. Llegó cargado de blues y soul, con la influencia de Muddy Waters, B.B. King, James Brown y Howlin’ Wolf bajo el brazo, y la música joven de este país ya no volvió a ser igual; dejó la inocencia para hacerse adulta.
“Hablamos de blues… Dig this”, dice y en sus dedos reverberan las seis cuerdas para recorrer clásicos: “Charlena”, “Woke Up this Morning”, “The House of the Rising Sun”, “Its Now or Never”, “Nights in White Satin”, esta última con acento operístico a cargo de Marco Antonio Labastida, tenor fronterizo invitado, así como temas más recientes: “Si estuvieras aquí”, “Caminata con Jesús”.
A media sesión, Baby Bátiz sale a acompañarlo en los coros, pero también a robarse el reflector cuando interpreta, a capela y con palmas de fondo, “Mercedes Benz”. La atmósfera se llena de sudor y sensualidad, aflora el funk, pero predominan los sonidos del delta del Mississippi y a cada nota el gurú de Fito de la Parra y Carlos Santana deja claro que bajo su piel morena circula un flujo avasallante de sangre negra. 
 
Foto: Carlos Alvar / Colección Auditorio Nacional
Si es prolijo al hablar, con La Tijuanera es convincente y llena el lugar con ese sonido tan suyo que ha edificado con los años, aunque reconoce que esta es la preparación para llegar “al lado, a la plaza grande” (el Auditorio Nacional). Mientras llega esa oportunidad, el también llamado Brujo hechiza y canción tras canción uno no puede dejar de lado la sensación de que se es testigo de una noche histórica, la confirmación de que si alguien merece el calificativo de leyenda en el rock mexicano es él.





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