miércoles, 30 de julio de 2014

Camerata Metropolitana: Experiencias de un viaje profundo

Foto: José Jorge Carreón / Colección Auditorio Nacional

Ciclo Sueño barroco de una noche de verano / 30 de julio, 2014 /
 2:00 hrs. de duración / Promotor: FUAAN Financiera S.N.C.

Alejandro González Castillo
Con violín y arco entre manos, Humberto López se acerca al micrófono para comunicar que tanto él como sus compañeros tienen “mucha música preparada, por eso hablaremos poco”. Así se refiere al repertorio que la Camerata Metropolitana preparó concienzudamente para hoy, un listado donde no sólo grandes apellidos como Vivaldi, Händel, Bach y Tartini figuran, sino el de un joven autor mexicano como Alexis Aranda; “aunque con sus composiciones hicimos un poquito de trampa, porque éstas fueron escritas en este siglo”.

Viaje al barroco profundo es el disco debut que hoy presentan quienes ocupan el escenario, “una agrupación formada por amigos” que, pese a las complicaciones económicas que su oficio acarrea, tras ocho años de existencia se mantiene en pie. “Lo bueno de ser estúpidamente ricos es que podemos darnos el lujo de hacer la música que hacemos”, bromea al respecto López para luego darle las “gracias al Lunario (en su décimo aniversario) por abrir este espacio, y al público presente por acudir al llamado”. Entonces tiene lugar la fina interpretación de piezas donde el clavecín ―en esta ocasión emulado por el sintetizador de Abdel Sabag― opera como el ancla que mantiene a flote a los escuchas, quienes yacen en la superficie de un mar calmado, y colmado, por armonías producidas por violines; mareas de diversa temperatura entrelazadas por un puñado de ejecutantes ataviados de negro.

La presencia de Edurne Reyes (soprano), Orlando Pineda (tenor) y Paola Danaé Gutiérrez (mezzosoprano) dota la noche de matices con voces que van de la ensoñación a la tensión. Es Reyes quien traduce un fragmento de su canto, una contundente y misericordiosa solicitud extraída del Salmo 112 que aclara el inquietante silencio con que la audiencia atiende tales modulaciones vocales; “levanta al desvalido del polvo”. Paradójicamente, de los sentimientos nobles se pasa a las evocaciones oscuras una vez que Leonardo Chávez toma por los cuernos, literalmente, una sonata titulada “El trino del diablo”. En trance, Chávez se contorsiona, desquicia el brazo del violín y pone en juego la resistencia de su arco ante las demandas de una pieza que, según Giuseppe Tartini, su autor, vio la luz una vez que éste soñó que sostenía un pacto con el demonio, hace más o menos trescientos años.
 
Foto: José Jorge Carreón / Colección Auditorio Nacional
Así, Leonardo se echa al bolsillo las palmas más fuertes de la velada mientras se seca el sudor de la frente y sus compañeros imitan al público al ponerse de pie. Luego, los músicos agradecen el vitoreo con tres reverencias y los ocupantes de las mesas pagan sus respectivas cuentas para caminar hacia la salida. En su andar, es posible conocerles un poco; algunos discuten cuántas afinaciones fueron utilizadas durante el concierto mientras otros se preguntan cuál es la nacionalidad de Vivaldi. Diversos grados de apasionamiento. Todos los públicos bienvenidos; todas las expectativas satisfechas.

Programa
Primera parte: Entrada de la reina de Saba (G. F. Händel) / Concierto de Brandemburgo No. 5. Alegro moderato (J. S. Bach) / Punctus Contra Punctum (Alexis Aranda) / Segunda parte: Selecciones de arias de óperas barrocas y oratorios de J. S. Bach, Antonio Vivaldi, M. A. Charpentier y G. F. Händel / Tercera parte: Verano (Las cuatro estaciones de A. Vivaldi) / El trino del diablo (G. Tartini) / Concierto No. 10 para cuatro violines y cello en Sí menor (A. Vivaldi).





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