lunes, 2 de junio de 2014

Rey Lear: Abdicar y sufrir

Foto: National Theatre

National Theatre de Londres presenta. NT Live. Temporada 2013-2014. Proyección digital con subtítulos en español / 2 y 3 de junio, 2014 / 
Dos funciones / 3:20 hrs. de duración / Promotor: FUAAN Financiera S.N.C. – Embajada Británica en México

Fernando Figueroa
Quiere el azar que el lunes 2 de junio de 2014 abdique el rey de España, Juan Carlos de Borbón, y que el mismo día se proyecte en el Lunario del Auditorio Nacional la primera de dos funciones de Rey Lear, producida por el National Theatre de Londres, bajo la dirección de Sam Mendes.

Entre los muchos atributos que poseen las obras clásicas, destaca el hecho de que sus planteamientos no pierden vigencia, y si a eso se añade una coincidencia como la mencionada en el párrafo anterior, entonces se tiene la sensación de que, en cualquier momento, se oirán las risas de William Shakespeare desde ultratumba.

Viejo y cansado, Lear (Simon Russell Beale) decide repartir el reino de Bretaña entre sus tres hijas, pero antes de firmar la cesión de las tierras les pide que le digan cuánto lo aman. Goneril (Kate Fleetwood) y Regan (Anna Maxwell Martin) se esfuerzan por adularlo al máximo, pero Cordelia (Olivia Vinall) se limita a decir que no hay palabras para describir lo que siente por su padre. En vez de sentirse halagado, el rey se indigna y le dice a la más pequeña de sus descendientes: “Pues entonces que tu franqueza sea tu dote”.
Lear divide sus propiedades en dos partes y exilia a Cordelia, quien se va con el rey de Francia. Goneril y Regan se transforman y de manera paulatina le quitan privilegios a su progenitor, hasta que él no acepta más humillaciones y decide vagar por el campo como un mendigo. En medio de la tempestad descubre las penurias que viven los pobres, y además llega a la conclusión de que “un hijo ingrato duele más que un colmillo de serpiente”.
El conde de Gloucester (Stephen Boxer) también sufre por la maldad e intrigas de su hijo bastardo, Edumund (Sam Troughton), al punto de perder los ojos por su culpa. Sin embargo, encuentra la redención al reencontrarse con Edgar (Tom Brooke), su vástago de sangre, un tipo lleno de ternura.
Lear se reconcilia con Cordelia en circunstancias muy adversas, la ve morir y ese dolor también le cuesta a la vida. Todo el periplo emocional del rey es representado con maestría por Simon Russell Beale, quien a los cincuentaidós años es capaz de convertirse en un viejo que en las escenas iniciales se comporta como un tirano y luego desciende por el tobogán de la desesperación.
Sam Mendes ―director de amplia trayectoria en el teatro inglés y en el cine, incluyendo la multipremiada Belleza americana (1999)― ubica la acción de Rey Lear en un contexto contemporáneo, con un bufón o Loco (Adrian Scarborough) de traje y sombrero, empeñado en decirle sus verdades al patrón: “Envejeciste antes de ser sabio”.
El trabajo de todo el elenco es de un nivel prodigioso, al punto de soportar con éxito la presencia arrasadora de Simon Russell Beale, a quien hemos visto en otras producciones del National Theatre como Mucho ruido y pocas nueces, London Assurance y Collaborators. En entrevistas, él ha dicho con preocupación que después de Lear no ve en el horizonte muchos papeles que puedan ser más atractivos.
La escenografía apenas si existe porque Sam Mendes no quiere distractores para un texto que nos advierte que, a final de cuentas, “los dioses son justos porque con nuestros vicios favoritos crean el azote que nos castiga”.
Michael Billington, crítico de The Guardian, afirma que ha visto tres versiones distintas de Rey Lear en los últimos siete meses ―“otro día, otro Lear”, bromea―, pero la de Mendes le parece excepcional porque “explora todos los rincones de la obra, combinando una escala cósmica con un sentido íntimo del detalle”.

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