jueves, 15 de mayo de 2014

Raphael: Escenógrafo de emociones

Foto: José Jorge Carreón / Colección Auditorio Nacional

15 y 22 de mayo, 2014 / Dos funciones / 2:55 hrs. de duración/ 
Promotor: OCESA Promotora, S.A. de C.V.

David Cortés
¿Cuántas maneras hay de ver a Raphael?, ¿cuántas de sentirlo? Esta noche más de nueve mil asistentes posan su mirada sobre ese hombre elegante, siempre vestido de negro, obsequioso con su público y que, no obstante su grandeza, sabe ser humilde y entregado.
Cada persona lo mira y siente de manera diferente, pero hoy todos coinciden en afirmar que el cantante hispano da una cátedra de canto, de interpretación. Es un histrión, un actor capaz de contar una historia en cada canción, de vivirla y transmitirla.

Al acometer “Cuando llora mi guitarra”, el también llamado Divo de Linares le habla al instrumento, lo increpa y exige que cuente la verdad y le devuelva a la amada, pero la respuesta es desgarradora: uno la escucha con nervio, con las emociones a flor de piel; el final es doloroso, un lamento que se instala como una llaga y deja una marca de por vida.

Si lo desea, él puede transportarnos en el tiempo, crear una escenografía sólo con su voz. Al llegar el turno de “Nostalgias”, uno siente al iniciar ese tango la apertura de un telón y entonces, tras de él, aparece un chiringuito madrileño de los bajos fondos, atestado de humo, con tipos de mala catadura y mujeres ajadas con los recuerdos a cuestas. Hay tensión, dramatismo y el aire prácticamente se puede cortar.
Sin duda, la madera de Raphael es resistente. Su voz es todavía fuerte, sus movimientos han dejado atrás la rebeldía sin control, pero no han perdido efectividad; además posee un timing del show perfecto. Habla poco, cuando agradece lo hace con sencillez, desaparece del escenario momentáneamente y arma un repertorio dinámico.
Musicalmente se permite licencias. Luego de años de convivir con ellas, le ha puesto nuevos trajes a algunas composiciones y lo mismo intercala un pasaje de “Day Tripper” de The Beatles en “Estuve enamorado de ti”, rapea un poco en “Escándalo”, inserta motivos jazzísticos en “Despertar al amor” y hasta bromea consigo mismo cuando, en “Sigo siendo aquél”, remata con un “yo sigo siendo aquel Raphael de siempre”.
Es un maestro de los finales. No hay tema que no se vea enmarcado por un gesto definitorio, concluyente. Hay momentos en los que actúa cual torero, termina la canción, da media vuelta con garbo, levanta ligeramente la mano para saludar a la audiencia, emprende una breve caminata y es como si portara en una mano un capote imaginario, mientras con la otra hunde la punta del estoque en la tierra. ¡Olé!
En cada tema somos testigos de una colección de emociones. Porque, además, esa gestualidad bien desarrollada a lo largo de los años también le sirve para dirigir a los músicos. En “Gracias a la vida”, apoyado sólo por la guitarra acústica, subraya los compases del puente instrumental con las manos, las agita sutilmente como si fuera un director de orquesta y es tal el movimiento de sus extremidades superiores, que nos hace pensar que el cantante ha abandonado el escenario para dejar en su lugar a un declamador.
Hay una fuerte descarga de adrenalina y ésta se transmite al público, que viaja a la misma intensidad propulsada por el cantante. Hay quienes le han seguido la pista durante muchos años, pero prácticamente todos coinciden en afirmar que se advierte fuerte, rotundo; se trata de un intérprete solazado en su madurez.
 
Foto: José Jorge Carreón / Colección Auditorio Nacional

Es también tiempo de levantar la cosecha, de recibir elogios, de presenciar, con los ojos a punto del llanto, la entrega de quienes le han sido fieles durante más de cuarenta años. ¿Qué se puede decir de un concierto casi perfecto? Que incluso en los contratiempos él es dominante. Es precisamente porque los ha habido y se han superado que su figura se magnifica. Hoy, Raphael, sin mucho alarde, sin aspavientos, se ha mostrado como un grande, un hombre que con su sola presencia puede llenar un escenario de la magnitud del Auditorio Nacional y ponerlo de pie.

La influencia de un grande
En 1973 Raphael lanzó el disco Le llaman Jesús con canciones de Chabuca Granda, Ricardo Ceratto, Mari Trini y Jacques Brel. Del último, nacido en Bruselas en 1929, tomó un par de canciones: “Uno más, otro más” (“Au suivant”) y “Si no muere el amor” ("Quand on n’a que l’amour"). Pero además adquirió rasgos, gestos y actitudes de quien fue uno de los mayores exponentes de la chanson francesa.
Brel tuvo una existencia azarosa y sus experiencias las transmitía al momento de cantar. Además de elegancia, se distanciaba del micrófono y remarcaba algunas vocales para enfatizar sus interpretaciones; lograba con ello un tono muy dramático que por ese entonces era inusual. “Quand on n’a que l’amour” fue el primero de sus éxitos, una composición que hizo cuando ya había emigrado a París. Su último concierto fue en 1966 y nunca más volvió a los escenarios. Sin embargo, en un vecino país, un joven con ganas de convertirse en estrella recogió su legado para andar sus primeros pasos. Luego emprendería su propia ruta (D.C.).

Programa
Intro - Yo soy aquél / Si ha de ser así / La noche / Mi gran noche / Provocación / Se fue / Ahora / Los amantes / Despertar al amor / Digan lo que digan / Detenedla ya / Será mejor / Hoy mejor que mañana / La canción del trabajo / Yo sigo siendo aquél / Cuatro estrellas / Eso que llaman amor / Gracias a la vida / Cuando llora mi  guitarra/ Un día más / Hablemos del amor / Amor mío / Estuve enamorado / Cuando tú no estás / Desde aquel día / Se me va / No puedo arrancarte de mí / Maravilloso corazón / Volveré a nacer / Adoro / En esta tarde gris / Nostalgias / Dile que vuelva / En carne viva / Escándalo / Y fuimos dos / Qué sabe nadie / Ámame / Frente al espejo / Balada triste de trompeta / Yo soy aquél / Como yo te amo.





6 comentarios:

m2b3bueno dijo...

Fascinante de principio a fin esta crónica tan bien hecha y que describe al Raphael actual totalmente, que ha impactado por tantos años a todo MEXICO.

Gracias por habernos hecho estar junto a él en el Auditorio, aunque este lejos.

Martha Bueno
Monterrey-México

Celeste Estrella dijo...

Muy buena crónica. RAPHAEL ES ESPECTACULAR!!

MANUELA dijo...

GRACIAS por tan magnífica crónica. RAPHAEL es todo eso y mucho mucho más. En un concierto de RAPHAEL se viven tantas emociones y tan intensas todas, que prácticamente es inenarrable. ES UN GENIO!!

Doris de Anda dijo...

Fantástico artículo!!! describe a la perfección los sentimientos y las percepciones de quienes estuvimos ahí, pero no sabemos expresarlo con tan bellas palabras. Muchas Gracias

CARMI DE MORELIA dijo...

Completamente bien escrito,, Raphael es el mejor artista del mundo, siempre engalana con su gran categoría a todo recinto que lo tiene en su cartelera,,,La personalidad tan inmensa de Raphael es un imán, siempre queremos verlo, siempre. Lo queremos y siempre deseamos poder corresponder al arte de Raphael que nos hace felices, Los premios, los trofeos son una muestra de cariño, respeto y admiración a Raphael. Muchas gracias por traer y presentar a Raphael que para muchos de sus fans es nuestro Niño Consentido. MAGISTRAL ARTISTA.
Muchas gracias por este escrito que con el cual comulgo y con el cual confirmo lo que siempre he dicho,,,RAPHAEL ES EL MEJOR ARTISTA DEL MUNDO,,,Y QUE VIVA RAPHAEL, SI SEÑOR !!!
Gracias al Señor David Cortes por su hermoso escrito, gracias al Autidorio , hermoso recinto,,,y gracias a Ocesa, muchas, muchas gracias.
Carmi de Morelia

desde Morelia , Michoacán, México

Georgina Valdivia Salazar dijo...

asistir a un concierto de Raphael es fascinante, estas desde antes con los nervios, te vas preparando para una buena sarandeada de emociones, te ries, lloras, cantas, bailas, gritas, sales feliz, con ganas de volver, de sentir esa adrenalina que corre por tu cuerpo, gracias a todos, y gracias Raphael por ser como eres, un abrazo desde Aguascaienes Mèxico
4

Related Posts Plugin for WordPress, Blogger...
Se ha producido un error en este gadget.