sábado, 10 de mayo de 2014

La Cenicienta: Surrealismo bufo

Foto: The Metropolitan Opera

Transmisión de ópera en vivo desde el Met de Nueva York. HD / 10 de mayo, 2014 / 
Función única / 3:30 hrs. de duración / Promotor: FUAAN Financiera S.N.C.

Fernando Figueroa
En el segundo acto, Juan Diego Flórez ejecuta “Si, ritrovarla io giuro”, el aria en la que Ramiro asegura que no cejará en su empeño por conquistar a Angelina, La Cenicienta de Gioachino Rossini. El público del Met lo ovaciona de manera estruendosa, como exigiendo un encore que no se produce.

Sucede que el tenor peruano sí repitió ese fragmento en la función del 2 de mayo pasado, al igual que el mexicano Javier Camarena el 25 de abril, y la gente quisiera ser parte de una función histórica, pues no es común que eso acontezca en el Lincoln Center.

En beneficio de la trama es mejor que el río fluya sin remolinos, pues aunque se trata de una fantasía, cualquier historia necesita de un mínimo de credibilidad. Joyce DiDonato como Cenicienta ya nos convenció que es la empleada doméstica de una familia venida a menos y que tiene dos hermanastras feas e intrigosas (Clorinda y Tisbe); también ya aceptamos que Flórez es un príncipe disfrazado de valet en busca de una buena esposa; y que en vez de madrastra hay un cruel padrastro de nombre Don Magnífico.
No hay zapatilla como en el cuento de Charles Perrault sino un brazalete inventado por el libretista Jacopo Ferretti. Y en vez de hada madrina existe un tutor que transforma a Cenicienta en el mejor partido para el príncipe. En realidad, un bis a estas alturas podría ser fatal, y tampoco se trata de abaratarlos.
Una vez librado el conato de encore, Don Magnífico piensa erróneamente que Dandini no es el valet sino el príncipe, así que negocia con él la entrega de algunas de sus horribles hijas. Al final, Ramiro y Angelina se casan, y como ella tiene un gran corazón, le pide a su marido que perdone el mal comportamiento de su padrastro y hermanastras.
La Temporada de Ópera 2008-2009 desde el Met de Nueva York concluyó con una representación de La Cenicienta, con Elīna Garanča en el papel principal y Lawrence Brownlee como Ramiro. Hoy finaliza la Temporada 2013-2014 con la misma producción de Césare Lievi, pero con una dupla aún más poderosa, DiDonato-Flórez, encumbrada en la cima del subgénero operístico denominado bel canto.
En la tradicional charla previa, celebrada en el Lunario del Auditorio Nacional, el maestro Sergio Vela planteó los requisitos de una buena interpretación belcantista: dicción pulcra, timbre templado, vibrato imperceptible y legato ágil y ligero. La coloratura llevada a su máxima expresión es una proeza técnica reservada para muy pocos tenores y mezzosopranos.
DiDonato no sólo posee una voz extraordinaria sino que además tiene una simpatía arrolladora, ingredientes fundamentales para el papel de Angelina. Algo similar sucede con Alessandro Corbelli, quien casi ha hecho una marca registrada del personaje Don Magnífico, y lo mismo va para Rachelle Durkin y Patricia Risley, quienes se ponen la divertida de su vida como hermanastras; en las entrevistas del intermedio dicen que en cada función inventan nuevos movimientos chuscos. 
Entrevistado por Deborah Voigt, Fabio Luisi señala que ésta es la primera vez que dirige un ópera de bel canto en el Met, y también es su debut al frente de una orquesta con La Cenicienta. Esta obra le parece “tan divertida como exigente para músicos y cantantes”. Pietro Spagnoli (Dandini) bromea al decir que, dada la velocidad a la que deben cantar, por momentos le parece un rap rossiniano.
Voigt describe esta ópera como “perversamente desafiante”, en un escenario “surrealista”. Cuando Don Magnífico le cuenta a sus hijas que tuvo un sueño en el que él era un burro con alas, es posible ver a un asno que vuela para dejar abajo a la chusma, representando así su deseo inconsciente de ser rico.
El final se lleva a cabo alrededor de un gigantesco pastel de boda, en cuya parte más alta están los novios como muñequitos de plástico. Los coristas son convidados de piedra y los personajes secundarios disfrutan de un cándido final feliz.

Los recovecos de Rossini
El maestro Sergio Vela equipara a Gioachino Rossini (1792-1868) con Mozart, por la facilidad con la que componía sus obras, y pone como muestra El barbero de Sevilla, que fue escrita en sólo dieciocho días. Otra similitud tiene que ver con la fulgurante carrera del italiano, quien a los dieciocho años crea su primera ópera y suma en total treintainueve, dos por año en promedio. A la mitad de su vida se desinteresa por el género y lo abandona para siempre.
Apodado El señor crescendo por el reiterado uso de ese patrón melódico, Rossini fue un consumado chef que se debatía entre el hedonismo y la depresión (posiblemente generada por la muerte de su madre). Aunque fue autor de varias de las más grandes óperas bufas de la historia, como es el caso de La Cenicienta y El Conde Ory (ambas interpretadas en el Met por Flórez y DiDonato), en sus obras hay destellos de melancolía, neurosis y delirio.
Alberto Zedda, especialista en Rossini, dijo en 2001 al suplemento español El Cultural: “En sus cartas él transmite un humor amargo, como si continuamente estuviera riéndose de sí mismo. Es sorprendente que, en su época, se hablaba muy bien de él, pero pocos apreciaban el justo valor de su talento”.
Rossini fue un personaje singular desde el día en que nació, un 29 de febrero en Pesaro, Italia, y murió un viernes 13, en París, a los setentaiséis años. (F.F.)
Related Posts Plugin for WordPress, Blogger...
Se ha producido un error en este gadget.