jueves, 29 de mayo de 2014

Enrique Iglesias: Los ritmos de la seducción

Foto: Fernando Aceves / Colección Auditorio Nacional

Sex + Love World Tour / 29 y 30 de mayo, 2014 / Dos funciones / 
2:15 hrs. de duración / Promotor: OCESA Promotora, S.A. de C.V.

David Cortés
Esta noche, el Auditorio Nacional ofrece una configuración diferente. Un pasillo sale del escenario y se interna en medio de las butacas. Las asistentes se muestran impacientes, saben que tendrán la oportunidad de ver a su ídolo muy de cerca. Minutos después, un eufórico Enrique Iglesias recorre esa pasarela abrazado de Descemer Bueno, cantante cubano a quien correspondió abrir el concierto.
El ibérico aprovecha una pausa en la gritería y le dice a su “amigo, casi hermano”: “Vas a viajar con tu música por todo el mundo, pero escucha bien estas palabras. No hay en ninguna parte fans como los de México”. Luego de eso la banda acomete con vigor las notas de “Bailamos” y prosigue la fiesta. Sí, porque si algo tiene en mente Iglesias cuando se para en un escenario es entregarse sin cortapisas para retribuir un poco de lo mucho que ha recibido de quienes lo han elevado a los primeros sitios de popularidad.
“En un concierto —dijo en una ocasión— me gusta poder dar al público una canción romántica, otra con la que pueda ‘perrear’, otra que pueda cantar saltando como un loco… Me gusta poder ofrecer un espectáculo con todos esos estilos musicales”. Y esta noche sigue su credo al pie de la letra. 
Detrás de él hay un grupo versátil y potente. Lo mismo suenan por momentos a hard rock, que luego atacan un tema en donde las infusiones de ritmos latinos se desbordan. Hay, sí, ciertas pausas para el romanticismo, pero son las menos. Y muchos saltos del anfitrión, en número suficiente para mostrar que además de un cuerpo trabajado en el gimnasio, también hay condición física.
En 1994, cuando él apostó por el mundo de la canción, jamás pensó que años después, ya con un Grammy Latino por el Mejor Álbum en 2003 (7), sería tan bien recibido. Lejos están esos días en los cuales batalló para convertirse en cantante y que lo llevaron a confrontarse con su padre, al grado de afirmar: “Puedo decir con plena seguridad que si a los diez años hubiera dicho a mi familia que quería ser cantante, hoy por hoy no estaría aquí”.
Sus admiradores saben de tales esfuerzos y por eso lo premian con manifestaciones de cariño que él, generoso, retribuye con pasión. No escatima energía, de pronto se acerca demasiado al filo del proscenio e intenta que sean ellas, sus devotas, quienes lo sostengan. Luego de un gigantesco brinco, se dirige a las percusiones y las golpea con furia, mientras su corista aprovecha para lucirse con la voz.
Enrique Iglesias sabe de las habilidades de los músicos que lo acompañan y no duda en cederles espacios, aunque será la guitarra el instrumento predominante. A mitad de la noche, la mayoría de ellos lo rodea y se adentran en un set semiacústico; las composiciones ganan intimidad, presentan otra respiración, se escuchan pausadas, pero no menos energéticas. Hay destellos de hip hop, pizcas apenas advertibles de reggaetón, algo de glam rock ochentero.
De pronto, cuando las luces se apagan momentáneamente y el sonido gana volumen, sorpresivamente el cantante aparece cerca del primer piso, en un pequeño templete. Luego de un par de composiciones, regresa nuevamente al escenario y una lluvia de papel picado presagia el fin. Sin embargo, la energía del vocalista parece inagotable; en medio de una pared de humo reaparece para, ahora sí, cerrar la noche.
Pero esta es una vorágine de estímulos para los sentidos. A una lluvia de luces se unen enormes pelotas con las que la gente juguetea y él mismo, atrapado por la fiebre mundialista, las golpea como si disparara a una red imaginaria. Todo ello sin dejar de cantar ni abandonar las permanentes miradas de seducción. Seguro de su carisma, toma el teléfono de una chica y se toma una selfie para luego devolverlo.
 
Foto: Fernando Aceves / Colección Auditorio Nacional
La emoción es total, la salida está llena de rostros satisfechos, aunque una joven, en medio del tumulto, aprisiona con devoción un celular que sin duda encontrará un lugar muy especial en su casa, el mismo lugar que Enrique Iglesias se ha encargado de forjar en los corazones de quienes hoy han venido a comprobar la magia de su espectáculo.

Pionero del crossover
En 1999, Enrique Iglesias lanzó su cuarto disco (Enrique), y una de las novedades fue el estar cantado en inglés. Desde entonces, el intérprete y compositor se ha caracterizado por cortejar el mercado en su propio idioma y el anglosajón, tendencia que años después seguirían figuras como Jennifer López y Shakira, entre otros.
Iglesias, además, ha seleccionado para sus discos a estrellas que resultan atractivas para ambos mercados. Así, por sus álbumes han desfilado intérpretes de distintas nacionalidades como Alsou (Rusia), Nadiya (Francia) o los brasileños de Sandy & Junior. Ha hecho duetos con Lionel Ritchie, Kelis, Pitbull, Whitney Houston, Kylie Minogue, Lil Wayne, Juan Luis Guerra, Wisin y Yandel, y Jennifer López, entre otros.
Famosa es también su participación en el tema “We Are the World” (2010), junto a Celine Dion, Janet Jackson, Fergie, Jamie Foxx, Justin Bieber y Kanye West (D.C.).

Programa
Tonight / I Like How It Feels / No me digas que no / Bailamos / Cuando me enamoro / El perdedor / Por amarte / Loco / Lloro por ti / Be With You / I’m a Freak / Escape / Bailando / Nunca te olvidaré / Héroe / I Like It / Experiencia religiosa - ¿Dónde están corazón? - Si tú te vas.






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