lunes, 7 de abril de 2014

War Horse: Galopar hacia el horror

Foto: National Theatre

National Theatre de Londres presenta: NT Live. Proyección digital con subtítulos en español / 7, 8, 14 y 15 de abril / Cuatro funciones / 
2:35 hrs. de duración / Promotor: FUAAN Financiera S.N.C. – Embajada Británica en México

Fernando Figueroa
En el ambiente teatral del siglo pasado solía decirse que para hacer una buena sopa de pato se necesita un pato, es decir, un buen texto. War Horse no es la excepción, pero el montaje de Marianne Elliott y Tom Morris ―incluido el brillante trabajo de la Handspring Puppet Company― hace posible que el público deguste un sublime platillo en el que se potencian las virtudes de la materia prima original.

En este caso no se trata de un pato ―aunque sí hay por ahí un simpático ganso―, sino de caballos en general y de uno en particular llamado Joey. Esta historia fue concebida por el británico Michael Morpurgo, quien en la novela War Horse (1982) narra las peripecias de un equino durante la Primera Guerra Mundial, utilizando el punto de vista del animal.

Esa singularidad narrativa no se traslada a la versión escénica de Nick Stafford, pero se conserva el poderoso mensaje acerca del trato que se da a los animales en situaciones límite y, por supuesto, el grito antibelicista del autor. Joey es un potrillo, producto de la relación entre un pura sangre y una yegua de tiro, que es comprado en una subasta. Cae en las amorosas manos del joven Albert, quien lo transforma en un ejemplar adulto tan atractivo que es adquirido por la caballería inglesa.
Albert aún no es mayor de edad, pero se las ingenia para alistarse en el ejército e ir en busca de Joey. Resulta muy dramático el contraste entre las escenas bucólicas de la campiña inglesa y las que se desarrollan más tarde en los campos de batalla en Francia (aspecto remarcado por las canciones folclóricas de Adrian Sutton). El horror se plasma en los combates cuerpo a cuerpo y en las imágenes ―dibujos en blanco y negro de Rae Smith― que aparecen sobre una pantalla suspendida en lo alto del escenario londinense.
El drama se profundiza por lo desigual de la lucha, pues en un bando hay jinetes con espadas o rifles y, en el otro, metralletas y tanques que arrasan con todo a su paso. En ese contexto, resulta conmovedor el uso de caballos articulados ―fabricados con madera, carrizo y tela― que casi cobran vida en escena porque su manufactura es extraordinaria, lo mismo que la manipulación (tres personas por cada ejemplar).
Cuenta la leyenda que, al finalizar la escultura de Moisés, Miguel Ángel la golpeó y le dijo: “¡Habla!” Toda proporción guardada, en el caso de War Horse los creadores sudafricanos de estas marionetas podrían gritarles: “¡Relinchen!”, y aquí sí sería posible una respuesta porque eso mismo hacen en escena, además de caminar, trotar, galopar y, en ocasiones, caer abatidos por el fuego cruzado.
Michael Billington, crítico de The Guardian, afirma que el trabajo de los actores se ve eclipsado por la acción. Es verdad, y por eso los galardones no han recaído en ellos; en 2008 War Horse obtuvo una nominación al Premio Lawrence Olivier (Adaptación), y en 2011 ganó cinco premios Tony por el montaje en Broadway (Mejor obra, Dirección, Diseño escenográfico, Iluminación y Sonido), además de otro especial para la Handspring Puppet Company.
La producción del National Theatre se estrenó en Londres en 2007. Desde entonces, la obra ha sido vista en vivo por cinco millones de personas no sólo en Reino Unido sino también en Estados Unidos, Alemania, Irlanda, Australia y Canadá. Un suceso imperdible.

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